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jueves, 8 de septiembre de 2011

Agradecimiento

"¡Gracias a Dios es... Viernes!"

La señora detuvo el paso cansino por el boulevard Bilbao y le pareció un agradecimiento interesante. A una cuadra de la iglesia donde castigan pollos a lo pavote en pos de la beneficencia, un aviso como ésos podría salir tranquilamente de alguna de las mentes iluminadas de la cooperadora eclesiástica. Por eso, siguió leyendo:

"Vinicius. Show de strippers".

Se dio vuelta con lentitud, movió la cabeza para sacudirse la desilusión, y siguió su camino. La fe siempre tiene que andar vestida.

lunes, 20 de junio de 2011

Culazo

Y sí.
Habemus choque.
De la manera más destructiva para mi autoestima: en marcha atrás, golpeando a una camioneta es-ta-cio-na-da. Me fui en el anonimato más vil, luego de ver que no había ni movido la ceniza volcánica del vehículo víctima. Resultado: un faro trasero roto, chapa abollada y baúl imposible de abrir, que guarda aún una campera mojada del sábado por la tarde, cuando llegué empapada al auto, guardé el abrigo y las zapatillas ensopadas en el baúl y manejé descalza hasta casa.
La campera se pudre en la oscuridad, el auto tiene un bollo que me deprime, y el dinero que iba a destinarse a la cómoda calefacción será enviado directamente al chapista.
Un fin de semana de maravilla.

viernes, 1 de abril de 2011

Tutú

Un nuevo integrante del inventario hogareño ha hecho que me sume a una nueva aventura: un auto en la puerta. Ergo, hay que aprender a manejar cuanto antes, y sacar el registro. ¿Eso implica que se terminan las crónicas de colectivos? De ninguna manera; en principio, porque ni en sueños pretendo acceder al insoportable centro porteño en 4 ruedas —sería agravar la situación irrisoria de 1 persona por cada coche que ocupa mucho lugar en la vía pública. Segundo, porque tardaría mucho tiempo en reducir los inmensos riesgos que ocasiona mi sola presencia frente a un volante que no sea de papel y publicite clases de yoga. No obstante, en mi excursión antropológica por los cursos de manejo, por los comentarios surgidos de la noticia de "tenemos auto", y por las intentonas de conducción automotor por el barrio —con conductores con registro, no quiero multas a través del blog—, pude obtener las siguientes 7 verdades sobre el mundo de los conductores aprendices de autos en la ciudad: 1. El lugar de estacionamiento en la cuadra es sagrado: lo comprobamos cuando, a las 3am, puse en marcha el auto sólo para ver cómo se escuchaba —otra cosa no podía hacer— y de una casa desconocida salió una mujer en piyama para preguntar si nos íbamos, pues así ella podía estacionar su auto ahí mismo. 2. Los tiempos se hacen chicle: aprender, sacar turno para obtener el registro, completar la secuencia de trámites y realizar tu deseado viaje a ¿Brandsen? llevará muchos más meses de lo que pensabas: por lo menos, 9. Un parto. 3. La mayoría de las personas con las que hables aprendieron mediante un curso de manejo: es decir, la opción artesanal de "te enseña un amigo o familiar que sabe" está cada vez más en desuso. 4. La mayoría de las personas que aprendieron mediante un curso de manejo fueron a la prueba sponsoreados y, por eso, aseguran que nadie se fijó demasiado en su performance de examen: ergo, pareciera que la fórmula mágica está en los autos ploteados que dicen "autoacademia". 5. La mayoría de las personas que no aprendieron mediante un curso de manejo te ofrecen la gestión de un "conocido" que, por una módica suma, te otorga un registro sin que vea si conducís un sulky, un karting o el auto de los Picapiedras: ergo, esas personas también tuvieron su fórmula mágica para pasar un examen sin estresarse. Lo que les admiro es la capacidad para salir a la calle sin ese mínimo testeo previo de no-suicidio. 6. Si sumamos los grupos de los puntos 3, 4 y 5, y ese resultado se resta del universo de personas que van a dar una prueba de manejo, lo que queda es la soledad misma: ser la única kamikaze que va con un auto sin publicidad, estudiando desde la casa, y sin un curso comercial de manejo previo. 7. Si tu mundo es la soledad misma, y estás empezando a manejar, mirá por el espejo retrovisor y apartate: lo más seguro es que detrás esté yo, sin curso, sin publicidad en el auto, con amigos y familiares heroicos pidiéndome que preste atención a la maldita loma de burro, distraída/angustiada y con el cambio todavía en primera, todavía preguntándome dónde están los frenos.

