Como el subte E trata de esforzarse y de parecerse a sus hermanos ABC1 (la línea D y la B), ahora también tiene servicio con demora en horas pico. Un pequeño detalle que lo acerca al desarrollo en materia de transporte subterráneo y lo ubica en la misma línea que las otras opciones horribles para moverse por la ciudad de Buenos Aires. Así es como escuché, un martes a las 18,30 hs., esta conversación gloriosa entre dos compañeras de trabajo con concepciones contradictorias sobre la bondad:
—Hace tanto calor acá, que la gente se descompone. La otra vez, una chica se desmayó al lado mío y mientras yo trataba de alzarla, la gente estaba como si nada. No sé, a nadie le importa.
—Ay, sí, la otra vez me pasó lo mismo en la iglesia.
—¿En la iglesia? A vos todo te pasa en la iglesia.
— Y sí, si es donde estoy mucho tiempo. Pero es así: había una abuela en el tercer banco, y cuando nos arrodillamos en el escalón, se desmayó e iba empujando los bancos de adelante. Pero la gente ni se daba cuenta: tenía la madera en la espalda y no hacía nada. Terrible.
—Ay, sí, y se supone que es gente solidaria que va a a la iglesia, que son buena gente.
—Sí, claro, pero no se dan cuenta.
(El subte llega a est. Independencia, conocida por su muchedumbre siempre ávida de ingresar a algún vagón, sea como sea)
—Ay, no, mirá toda la gente que hay. No, no dejemos pasar, eh. Tiremos para afuera.
—Sí, dale, porque si no no se va a poder viajar, Pongamos los codos.
—Sí, y si no, yo tengo un alfiler por ahí; lo usamos y listo.
(Ríos de gente que entra al vagón, pese a las estrategias de disuasión, y ellas, acomodadas o encastradas entre los asientos, continúan)
—Y sí, viste, cuando no te bancás tanto a la gente encima tenés que empujar de a poco con la cartera, así se apartan. No queda otra.
— Sí, y si no, en defensa personal te enseñan que un golpecito entre la nariz y la boca es muy efectivo. Acá hay que pegar, ¿ves?
Todavía me acuerdo de su pelo borgoña, sus labios rojos y su dedo índice sobre el bozo, diciendo con tono bilardista: "acá". Ya saben: si sienten un alfiler por ahí, le dan un golpe en esa zona vulnerable de parte mía y después la bendicen en forma improvisada.
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domingo, 8 de mayo de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
Superhéroe
Él y yo (en el orden del diálogo, "yo y él"):
—Ah, mirá que el viernes René dijo que...
—¡Qué bueno, fuiste a ver a los Muppets! ¿Te habló la rana René?
—No, me refiero a René de Calle 13. Él dijo claramente que, si en una casa había situaciones de maltrato, él iba a ir para mediar.
—Mirá qué bien, che. Qué buen tipo. ¿Les pasó el teléfono ahí, en el recital?
—Sí, en pantalla gigante nos dejó un 0-800 para llamar. Pero bueno, lo que quiero comunicarte es que, desde el viernes, mi definición de "maltrato" es muy amplia y flexible.
—¿En serio?
—Sí, por ejemplo: en Navidad me compraste unas historietas que nunca me diste y que leíste solo porque dijiste que "al final eran malas". Eso sería maltrato. Ahora, que volviste de viaje y te pedí que me compraras un dulce y no lo trajiste, eso también es maltrato.
—¿Así que me estás engañando con el pensamiento? ¿Querés que venga René a esta casa?
—Epa, Balaguer, ¿ahora se engaña con el pensamiento? Un rato nomás; después le decimos que nos arreglamos, pero que venga así lo veo de cerca.
Babosa total.
—Ah, mirá que el viernes René dijo que...
—¡Qué bueno, fuiste a ver a los Muppets! ¿Te habló la rana René?
—No, me refiero a René de Calle 13. Él dijo claramente que, si en una casa había situaciones de maltrato, él iba a ir para mediar.
—Mirá qué bien, che. Qué buen tipo. ¿Les pasó el teléfono ahí, en el recital?
—Sí, en pantalla gigante nos dejó un 0-800 para llamar. Pero bueno, lo que quiero comunicarte es que, desde el viernes, mi definición de "maltrato" es muy amplia y flexible.
