—Laura es la chica más copada del curso porque es la que piensa más parecido a un hombre.
Machista, cuadrado y desubicado, pese a todo entendí que mi compañero de secundaria intentaba esbozar un halago. Halago que, muy lejos de convertirse en un piropo, me dio la pista inequívoca, dolorosa y sin regreso de que no tenía ninguna posibilidad de conquista entre mis convivientes escolares, y que "ser copada" me hundía en el fango mortal de las "amigas que ayudan a engancharme a la más linda" (algo que jamás accedí a hacer, claro).
Ayer me acordé de esa pretendida delicadeza, que en realidad me había arrojado al paso del Roca diesel, y me imaginé liderando un reencuentro de todas las que no levantamos a nadie durante la secundaria. Porque la ecuación es sencilla e indirecta: los bombones de la escuela nunca tuvieron que hacer nada para mejorar o hacerse presentables. Ni el gimnasio, ni la dieta ni la búsqueda extenuante de alguna prenda que quedase bien fueron condiciones para su existencia adolescente. Por lo tanto, es de esperar que esas artes no hayan sido aprendidas por ellas. En cambio, las que tuvimos que remar apariencia y presencia de los 13 a los 18 años, adquirimos ciertas herramientas que nos darían mejores posibilidades en el caso del retorno.
Por lo tanto,
abogo por terminar con la falsedad de "chicos, juntémonos porque hace 10 años que egresamos" y, en cambio, organizar alguna salida revanchista, competitiva y muy poco constructiva, de ésas que tan espontáneamente supimos hacer y nos han regalado a montones. Eso es un revival en serio, un reencuentro rockero.
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lunes, 16 de noviembre de 2009
sábado, 24 de octubre de 2009
Mascaritas
Cuando yo iba a la secundaria, ellos eran los que tenían el pantalón calzado hasta la cintura. Siempre estaban interesados en pavadas tecnológicas que los maravillaban —aun cuando en los 90 dichos progresos eran mucho menos espectaculares que ahora— y camuflaban sus conflictos de interacción social con investigaciones autoimpuestas sobre la vulnerabilidad de los límites de un videogame, la velocidad con la que un poroto podía germinar si en lugar de ponerlo en la ventana de la cocina se humedecía en el ventiluz del baño, o cómo el coseno de X era idéntico al seno de Y si ambos se elevaban a la Z potencia.
Ellos tenían el pantalón calzado hasta la cintura y yo, aunque tenía anteojos y sobrepeso —esto es, no era ningún bombón derritiéndose en Lanús—, sabía que pertenecían a una tribu distinta y ciertamente indeseable. Pero los códigos se han perdido.
Ahora, los encuentro en el subte vestidos con remeras modernosas, mochilas de moda y esos famosos lentes modelo "anteojodepelotudo", grandotes y con marco negro, hablando de las mismas bobadas de antes e incluyendo términos tecnológicos en inglés: driver, master y otras cosas más que mi monóglota memoria jamás registrará. Viajan de a dos, se siguen ero-estimulando con posibilidades de injertos cibernéticos que mejoren sus afilados aparatos y se ríen de los chistes de programación que jamás podrán contar en una fiesta.
No vale la pena, chicos: todavía deben tener la piel de la cintura marcada por el cinto ajustado, y todos los que fuimos perdedores en la secundaria sabemos quiénes son. El primer paso es asumirlo.
Ellos tenían el pantalón calzado hasta la cintura y yo, aunque tenía anteojos y sobrepeso —esto es, no era ningún bombón derritiéndose en Lanús—, sabía que pertenecían a una tribu distinta y ciertamente indeseable. Pero los códigos se han perdido.
Ahora, los encuentro en el subte vestidos con remeras modernosas, mochilas de moda y esos famosos lentes modelo "anteojodepelotudo", grandotes y con marco negro, hablando de las mismas bobadas de antes e incluyendo términos tecnológicos en inglés: driver, master y otras cosas más que mi monóglota memoria jamás registrará. Viajan de a dos, se siguen ero-estimulando con posibilidades de injertos cibernéticos que mejoren sus afilados aparatos y se ríen de los chistes de programación que jamás podrán contar en una fiesta.
