3 señales de que mi actitud integral seguirá siendo tan bizarra e inconducente como antes del 18 de diciembre, día en que nació mi hija:
- En medio de la operación que la extrajo, confundí el olor a quemazón del cauterizador de mi propia carne con un interesante aroma a comida, "a calentito", para referirlo textualmente. Bendiciones alucinógenas de la anestesia y de una cesárea el domingo al mediodía.
- Estando internada, llamé al servicio de instalación de aires acondicionados para avisar que no vayan a casa porque si bien habíamos arreglado cita para el 20/12, se me había adelantado la fecha de parto y no iban a encontrar a nadie. Que disculparan.
- Cuando a la madrugada me quedo dormida y en lugar de pasar 3 horas, transcurren 4 antes de volver a darle de comer, le digo entre lágrimas: "hija, tu madre es Courtney Love, perdoná, no va a volver a pasar". Y pasa de nuevo, obvio.
- Ahora, mientras escribo esto y vuelvo al blog después de varias semanas, ella patalea despierta en el puff que está atrás mío. Todavía no me organicé para bañarla en un horario humano, y suelo sacarla a hacer trámites con la ropa con la que durmió, porque mi capacidad para armar una mañana sensata es equivalente a cero.
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lunes, 9 de enero de 2012
domingo, 2 de octubre de 2011
Amor
Hay momentos en los que los hombres deberían agradecer que su pareja no es asesina serial, porque muchas veces parecen colegialas espantadas, con remera mojada y sin soutien, que corren justo en la dirección donde van a encontrar a Jason. Hoy, luego de una sesión incontenible de reproches sobre las lealtades desequilibradas y en un momento donde disfrutaba del silencio y la concentración, viene él y me dice:
- ¿Te animás a ponerme este arito?
- ¿Eh? ¿Un arito? ¿Tenías agujerito en la oreja?
- No, por eso te lo pido; éste es un abridor y está lindo, chiquito, no?
- ¿Puedo saber quién te dio ese arito?
- Luis, que se puso uno y me dio el otro, diciéndome que como amigos que somos correspondía que usara el otro arito. ¿Me lo ponés? Acá tengo hielo.
De más está decir que califiqué de manflora, infantil y altamente inoportuna esa demanda. Desde que tengo 9 años que no juego con ninguna amiguita a la media medalla, y este pedido afrancesado de mi pareja presuntamente heterosexual me hizo confirmar mi idea sobre el opacado enamoramiento que los hombres tienen con sus mejores amigos; muchachos, alguna vez tendrán que asumirlo, y así tendrán la saludable costumbre de ponerse los abridores entre ustedes.
- ¿Te animás a ponerme este arito?
- ¿Eh? ¿Un arito? ¿Tenías agujerito en la oreja?
- No, por eso te lo pido; éste es un abridor y está lindo, chiquito, no?
- ¿Puedo saber quién te dio ese arito?
- Luis, que se puso uno y me dio el otro, diciéndome que como amigos que somos correspondía que usara el otro arito. ¿Me lo ponés? Acá tengo hielo.
De más está decir que califiqué de manflora, infantil y altamente inoportuna esa demanda. Desde que tengo 9 años que no juego con ninguna amiguita a la media medalla, y este pedido afrancesado de mi pareja presuntamente heterosexual me hizo confirmar mi idea sobre el opacado enamoramiento que los hombres tienen con sus mejores amigos; muchachos, alguna vez tendrán que asumirlo, y así tendrán la saludable costumbre de ponerse los abridores entre ustedes.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Andergüear
Hace algunos días, me compré una dotación de bombachas con estampados cambalacheros. Y a pesar de la contentura que me dio la adquisición, debo confesar que me quedé pensando en cómo quedarían colgadas de la soga y qué extraña impresión daría esa combinación de lunares, print, rayado, kittys y no sé qué más, en culottes grandotes y que hablarían mal de mí. Cuál habrá sido la intensidad de mi preocupación que, por la noche, soñé que una de las chicas-culo que publicitan los "llamá al *546colegialade30años" se mostraba con una de mis bombachas. Una grandota, de rayas y lunares, con la que invitaba (?) al espectador. Yo miraba aterrorizada y decía: "¡Qué idiota, yo tenía razón y no me quise escuchar! ¡Esas bombachas son de gato y todo el mundo las va a ver colgadas en mi soga!".