—¿En serio?
—Sí, por ejemplo: en Navidad me compraste unas historietas que nunca me diste y que leíste solo porque dijiste que "al final eran malas". Eso sería maltrato. Ahora, que volviste de viaje y te pedí que me compraras un dulce y no lo trajiste, eso también es maltrato.
—¿Así que me estás engañando con el pensamiento? ¿Querés que venga René a esta casa?
—Epa, Balaguer, ¿ahora se engaña con el pensamiento? Un rato nomás; después le decimos que nos arreglamos, pero que venga así lo veo de cerca.
Babosa total.
jueves, 10 de junio de 2010
Lazos
(Intercambio de mensajes de texto)
Ella: ¿Está mal aceptar un café con un conocido de mi ex? Tu palabra pesa sobre mí.
Yo: ¡Depende del grado de "conocido"! X conocía a Lucho, por ejemplo. Si no es un amigo cotidiano, decile que sí. El mundo es muy chico.
Ella: No es un amigo cotidiano. Es como el amigo de un amigo al que mi ex no ve mucho.
Es bastante obvio que debe ser el primo con el que su ex pasa todas las vacaciones desde que tiene 5 años.
Ella: ¿Está mal aceptar un café con un conocido de mi ex? Tu palabra pesa sobre mí.
Yo: ¡Depende del grado de "conocido"! X conocía a Lucho, por ejemplo. Si no es un amigo cotidiano, decile que sí. El mundo es muy chico.
Ella: No es un amigo cotidiano. Es como el amigo de un amigo al que mi ex no ve mucho.
Es bastante obvio que debe ser el primo con el que su ex pasa todas las vacaciones desde que tiene 5 años.
martes, 8 de junio de 2010
Aburrido
—¿Qué pasa con ese revoleo de ojos? No me gustan los demás fiambres, así que sólo te voy a pedir jamón y queso. Vos sabés que siempre es así.
—...
El fiambrero oriental del supermercado ídem odia que me acerque a su mostrador, porque detesta que le pida siempre lo mismo: 100 gr. de jamón cocido y 150 gr. de queso de máquina. En anteriores ocasiones completó mi pedido antes de que lo dijera, con el fin de demostrarme lo rutinaria que estaba siendo en materia de fiambres, pero es inútil: sólo compro sus ofertas cuando hago empanadas o un tostado a la ligera. Los demás fiambres me pasan desapercibidos. Y él pide un poco más de aventura en mis listas: el desafío del matambre que se desarma, la dureza de la bondiola, la asquerosa trayectoria de la mortadela o del pastrón. La última vez, un revoleo ocular dio cuenta de su hostilidad hacia mis necesidades. Y no tuve más remedio que explicitar la situación, para dejar las cosas claras y no crear falsas expectativas.
—...
El fiambrero oriental del supermercado ídem odia que me acerque a su mostrador, porque detesta que le pida siempre lo mismo: 100 gr. de jamón cocido y 150 gr. de queso de máquina. En anteriores ocasiones completó mi pedido antes de que lo dijera, con el fin de demostrarme lo rutinaria que estaba siendo en materia de fiambres, pero es inútil: sólo compro sus ofertas cuando hago empanadas o un tostado a la ligera. Los demás fiambres me pasan desapercibidos. Y él pide un poco más de aventura en mis listas: el desafío del matambre que se desarma, la dureza de la bondiola, la asquerosa trayectoria de la mortadela o del pastrón. La última vez, un revoleo ocular dio cuenta de su hostilidad hacia mis necesidades. Y no tuve más remedio que explicitar la situación, para dejar las cosas claras y no crear falsas expectativas.
lunes, 19 de abril de 2010
Contrato
Creo que es urgente rehacer el contrato de convivencia dentro de los colectivos. Numerosas "novedades" han surgido como para que el clásico "bajá el brazo que tu olor me voltea" sea suficiente para sobrevivir en la batalla del transporte. Algunas de estas anomalías ya han sido tratadas en este blog, pero bien vale el repaso reivindicativo. Por eso, propongo reglamentación urgente para las siguientes 10 cuestiones conflictivas:
1. Los idiotas que ponen música en el celular sin utilizar auriculares. De manera especial, sugiero una sanción ejemplificadora para los nuevos dioses del cumbiatón que asolan las unidades de diferentes líneas.