sábado, 9 de octubre de 2010

Deseo

Como cada dos meses, la parroquia que está a la vuelta de mi casa realiza una actividad benéfica para recolectar dinero (cuándo no). Ritual de beneficencia que consiste, paradójicamente, en vender pollos asados: una práctica para ayudar a ciertos seres vivos que implica la extinción de otros. La opción de las tortas, de las bufandas, de las pavadas con arcilla o de los horrorosos regalos escolares del día de la familia quedaron a un lado para los cerebros parroquiales, que creyeron más atractivo gestionar una matanza de animales para colaborar con otros animales, lo que podría considerarse una intervención selectiva de la cadena alimentaria.
Es así que, cada vez que veo el pasacalle de anuncio de feria de pollos (encima, un pasacalle) elevo la misma plegaria:
"Por favor, que un día lleguen pollos gigantes que defequen y pisen, en forma alternada, esa iglesia".
"Por favor, que un día lleguen pollos gigantes que defequen y pisen, en forma alternada, esa iglesia".
"Por favor, que un día lleguen pollos gigantes que defequen y pisen, en forma alternada, esa iglesia".
Estamos en octubre, y la próxima kermesse antiecológica llegará en diciembre: ¿Navidad me traerá lo que espero? Juro que sería la primera vez que esa fiesta me caería un poco, sólo un poco simpática.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sucesión

Como los hermanos menores siempre vienen a reparar los bodrios de los mayores,

Ella ya tiene blog.
Visiten y vean lo que es bueno.

domingo, 29 de agosto de 2010

Pregón

Llegó el blog de una amiga de las buenas, que hace un blog de los buenos, así que dejen de mirar por 15° vez Abigail y clickeen acá: http://japukambae.blogspot.com

viernes, 18 de junio de 2010

Contrapeso

Balance/Inventario visual de viernes a mediodía:

* Algo lindo de ver: un perro con remera, que siempre me ha parecido lo más simpático del mundo.
* Algo feo de ver: una boca muy pintada, con brillo, comiendo twistos. No tolero las miguitas y la apariencia pastosa y, a la vez, no puedo dejar de mirar a la fagocitadora con cara de asco.

domingo, 2 de mayo de 2010

Feriantes

Fui a la Feria del Libro.
Mi concubinovio era uno de los firmantes invitados del día. Eso, muy lindo.

Pero el balance de todo lo demás:
* Libros muy, pero muy caros.
* Mucha, pero mucha gente.
* Ningún, pero ningún mapa o indicación para encontrar stands.
* Nada, pero nada de Brancamenta para degustar.

Pensaba buscar EL libro que me revelara los vericuetos de mis temas de trabajo, LA novela que me dejara impávida frente a las páginas, sin poder hacer otra cosa, pero, al final, me llevé Aventuras íntimas de Belle de Jour - Diario de una prostituta. La Feria me suele funcionar para esas cosas.

domingo, 4 de abril de 2010

Rebrote

Y justo cuando mi amiga (M) me comenta que, por ahí, el perro me mordió sorpresivamente porque percibió que un espíritu extraño me acompañaba —y no se refería a mi ánimo—, el cantero de la vereda de casa es el escenario de un extraño mensaje.
Hace varios meses, decidí plantar un aloe vera en la puerta de casa, considerando que era una planta aguantadora y sin demasiado valor comercial como para que cualquiera nutra su kiosco de oportunidades arrancándola. Creció contra viento y lluvia, contra los pis de perro y contra los culopesado que arrojaban su bolsa de basura desde el umbral y, oh casualidad, siempre encestaban en el medio de sus hojas. Un día, se hizo fuerte y tuvo un hijo: un pequeño brote de aloe que apareció a su lado. Otro día, algún bienaventurado desconocido decidió que estas plantas crecerían mejor en sus macetas y se las llevó. Debo decir que la extracción fue prolija y hasta nivelaron la tierra.
Hoy, apareció el brote-hijo en el mismo lugar donde estaba antes del hurto. Un poco más grande, pero rozagante, firme, y como diciendo "Vilma, ya llegué". ¿Cargo de conciencia? ¿Un caso de aloe zombi (que opine el experto)? ¿El aloe aprendió el camino a casa y se escapó de su lugar de captura? Un verdadero misterio, que no tardará en ser objeto de un nuevo robo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Ysí