No vale la pena, chicos: todavía deben tener la piel de la cintura marcada por el cinto ajustado, y todos los que fuimos perdedores en la secundaria sabemos quiénes son. El primer paso es asumirlo.
martes, 13 de noviembre de 2007
Educandos
—¿Ya fuiste al baño, mi amor? ¿Cuántas rayitas te salieron?
— Cuatro, ¿son cuatrillizos, entonces?
— Mmmmh, no sé, no sé si me da para tanto.
Sólo cuando escuché este diálogo bromista, hot y flirteador entre dos alumnos de 5to. año me di cuenta de lo ficticias que habían resultado mis pocas entradas simulando tener 16. Lo que escuché mientras tomaba las Evaluaciones del Operativo Nacional de Educación, y bla, bla, bla, fue mucho más de lo que había supuesto oír, y motivó la suspensión hasta nuevo aviso de cualquier intento por emular los discursos de la adolescencia.
Ninguno de nosotros, ilusos de más de 20 y/o 25, podría sostener dos horas de respuestas y comentarios dignos de Jorge Corona, que surgen ante cualquier (absoluta, completa y totalmente cualquier) situación de diálogo cotidiana: "uy, ¿me prestás la goma?", "¿vas por la 4 o por la 7?" o "¿ya terminaste?" puede desencadenar una tempestad lingüística que haría poner colorado hasta al viejo e insoportable Tangalanga.
Opino que habría que suministrar drogas gratis a los docentes. Nadie puede tolerar tanta presión continuada de doble sentido sexual (¿existirá alguna otra forma de doble sentido?).
— Cuatro, ¿son cuatrillizos, entonces?
— Mmmmh, no sé, no sé si me da para tanto.
Sólo cuando escuché este diálogo bromista, hot y flirteador entre dos alumnos de 5to. año me di cuenta de lo ficticias que habían resultado mis pocas entradas simulando tener 16. Lo que escuché mientras tomaba las Evaluaciones del Operativo Nacional de Educación, y bla, bla, bla, fue mucho más de lo que había supuesto oír, y motivó la suspensión hasta nuevo aviso de cualquier intento por emular los discursos de la adolescencia.
Ninguno de nosotros, ilusos de más de 20 y/o 25, podría sostener dos horas de respuestas y comentarios dignos de Jorge Corona, que surgen ante cualquier (absoluta, completa y totalmente cualquier) situación de diálogo cotidiana: "uy, ¿me prestás la goma?", "¿vas por la 4 o por la 7?" o "¿ya terminaste?" puede desencadenar una tempestad lingüística que haría poner colorado hasta al viejo e insoportable Tangalanga.
Opino que habría que suministrar drogas gratis a los docentes. Nadie puede tolerar tanta presión continuada de doble sentido sexual (¿existirá alguna otra forma de doble sentido?).
jueves, 25 de octubre de 2007
Sacramento
Partidaria de la convivencia sin casamiento.
Defensora de la autonomía económica femenina.
Atenta a los discursos machistas ocultos en las palabras del más progresista.
Furiosa con los concursos de belleza, que destilan sexismo y olor a viejo.
Propulsora de la maternidad post-30.
Un conjunto de características y objetivos que se esfumó de repente, tan pronto como una compañera de secundaria subió al colectivo y yo, sin pretender saludarla (no tenía mucho para decirle), miré instintivamente su anular izquierdo, sólo para ver si se había casado.
¿Qué extraño chip de anticuario seguiremos teniendo las mujeres?
Y no la saludé en todo el viaje que compartimos. Pero ella tampoco y, tal vez, me había reconocido tanto como yo a ella. Nadie puede mirar con tanto interés, por la ventanilla, las calles que recorre el 112.
Defensora de la autonomía económica femenina.
Atenta a los discursos machistas ocultos en las palabras del más progresista.
Furiosa con los concursos de belleza, que destilan sexismo y olor a viejo.
Propulsora de la maternidad post-30.
Un conjunto de características y objetivos que se esfumó de repente, tan pronto como una compañera de secundaria subió al colectivo y yo, sin pretender saludarla (no tenía mucho para decirle), miré instintivamente su anular izquierdo, sólo para ver si se había casado.
¿Qué extraño chip de anticuario seguiremos teniendo las mujeres?
Y no la saludé en todo el viaje que compartimos. Pero ella tampoco y, tal vez, me había reconocido tanto como yo a ella. Nadie puede mirar con tanto interés, por la ventanilla, las calles que recorre el 112.
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