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jueves, 16 de junio de 2011

Obrero

En un televisor de estación de subte, el Jefe de Gobierno Mauricio Macri remoza una fórmula expresiva que hace recordar mucho al Innombrable:
"¡A trabajar, a trabajar, a trabajar".
Mientras trataba de huir de las reminiscencias que me decían "¡A triunfar, a triunfar, a triunfar", dos señores le gritan al televisor:
Señor 1: sí, dale, ¡a trabajar te dicen a vos! Cuando te mueras vas a donar tu espalda para trasplante, ¡si nunca la usaste!
Señor 2: a éste le dicen "murciélago": no usa el lomo ni para dormir.

Dos puemas.

lunes, 26 de julio de 2010

Encontronazo

Recordando viejas labores para la subsistencia, y otras que no lo son tanto, el viernes nos sorprendió a mi superamiga y a mí hablando de un personaje nefasto para nuestro perfil laboral. No tiene una denominación específica, pero habría que inventarla. Sin embargo, se puede reconocer sin problemas a través de los siguientes ejemplos:

— Ajá, ¿y de qué trabajás?
— Bueno, básicamente de escribir.
—¿Escribir? ¿Qué escribís?
—Y, libros por encargo, notas para revistas, etc.
—¡Mirá que bien! ¿Vos sabés que yo también escribo?
—¿Sí?
—Sí, la verdad es que tengo talento para eso, no es por decir. Yo escribo mucho en los tiempos libres, cosas que me salen, me pasan. A veces cartas, a veces poesías, qué se yo. Mirá, te voy a contar...

—Acá tengo que completar cuál es tu empleo.
—Poné "redactora".
—¿Redactora? ¿Escribís?
—Y, sí.
—¿Qué escribís?
—Libros por encargo, notas para revistas, trabajos puntuales, lo que tenga que ver con escritura.
—¡Mirá qué casualidad! ¿Vos sabés que yo también escribo?
—¿Sí?
—Sí, hice un cuento sobre la colimba, de cuando yo iba. Emocionante. Porque yo siempre intenté escribir desde lo mío, ¿viste?, las cosas que me pasaban. No, está bueno eso. Yo, la verdad, tenía pasta, pero bueno, viste, me dejé estar y qué sé yo. Pero el cuento trataba de, ¿tenés un ratito, así te cuento?

La persona que "también escribe" es una de las mayores pesadillas para un redactor fantasma. Porque el que "también escribe" no entiende que el redactor fantasma no escribe desde "lo suyo", sino todo lo contrario —ése es el punto crucial de su labor—: hoy crisis de pareja, mañana muerte de amebas, pasado recetas para celíacos, y la semana que viene rituales para que llueva. No hay nada relativo al "yo" en el redactor fantasma y, en medio de su vorágine de tipeo fordista, no existe nada que lo pueda conmover de una persona que, en medio del llenado de un formulario administrativo, le diga "¿Vos sabés que también escribo?".
Los redactores fantasma, como bien reza su rol, redactan. Cuando escriben, no lo dicen ni lo divulgan. Por eso, especímenes "también escribo", no molesten más a los redactores fantasma, que ya bastante tienen con editores perezosos, dueños de revistas inútiles y explotadores, así como entrevistados estrella sin una pizca de ideas interesantes. No abusen de su paciencia y de su miedo a transgredir la ley, porque las dos cosas se acaban.

lunes, 17 de mayo de 2010

Intervalo

Tuve una semana plagada de trabajos aburridos y otros que, sin serlo, me llevaron bastante tiempo. Como hace bastantes días que no escribo y ayer, casualmente, sintonicé Hacete Cargo (programa conducido por el Ned Flanders argentino, Claudio María Dominguez), recordé que hace varios días que no escribo aquí. Así que este post es sólo para decir "ya vuelvo" o, al estilo Claudio María, "ya vuelvo, negrito, no soy una hache de pé, ni me fui a la miércoles".