Ahora que todos los invitados han terminado el libro de la Coca Sarli, la enciclopedia de suicidas y los diarios del día que a veces reposan ahí, suelo tomar una de las Playboy que compra mi concubinovio y llevarlas al baño porque me parecen una buena lectura al paso para ese ambiente. Sé que muchos varones coincidirían conmigo, pero es claro que mis razones son bien distintas.

miércoles, 10 de marzo de 2010

AntiHogar

La cocina no funciona.
El lavarropas se rompió en forma definitiva.
El calefón tarda en calentar el agua.
La ficha de entrada del DVD no engancha bien la parte de video.
Una de las llaves de luz del patio ofrece electropatadas.

Es obvio. La casa nos abandonó.

jueves, 18 de febrero de 2010

Bolufla

Hoy, por fin, tuve lentes de contacto en mis ojos. Cuesta ponérselas, cuesta sacárselas, pero más cuesta darse cuenta de que este elemento terapéutico me da más posibilidades todavía de quedar como una idiota. Testimonio de la vida real:

La contactóloga me enseña a sacarme las lentes que ella me puso con fórceps y, después, me indica cómo autocolocármelas sin quedar tuerta. Al final, el celofán óptico se adhiere a mi retina y me levanto del sillón. Ella, mientras tanto, me prepara el clásico estuche de doble círculo para guardarlas cuando me las saque, en 4 hs. aprox. Diálogo:
—Aquí te traigo solución salina, para que dejes a las lentes en este agua, dentro del estuche. Acordate de poner el derecho en el derecho y el izquierdo en el izquierdo. Ya te llené los compartimientos con la solución, ¿ves?
—Uy, ¡que finitas son! ¿Las lentes están ahí dentro?
—No, las tenés puestas.

Chan, chan.

domingo, 31 de enero de 2010

Spa-ntosa

Si alguien tiene una receta para que el micro de larga distancia no me devaste por completo, que avise.
Quiero pensar que no soy la única, pero la verdad es que los demás parecen bastante enteros. En mi caso, es increíble el modo en que un par de horas a bordo de ese vehículo me va deteriorando por completo: me lleno de migas, me vuelco ese café horroroso, se me arruga la ropa, me despeino y el pelo queda electrizado hasta 8 horas después del descenso.
Como si todo eso fuera poco, el baño inhóspito de los micros se convierte en la antesala del infierno de la belleza: la luz, combinada con ese espejo enorme, me pone al descubierto las cejas mal depiladas, los granitos que en el tualé de casa no se ven, las ojeras, la piel levemente gris por no sé qué cosa, la cabellera imposible, el hecho de que insólitamente estoy vestida como una mendiga de la Edad Media y una sonrisa amarilla como el sol.
Siempre deseo que nadie venga a buscarme a la terminal y me vea en ese estado. Hay algo en ese trayecto que lentamente me va destruyendo y no llego a saber qué diablos es.