2. Los encimados que no cuidan la mínima separación entre espalda y espalda: si el colectivo está despejado en algunos sectores, ¿por qué debería tener a alguien frotándose contra mi intolerante pescuezo?
3. Los hombres desconsiderados que se sientan en su asiento pero abren las piernas de modo tal que la línea de su rodilla se extiende hasta la mitad del otro asiento.
4. Los egoístas que comparten el travesaño para sillas de ruedas —cuando no hay ninguna— y, sabiendo que 3 personas pueden recostarse bastante bien, cuando se baja una de las tres se corren para que no pase nadie más.
5. Los pegajosos que le dan besos ruidosos a sus parejas durante un viaje en hora pico.
6. Los desubicados que se paran enfrente tuyo cuando conseguiste una fracción de espacio en la zona citada en el ítem 4 y, como deciden sostenerse con el marco de la ventana —que está detrás de tu nuca—, te atraviesan su brazo todo el viaje, de tal manera que si girás la cabeza para ver la calle, te limpiás unos mocos imaginarios (o reales, se lo merecen) en su antebrazo.
7. Las maleducadas que se transforman en rugbiers cuando, en la otra punta del colectivo, advierten que un asiento se desocupa.
8. Los postes humanos que se niegan a ir más para atrás y se perpetúan en el estrecho espacio que hay entre la máquina de boletos y el asiento de enfrente.
9. Los obstáculo con pies que siempre, estén donde estén, molestan y se quedan en el medio de todo (yo suelo pertenecer a esta clase).
10. Los culopesado que, en los asientos de a 2, no se levantan para dejar paso al pasajero que estaba sentado del lado de la ventanilla y quiere bajar. Cuando me sucede a mí, el cuarto de giro para retirar solamente las rodillas les genera, si son mujeres, un culazo instantáneo que las pone al borde del desnuque y, si son hombres, un rodillazo en las piernas que se asemeja mucho a la paralítica futbolera.
Nueva ley de convivencia colectivera, por favor. La otra quedó demasiado demodeé. Cada vez somos más feroces.
1. Los idiotas que ponen música en el celular sin utilizar auriculares. De manera especial, sugiero una sanción ejemplificadora para los nuevos dioses del cumbiatón que asolan las unidades de diferentes líneas.
2. Los encimados que no cuidan la mínima separación entre espalda y espalda: si el colectivo está despejado en algunos sectores, ¿por qué debería tener a alguien frotándose contra mi intolerante pescuezo?
3. Los hombres desconsiderados que se sientan en su asiento pero abren las piernas de modo tal que la línea de su rodilla se extiende hasta la mitad del otro asiento.
4. Los egoístas que comparten el travesaño para sillas de ruedas —cuando no hay ninguna— y, sabiendo que 3 personas pueden recostarse bastante bien, cuando se baja una de las tres se corren para que no pase nadie más.
5. Los pegajosos que le dan besos ruidosos a sus parejas durante un viaje en hora pico.
6. Los desubicados que se paran enfrente tuyo cuando conseguiste una fracción de espacio en la zona citada en el ítem 4 y, como deciden sostenerse con el marco de la ventana —que está detrás de tu nuca—, te atraviesan su brazo todo el viaje, de tal manera que si girás la cabeza para ver la calle, te limpiás unos mocos imaginarios (o reales, se lo merecen) en su antebrazo.
7. Las maleducadas que se transforman en rugbiers cuando, en la otra punta del colectivo, advierten que un asiento se desocupa.
8. Los postes humanos que se niegan a ir más para atrás y se perpetúan en el estrecho espacio que hay entre la máquina de boletos y el asiento de enfrente.
9. Los obstáculo con pies que siempre, estén donde estén, molestan y se quedan en el medio de todo (yo suelo pertenecer a esta clase).
10. Los culopesado que, en los asientos de a 2, no se levantan para dejar paso al pasajero que estaba sentado del lado de la ventanilla y quiere bajar. Cuando me sucede a mí, el cuarto de giro para retirar solamente las rodillas les genera, si son mujeres, un culazo instantáneo que las pone al borde del desnuque y, si son hombres, un rodillazo en las piernas que se asemeja mucho a la paralítica futbolera.