viernes, 26 de marzo de 2010

Visitas

En un curso intensivo de metodología cualitativa, las referencias a la maravilla de la diversidad no dejaban de sucederse. Reflexiones etnográficas, las revelaciones de historias de vida, la revolución de investigar sin presupuestos y demás delicias que nos hicieron pensar a muchos que la dimensión desconocida se estaba abriendo ante nosotros y que, encima, nos iban a dar la llave para que entrásemos y saliéramos a gusto. Estaba a punto de solicitar medicación para tolerar tanta alegría y respeto por la creatividad metodológica cuando uno de los docentes mostró la hilacha:

—Bueno, es cierto que hay que encontrar un modo de comunicarse con el otro que muestre cercanía y no lo incomode. Aquí, en nuestro instituto, hay muchas historias divertidas de compañeros investigadores que se disfrazaron para ir a trabajar al conurbano, porque sí, porque no se puede ir como uno está todos los días.

¿Se habrán puesto joggins con pitucones de telas estampadas, cosidos con puntadas largas que se ven en los bordes? ¿Se pintaron la cara con corcho quemado? ¿Se tiñeron de rubios y se dejaron las raíces negras a la vista? ¿Se llevaron una olla grande y abollada en lugar de un taper con espárragos y queso azul? Mi esencia lanusense se burbujeó todo el resto de la tarde. Qué peligro el de los investigadores que sólo salieron de Capital Federal cuando supieron cuántos, cómo y a qué hora entrevistar a sus estrellas de tesis.

lunes, 1 de marzo de 2010

Valoración

Decididamente, tendré que buscarme otra ocupación para declarar si me preguntan las chicas de gimnasia. Tal vez sea bailarina de caño, stripper de Pinar o escort por horas. Explicar de qué trabajo me resulta no sólo tedioso, sino también fallido. Hoy volví a caer, frente a una asistente novata que, días atrás, me dijo que se cansaba pronto porque trabajaba 12 horas parada. Frente a eso, no hay mucha competencia de displacer. Pero hoy creo que me odió para siempre.

Ella: ¡estoy muy cansada! ¡No llego, después de tantas horas parada!
Yo: sí, la verdad es que es un esfuerzo. ¿Dónde trabajás?
Ella: en un negocio de Flores.
Yo: ah, ¿y ni una banquetita para sentarte un rato?
Ella: ¡no, qué banquetita ni banquetita! ¡Estoy parada!
Yo: bueno, calculando que es un negocio, podrías pedir que cada tanto te dejen descansar, digo.
Ella: no, ni ahí.

(Rutina de aero-box. Cuando termina, después de tomar agua, recomienza el diálogo)

Ella: ¿dónde trabajás vos? ¿Por acá?
Yo: no, no, en el centro.
Ella: ah, ¿y qué hacés?
Yo: eh, bueno, trabajo mitad en la facultad y sigo ese trabajo en casa la otra mitad de la semana —esto es, trato que esquivar el "qué" enfatizando el "cómo".
Ella: ah, en casa, ¿en casa de familia? ¿Trabajás en casas de familia?
Yo: no, no, trabajo en... bueno, trabajo dentro de la facultad.

(Rutina de mancuernas y sentadillas. Durante el ejercicio, insiste)

Ella: la verdad, no entendí nada lo que me dijiste.
Yo: está bien, no es importante. Si no, después te explico.

(Comienza la rutina de abdominales. Cuando pienso que se va a aburrir de lo pendiente, regresa)

Ella: hasta "facultad", entendí.
Yo: bueno, sí, trabajo en la facultad.
Ella: ¿cómo administrativa?
Yo: no, en una parte dedicada a la investigación. Tenemos un proyecto y lo investigamos durante algunos años. Por eso, como el tiempo que estoy en el instituto no alcanza, sigo en mi casa.

(Aquí comienza el lugar común que todo becario estatal/universitario debe afrontar)

Ella: ¿pero quién te paga? ¿Quién te subsidia?