jueves, 14 de enero de 2010

Amores

Durante todo un invierno, esquivé con estoicismo la bicicleta del delivery que era propiedad del novio de mi vecina. Ella es una post-adolescente de unos 18 años, cuyos rasgos generales se resumen en una frase consensuada por mi concubinovio, el hombre de la casa —ergo, no estoy hablando desde la envidia—: "es la que estuvo bien hasta esta edad pero no va a durar hasta los 20 y pico. Es más: ya no está durando". El "durar" puede asociarse con, por ejemplo, ponerse una calza blanca, algo desconocido por mis piernas/glúteos y calculo que por los de muchas otras mujeres también.
Regreso al relato: mi vecina tuvo un novio repartidor durante poco más de un invierno y, como no le estaba permitido zaguanear en su casa, lo hacía en el pasillo del ph. Entonces, yo salía a sacar la basura y allí estaban ellos, en la oscuridad. Ella miraba con cara de circunstancia y él me saludaba como si fuera la suegra. Un día, esos tiempos se terminaron y, una noche de murga, él nos encontró (a Luciano y a mí) y nos saludó con ese dejo de "te conocí en un lugar al que no voy más".
Así pasaron los meses, sin amigas a la vista y ella descendiendo de coches anónimos cargados de 2 ó 3 muchachones. Hasta que se quedó con uno, o uno se quedó con ella. Ese mismo —bermudas grandes, gorrita, tintura rubia— es el que ocupa de nuevo un cuarto del pasillo en la oscuridad, noche por medio de este verano. Hace un ratito (00.10 am) llegué a casa, vi la puerta entreabierta y me asusté. Me asomé con cautela, pero falsa alarma: era ella, que estaba con los bordes del corpiño sobresaliendo mucho de la musculosa, frente a él en diagonal con los hombros sobre la pared —cual tabla de lavar donde la ropa se frota—, y dos vasos en el piso. Yo no pude más que decirle "ay, chicos, sigan con lo suyo, ya parezco una vieja interrumpidora".
Hoy me incomodé tanto, que tuve que ensayar una mala broma dentro de frases de circunstancia. Pero la próxima me guardo una promoción de descuento de moteles, de las que te dan en la calle, y se las doy. Todo sea para que no me hagan sentir mal.

sábado, 3 de octubre de 2009

Reencuentro

Lanús todavía conserva algunos defectos de tradicionalismo. Uno de éstos es el de congregar a muchos viejos conocidos, de trato cotidiano o simplemente de vista, en la iglesia más cercana a la estación. En ese espacio, confluimos todos los lanusenses una vez cada tanto (en mi caso, cada mucho), y vemos, con un morbo totalmente justificado —pues algo hay que hacer en el establecimiento eclesiástico— cómo el paso del tiempo nos cascotea sin prisa y sin pausa.

Antes de continuar, sí, hoy estuve en una iglesia pero fue por una causa de intenso bien: la comunión de mi primahijada. Continuemos.

  • Experimentar que las mujeres de acción católica desafinan igual que siempre,
  • que nadie revolea la maldita canasta del diezmo por los aires al grito de "¿me van a decir que no tienen plata, ahora?",
  • que está la ex amiga del secundario, psicótica y negadora, que va a comulgar como si su vida estuviera dedicada a la armonía y al amor,
  • que volvió el cura semisoporífero de cuando yo iba a la escuela,
  • que en las intenciones involucran una oración por Benedicto XVI, el papanazi que no termina de crepar,
  • que la pareja de freaks con la que iba a gimnasia tienen dos hijas iguales a él, que parece un asesino serial con neuronas desmaterializadas,
  • que hay que darse la paz y besarse con la vieja de adelante,

me deja un regusto satanista con el que está muy bien vivir el sábado por la noche. Además, me duermo, segura y totalmente equivocada, de que parezco lo suficientemente jovial y superada como para que los que todavía me ubican digan "mirá Laura, no está tan destruida". Pero el despedazamiento chismoso, post-ceremonia religiosa, es algo de lo que nunca se está a salvo. 25 años en Lanús y una activa participación mía en ese sentido deberían hacérmelo entender de una vez.

jueves, 27 de agosto de 2009

Cuidados

—Bueno, ¡pero mañana traeme el calzoncillo!

Con esta indicación un tanto íntima, el linyera apostado en la cuadra de San Pedro advertía a la señora que, día tras día, se le acercaba y le acomodaba los bártulos tirados en la vereda. El muchacho, solo y un tanto loco, se la pasaba durmiendo o acostado. Cuando estaba despierto, hablaba a los gritos o te pedía fuego para algunos cigarrillos que guardaba entre las frazadas.
Si había lluvia, se cruzaba a la vereda protegida por el balcón. Si había un lindo sol de invierno, preparaba su tienda de campaña justo donde mejor pegaba. Pasó los peores días del invierno, mientras yo me preguntaba si su extraña vida peligraría alguna de estas noches, por efecto del frío y de las heladas. Pero esquivó la gripe porcina, la otra también y las neumonías/pulmonías que lo mirarían muy de cerca.
Hace algunas semanas, esa mujer comenzó a acercársele, a hablarle y lo veía cómo se sacaba la remera para dársela mientras ella le daba otra limpia. Ese día en que lo escuché gritar, estaba en remera y ropa interior sentado en el piso. Mi conclusión fue que los hijos de la señora habían crecido y se habían eyectado de la casa. En consecuencia, ella decidió criar al linyera, aunque los quehaceres con los calzoncillos me parecieron un tanto excesivos.
Ahora, que los días son más lindos y lo peor, térmicamente hablando, ya pasó, el linyera no está más. Durante un día quedó su almohadón ennegrecido y su pedazo de goma espuma a modo de colchón. Al día siguiente, también habían desaparecido.
Aunque el marco de lo verosímil me enfrenta con otras opciones, sólo espero que haya nacido una linda historia de amor.