Nueva ley de convivencia colectivera, por favor. La otra quedó demasiado demodeé. Cada vez somos más feroces.
sábado, 30 de enero de 2010
Inquietud
Pasamos por las remeras de Fido Dido, el Dinkie Dino, el Efecto 2000, el hit de queteclavoqueteclavolasombrilla y otras genialidades. La pregunta es:
¿El centrifugador de verduras es la gran mentira del verano 2010?
Yo ya regalé uno y me compré otro, aclaro.
martes, 2 de diciembre de 2008
Garantías
Yo creo que antes de impulsar el voto femenino, se tendría que haber educado a los hombres para que permitan a la mujer disfrutar y abusarse de sus nanas en el espacio doméstico.
Los derechos electorales están bien. Pero que me traigan el desayuno y limpien la casa cuando yo estoy de licencia, eso está mucho mejor.
Lo primero es lo primero.
Los derechos electorales están bien. Pero que me traigan el desayuno y limpien la casa cuando yo estoy de licencia, eso está mucho mejor.
Lo primero es lo primero.
sábado, 31 de mayo de 2008
Afecto
Debido a la irrupción de una persona insufrible en mi panorama social (cuya presencia, espero, no se extienda hasta lo exasperante), me veo obligada a formular la siguiente afirmación:
si querés sentirte como en familia, considerá a ese ser indeseable como el pavo del Día de Acción de Gracias, como el cordero de Navidad, como el pan dulce con la sidra, como la torta amarilla y blanca bien fea de las comuniones, como el asado de los domingos, es decir: como todo aquel manjar ante el que se reúnen los miembros de un grupo que parece formarse en razón del cariño.
NO HAY MEJOR SENTIDO DE COMUNIDAD QUE EL CIMENTADO SOBRE EL ODIO COLECTIVO A UN INSOPORTABLE
Nada de Imagine cantado por John,
nada de yoga descalzos adorando al senji,
nada del barato, baratísimo Osho,
nada de psychoreuniones en Acción Católica,
si querés sentirte como en familia, considerá a ese ser indeseable como el pavo del Día de Acción de Gracias, como el cordero de Navidad, como el pan dulce con la sidra, como la torta amarilla y blanca bien fea de las comuniones, como el asado de los domingos, es decir: como todo aquel manjar ante el que se reúnen los miembros de un grupo que parece formarse en razón del cariño.
martes, 15 de enero de 2008
Manjatannn
Cuando descubrís que el tema de discusión que te tocó desarrollar en un colectivo se parece mucho a los que transcurren en una película de Woody Allen, pero sin nada, absolutamente nada, de su connotación humorística, te queda un gusto raro en la mente.
Que, como todas las degustaciones, suele subsanarse con un sabor más agradable que viene después.
Que, como todas las degustaciones, suele subsanarse con un sabor más agradable que viene después.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
Complacencia
(Pareja caminando en contra de mi sentido de desplazamiento, que discute y pasea su perro simultáneamente).
(Ella) —Ya te dije que no, que no y que no. Que eso no me gustaba.
(Él) —¿Qué cosa no te gustaba?
(Ella) —Eso que ya sabés.
Las chicas deberían guardarse sus omisiones enigmáticas para cuando realmente haga falta. Si no, los escuchadores espontáneos como yo se pueden hacer una película XXX de la negativa (tal como sucedió en mi caso) y disparar su imaginación sobre los modos en que continuó esa charla. Aunque, por la expresión de hastío durativo de la chica, bien podría haberse referido a su disgusto por comer milanesas fritas cuando ella las prefiere al horno.
(Ella) —Ya te dije que no, que no y que no. Que eso no me gustaba.
(Él) —¿Qué cosa no te gustaba?
(Ella) —Eso que ya sabés.
Las chicas deberían guardarse sus omisiones enigmáticas para cuando realmente haga falta. Si no, los escuchadores espontáneos como yo se pueden hacer una película XXX de la negativa (tal como sucedió en mi caso) y disparar su imaginación sobre los modos en que continuó esa charla. Aunque, por la expresión de hastío durativo de la chica, bien podría haberse referido a su disgusto por comer milanesas fritas cuando ella las prefiere al horno.
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