(En este punto, lo que hay que contestar es: "sí, lo que estás pensando. Me pagás vos, y también me pago yo misma. También se subsidian la Iglesia y los colegios privados y nadie dice nada", porque es la forma de abreviar las explicaciones sobre la necesidad de la formación en investigación científica por parte del Estado)

Yo: la universidad me paga.
Ella: ah, ¿y a vos te pagan por hacer eso?
Yo: sí.

Revoleo de ojos + esquiva la mirada + mueca de la boca hacia abajo + resoplido + silencio.
La próxima, repito, digo que soy bailarina de caño, stripper en Pinar o escort por horas. No sé quién me manda a abogar por la sinceridad.

miércoles, 20 de enero de 2010

Penitencias

Suele decirse que una labor es "un sacerdocio" cuando se le quiere atribuir más esfuerzo del que realmente demanda. O tal vez requiera tanto trabajo, pero lo cierto es que se desea que eso se note. Bueno, el trámite de sacar unas 300 fotocopias en enero consistió en el choque de dos sacerdocios: el que fotocopia y la que encarga (es decir, yo).

Antes de tener las fotocopias: el encargo
Rosario, lunes 11 am.
—Hola, qué tal. Mirá: tengo que sacar muchas fotocopias de diferentes libros y cuadernos y hoy me voy para Buenos Aires. ¿Se pueden tener para hoy antes de las 6 de la tarde?
Respuesta 1° local: no, ni loca. Esto me lo tenés que dejar y te lo hago en un par de días, porque si no se me recalienta la máquina.
Respuesta 2° local: ahora tengo sólo impresora láser, 40 centavos la copia. Creo que te va a salir mucho, ¿no?
Respuesta 3° local: creo que llegamos, pero el tema es que tendrías que venir 6 o 6 y media, porque cerramos toda la tarde, dado que nadie encarga fotocopias en enero, ¿viste?
Respuesta 4° local: hacemos lo que podemos, pero en general tendrías que venir justo cuando abrimos, para que podamos tenerte el pedido a eso de las 7 de la tarde.
Respuesta 5° local: si se trata de cuadernos a los que se le puede quitar el ganchito, o de anillados que podemos desarmar, el encargo va en el día. Si es un libro, sí o sí queda para el día siguiente, porque hay trabajo manual de pasar las páginas.

Al final, los autores de la respuesta 4 y la 5 se pusieron las pilas y, cada uno con su estilo, me completaron el encargo. La segunda parte transcurre en una librería de Buenos Aires.

Después de conseguir las fotocopias: el anillado
Floresta, martes 18 hs.
—Hola, ¿qué tal?
—Y, ahora que te veo a vos, ¿cómo voy a estar? ¡Mejor!
—Bué. Igual, el verano nos devasta, así que es lo que hay. Menos mal que por lo menos la gente se fue.
—¡Es lo que digo yo! Hay que aprovechar el verano en Buenos Aires.
—Y sí, e irte en marzo en contra de todos los que vienen.
—Mirá, no digas más porque me muero de la alegría. ¡Por fin alguien en este mundo que me da la razón! Llegás temprano a todos lados, vas en moto tranquilo, porque es la verdad: los chorros se fueron para la costa, los negros también, así que la ciudad es una maravilla.
—Eh, bueno, mirá, yo tengo estos dos bloques de fotocopias para anillar...