miércoles, 24 de junio de 2009

Embajadora

Cuando querés conectarte con lo más terrenal del mundo, suelen suceder las conexiones cósmicas que te llevan para otro lado. Algo así como esperar el 180 (x155) durante 3 horas y media y, luego de evaluar que tal vez no venga jamás, tomarse un colectivo para el lado opuesto y enganchar el tren con destino a una estación por la que pase otro ómnibus adecuado para el destino elegido.
Algo así me pasó cuando sintonicé mi programa favorito de Crónica, el que conduce Anabela Ascar, y la entrevistada era Susana Romero (ex chica Olmedo y actual cultora del new-age cristiano, con página web y todo). En pocos e invalorables minutos, aprendí muchas cosas, a saber:

"En el tercer mensaje que recibí de Jesús*, me dijo que un cuarto de la población iba a desaparecer del planeta. La gripe porcina y las tragedias como la del Airbus me están dando la razón".

"Si la gente leyera y se informase, se enteraría de que tenemos que prepararnos para una mudanza cósmica**. Si bien muchos afirman que tendremos que trasladarnos en serio a otro planeta, yo, por lo menos, creo que tendríamos que hacer una mudanza álmica".

"Hay otros mensajes que me llegaron, pero no puedo decirlos".

Si van a la web, el hit es la experiencia sobrenatural con el cantante meloso Jesús A. Romero, pero no hay mucho más para entretenerse. Iba a escribirle para preguntar si en el próximo planeta que habitaremos hay panaderías, pero decidí que quiero sorprenderme cuando ya sea demasiado tarde.

* Es decir, tuvo otros dos mensajes previos y ninguno le avisó de la importancia de la medicación psiquiátrica a tiempo.
** Justo ahora que instalé la salamandra.

miércoles, 8 de abril de 2009

Marroquinería

Sin pensar en el peso justo y correcto, en la ropa nueva y de canje, en el maquillaje premium a cualquier hora, en el peinado deslumbrante en pleno horario laboral, en las botas de última moda, en su celular hipertecnológico y en su talle -10 de pantalón, hay algo más que diferencia a las promotoras-modelos de las mujeres mortales que vagamos por las calles: la cartera. Sus bolsos de mano parecen disneylandias del make-up, a la vez que concentran la mayor cantidad de cosas apiñadas con el máximo de glamour. Si no creen que sea así, piensen en la siguiente comparación:

Cartera de promotora-modelo: contiene un frasco recién obsequiado de perfume importado.
Cartera de mujer mortal: en el portacosméticos tiene una muestra gratis que le dieron por la calle.

Cartera de promotora-modelo: tiene neceser.
Cartera de mujer mortal: como ha sido mencionado recién, tiene portacosméticos (en lo posible, regalado por su madre).

Cartera de promotora-modelo: su base de maquillaje es cubritiva y luminosa, aireada y de fácil esparcimiento. El cutis queda como el de una quinceañera bendecida por la ignorancia del acné.
Cartera de mujer mortal: la base de maquillaje que guarda por ahí tiene olor a tierra, aporta un naranja dudoso al cutis y no hace más que acentuar la dermatitis por el estrés.

Cartera de promotora-modelo: tiene un cargador de celular para no perderse ningún aviso.
Cartera de mujer mortal: su celular, agonizante, se apaga minutos antes de recibir el llamado de la fortuna.