Lo dicho: hay actividades de riesgo que se esconden detrás de los deberes más aburridos. Hay que tener cuidado.

miércoles, 3 de junio de 2009

InfelizMente

Aunque el devenir hizo que durante un tiempo le reste atención a esas pistas, leer a M. en sus avatares cinematográficos me hizo acordar de un personaje que, en mi trabajo tradicional, se revela como un garca. No hay otra palabra más fina para describirlo: "garca" concentra un significado que aúna muchas palabras del diccionario, así que la elijo para mi indignado retrato.
Paso a explicarme.
El medio de transporte utilizado por los periodistas suele ser el autogestionado: colectivo, subte, auto particular o taxi, si realmente llegaste a la Meca de las editoriales y tu paga periódica así te lo autoriza. Es por eso que la mayoría de los periodistas mortales optamos por el transporte público, que es el único que puede garantizar redituabilidad (¿se dirá así?) a tu trabajo. Sin embargo, existe alguien que sí tiene asegurado el taxi pagado por la empresa, y ése es el fotógrafo, dado que lleva un equipo que los jefes jamás quisieran reponer, ni actualizar y, se podría decir, ni siquiera haber comprado, pero su escaso sentido común todavía les habilita la idea de que las ilustraciones del entrevistado quedan un tanto policiales en las notas.
Ahora bien: el fotógrafo se cree la reina del corso y te lo hace saber.
Disfruta con el hecho de que lleguen a la misma hora, pero vos en colectivo y él en taxi. Goza con la sensación de irse un rato antes y no esperarte con el único y patético fin de dejarte en banda. Llega al orgasmo laboral con un simple "no, no puedo acordar con vos para la nota en Zárate, así que tenemos que ir separados" y su satisfacción garca no le permite pensar que por quien están pagando el auto no es él, sino la cámara. Sin embargo, es el primero en saludarte con énfasis, en gritar tu nombre desde la ventanilla del taxi en el que jamás te invitó a viajar y en irse, omnipotente y superado, con su solidaridad en estado de coma 4.
Fotógrafo, un día los periodistas te vamos a encontrar en una parada de colectivo, esperando algo ansioso y con ganas de llegar pronto. Para ese entonces apocalíptico de tu persona, más te vale que hayas aprendido a rezarle a la deidad.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Mostrador

Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Muchacha con escote prominente y labios rosa caniche que me atiende.

—¿Qué libro buscás?
—Nacimiento de la biopolítica.
—¿Quién es el autor?

(Primer indicio de fiasco: sería muy raro que un/a bibliotecario/a pregunte el autor de un título y de un concepto tan difundido)

—¿Lo buscaste en el catálogo?
—Sí en el online pero...
—Ah, entonces si no estaba ahí...
—No, pero como tienen muchos libros de Foucault, quería corroborar si de verdad no lo tenían.
— A ver, esperá... ¿Quién me dijiste que era el autor?

(Segundo fiasco: un/a verdadero/a bibliotecario/a no pregunta dos veces el mismo dato y trata de demostrar cómo él puede superar las indicaciones propias de un registro virtual. Ellos estudiaron varios años, el archivo web no)

—...
—...
—...
—...

(Tercer fiasco: un/a bibliotecario/a con conocimientos del lugar donde trabaja no vuelve a fijarse en el catálogo online que vos revisaste recién. Utiliza su vía exclusiva: ir a las estanterías o fijarse en otro registro interno)

—Mmmmh, acá tengo Nacimiento de la política, pero es de otro autor.
—Chau.

(Cuarto fiasco: el "otro autor" es Moses Finley)

Por favor, que alguien quite el requisito de felación para seleccionar personal para la biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales. Seguramente hay muchos diplomados —y muchos consultantes, como yo— que pueden salir más airosos de esta simple búsqueda bibliográfica.

viernes, 14 de noviembre de 2008

ÚltimosOrejones

Y en noches como ésta, en la que me quedo hasta las 4 am para terminar una nota porque hay que adelantar números de fin de año, me doy cuenta de lo amargo que resulta diciembre para los trabajadores free lance:

  • no tenemos aguinaldo (aunque es cierto que muchos "escritorio adentro" tampoco cuentan con ello);
  • nadie nos consulta cuándo nos tomaremos vacaciones (en verdad, nadie cree que debamos tomarlas, porque nuestra forma taaaaaan relajada —?— de trabajar haría innecesario el receso);
  • no nos regalan una caja con sidra y pan dulce para las malditas Fiestas;
  • nadie nos invita a ninguna fiesta de Fin de Año, aunque podríamos ser comensales fantasma de, por lo menos, 4 entidades;
  • no prevemos ningún ascenso en los meses siguientes, ni nada por pedirle a los jefes que, en su versión tradicional, no tenemos;
  • nadie nos otorga un mes de trabajo ultraliviano por el mismo salario;
  • no contamos con el placer de imprimir subrepticiamente, pedir útiles de librería superficiales ni de comer las facturas/sandwichitos/etc. de los cumpleaños o despedidas;
  • nadie chequea nuestro atuendo "casual day" del viernes.

Ay, muchas decepciones para una misma madrugada. Creo que me desquitaré empezando ya mismo el fin de semana y durmiendo hasta el mediodía mientras todos salen, como cada viernes, con el auto para llegar temprano adonde quieren y se retrasan el triple de lo que esperan, porque Buenos Aires siempre te da una razón para estallar del estrés. Gud Nait.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Sinfín

Acababa de descubrir una rima procaz, de amplio uso escolar, para mi evaluador de tesina (cuyo apellido terminaba en "ano"), cuando me comunicaron que hay cambio de planes y el gentil ofrecido declinó su tarea, para derivarme a otro honroso caballero que, esta vez sí, espero no me falle. Ahora, deberé invocar mi verso guarango a viva voz, mientras espero aún más tiempo para ver qué pasó.

Con la mano.

lunes, 24 de marzo de 2008

Uf

Niños ricos que pasaron los 40 y no tienen tristeza, sino pereza.
Siempre llegan a mi caótico cronograma de trabajo, confío en ellos y me hacen perder el tiempo.
¿Habrá un detector para estas larvas humanas?
En fin: el olfato laboral es un sentido que se debe adiestrar pero, en el transcurso del aprendizaje, suele encontrar bastante putrefacción.

lunes, 28 de enero de 2008

Centena

Quisiera llegar a la entrada número 100 mientras aún vivo aquí, pero es una tarea más entre muchísimas otras para las que no alcanza el tiempo: mudarse, estudiar, trabajar, ordenar, dar de baja a los servicios que no le interesarán al futuro ocupante y ver qué pasará con nuestra próxima morada.
Y el tiempo que le dedico a esas cosas, hoy, es inversamente proporcional a la cantidad de horas que le destino a la dispersión y a las conversaciones por teléfono.
Muy mal.
Siempre lo mismo.
Me voy a empacar, embalar, envolver, etiquetar y a evaluar cómo mudar subrepticiamente a la minina que nos acompaña desde hace un año.

martes, 27 de noviembre de 2007

Rebaño

Yo soy el mejor vendedor del mundo.

Dirija a las personas, no al trabajo.

El monje qúe tenía un Mercedes Benz (o algo así)

Fracasos exitosos.

Cada vez me da un poco más de miedo lo que lee la gente en el colectivo.
Sobre todo, porque yo sé cómo se hacen esos libros.
Y, además, porque estoy convencida de que los peores son esos: los empleados de rango subterráneo que esperan, sin desanimarse —y leyendo esas bazofias—, el momento en que, como señal de pertenencia, su jefe les regale la posibilidad de no marcar tarjeta de entrada todos los malditos días a las 8,30 (en verdad, porque ya se han dado cuenta de que llegan temprano solitos: no hace falta gastar el sensor para ellos).

domingo, 29 de julio de 2007

Japonesismo

Espero poder escribir con mayor frecuencia, a partir de este lunes.

Aprobé un examen (me faltan tres, nada más), pero sufrí de fiebre nocturna por exceso de cosas para hacer, tengo llagas en la garganta, y no sé cómo lograr que mis días sean más largos en los próximos días, con el fin de evitar que todos estos síntomas vuelvan a repetirse enseguida.
El bajón del domingo vira demasiado rápido a la desesperación por el futuro inmediatísimo, el del día siguiente.