Cartera de promotora-modelo: es grande, grandísima, pero queda perfecta, aun cuando la chica modele para gráfica y mida 1,20 m.
Cartera de mujer mortal: es grande, grandísima, y deforme.

Cartera de promotora-modelo: no contiene carilinas, sino kleenex.
Cartera de mujer mortal: tiene un cúmulo de papel tisú robado de los dispenser de los baños buenos.

Cartera de promotora-modelo: cuando busca en su interior, cada movimiento de las manos sirve para develar un objeto aún más codiciado que el que recién se mostró.
Cartera de mujer mortal: cuando busca en su interior, cada movimiento de las manos sirve para acrecentar la vergüenza por los zoquetes de nylon que se sacó al mediodía, por las galletitas que se pulverizaron entre las páginas de la agenda, por la media barrita de cereal comida el año pasado y por la explosión de la única birome con la que se contaba para el resto del día.

Cartera de promotora-modelo: nunca tiene lapicera, así que no mancha su cartera y, en las pocas ocasiones en las que precisa escribir, solicita un bolígrafo y siempre lo encuentra.
Cartera de mujer mortal: siempre tiene una lapicera estallada en la cartera, la que se mancha desde el instante del siniestro, y cuando busca una birome de préstamo, tiene alrededor muchas modelos que no tienen para prestarle y ya cuentan con el segundo bolígrafo de los únicos previsores.

Tranquilas, mujeres mortales: algún día el mundo será nuestro y con nuestras carteras bizarras al hombro conquistaremos la Tierra. Ese día, sólo flores saldrán de nuestros bolsillos internos con matapolillas y el olor a pis de gato en la base de los bolsos —regalo de algún felino bienaventurado con sed de cópula— será sólo un recuerdo. Esperemos con fervor ese momento tan ansiado.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Dicen

Se va cerrando el año, al fin de los finales, y muchos dicen que hay que hacer un balance. Pero como no alcanzan los días agónicos del 2008 para balancear todos los aspectos de la vida, voy a optar por lo que más me gusta:


EL MEJOR RUMOR DEL AÑO

Ése que, a pesar de sus abundantes o escasos fundamentos, uno elige creer porque está buenísimo. Yo voy a hacer mi aporte y, como corresponde a mi carácter y a mi época anímica, sólo puede ser de humor negro:


LO MEJOR QUE ESCUCHÉ
ES QUE PEDRO POMPILIO
SUCUMBIÓ CON VIAGRA
EN UN FIESTÓN CON JESICA CIRIO.
Información suplementaria: supuestamente, había varios jugadores invitados al banquete y pagaron 10 mil dólares por el servicio. Si eran muchos, me parece que Jesi cobró poco, a menos que cada uno haya oblado esa suma y ahí sí, efectivamente no pichulearon.

Súbanme la apuesta, si pueden.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Mostrador

Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Muchacha con escote prominente y labios rosa caniche que me atiende.

—¿Qué libro buscás?
—Nacimiento de la biopolítica.
—¿Quién es el autor?

(Primer indicio de fiasco: sería muy raro que un/a bibliotecario/a pregunte el autor de un título y de un concepto tan difundido)

—¿Lo buscaste en el catálogo?
—Sí en el online pero...
—Ah, entonces si no estaba ahí...
—No, pero como tienen muchos libros de Foucault, quería corroborar si de verdad no lo tenían.
— A ver, esperá... ¿Quién me dijiste que era el autor?

(Segundo fiasco: un/a verdadero/a bibliotecario/a no pregunta dos veces el mismo dato y trata de demostrar cómo él puede superar las indicaciones propias de un registro virtual. Ellos estudiaron varios años, el archivo web no)

—...
—...
—...
—...

(Tercer fiasco: un/a bibliotecario/a con conocimientos del lugar donde trabaja no vuelve a fijarse en el catálogo online que vos revisaste recién. Utiliza su vía exclusiva: ir a las estanterías o fijarse en otro registro interno)

—Mmmmh, acá tengo Nacimiento de la política, pero es de otro autor.
—Chau.

(Cuarto fiasco: el "otro autor" es Moses Finley)

Por favor, que alguien quite el requisito de felación para seleccionar personal para la biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales. Seguramente hay muchos diplomados —y muchos consultantes, como yo— que pueden salir más airosos de esta simple búsqueda bibliográfica.