viernes, 22 de enero de 2010
Tesoro
El verano pasado, ocupaba mis espacios bizarros mirando por TV a un cronista de Crónica que, en Parque Norte, le preguntaba a las chicas pechugonas si habían venido a la pileta con sus hermanas. Parece que tanto arte lo llevó hacia algún lado no televisado, porque las notas en Parque Norte están, mas ese poeta periodístico no.
Tal el panorama, debo confesar que el 2010 me encontró un tanto desahuciada. Pero esos días terminaron: encontré mi perla de neón en el cable. Sintonicen, por favor, Fútbol Show en el canal Telemax (sólo oeste y aledaños), los domingos a la noche —los sábados también sale al aire, pero al día siguiente hace más efecto, como la fruta pasada—. Reinas del reggaetón, imitadores de lo incomprensible, felinos indescriptibles, notas con famosos clase Z y reporteros ídem, un conductor inaudito y sketches dignos del más impávido botellazo. Gracias por tanto.
Tal el panorama, debo confesar que el 2010 me encontró un tanto desahuciada. Pero esos días terminaron: encontré mi perla de neón en el cable. Sintonicen, por favor, Fútbol Show en el canal Telemax (sólo oeste y aledaños), los domingos a la noche —los sábados también sale al aire, pero al día siguiente hace más efecto, como la fruta pasada—. Reinas del reggaetón, imitadores de lo incomprensible, felinos indescriptibles, notas con famosos clase Z y reporteros ídem, un conductor inaudito y sketches dignos del más impávido botellazo. Gracias por tanto.
martes, 16 de junio de 2009
Parrilla
Estar atenta a los sucesos cotidianos (valga la contradicción) que pueden nutrir este blog, también obliga a pensar cómo se incorporarán a cada uno de los posts. Es decir, cómo lograr que la pavada que otrora pareció interesante y publicable no agrave, con su exhibición virtual, mi imagen de idiota.
Es por eso que hay muchas cosas para las que no encuentro redacción adecuada, pero creo que vale la pena consignarlas. Entonces, aquí van todos los episodios o informaciones que no tuvieron su post por limitaciones de la autora, mas no han sido olvidados ni mucho menos desvalorizados.
- Paola, una de mis hermanamigas, me contó que cuando creman a una persona no te dan exactamente sus cenizas, sino que juntan una pala llena de ese material, lo vierten en un cofrecito y lo dan en forma simbólica. Por supuesto, eso me sorprendió demasiado mal y me hizo ver cuan inútil es programar cualquier cosa para después que una extienda su extremidad.
- Una compañera de trabajo, hace algún tiempo, me pidió que consignara en el blog (no sé con cuáles fines, tal vez los de la solidaridad femenina) que trasnochó con un sujeto bien pertrechado y que no le gustó nada. Todavía no supe cómo registrar esto de una manera amena y discreta.
Es por eso que hay muchas cosas para las que no encuentro redacción adecuada, pero creo que vale la pena consignarlas. Entonces, aquí van todos los episodios o informaciones que no tuvieron su post por limitaciones de la autora, mas no han sido olvidados ni mucho menos desvalorizados.
- Paola, una de mis hermanamigas, me contó que cuando creman a una persona no te dan exactamente sus cenizas, sino que juntan una pala llena de ese material, lo vierten en un cofrecito y lo dan en forma simbólica. Por supuesto, eso me sorprendió demasiado mal y me hizo ver cuan inútil es programar cualquier cosa para después que una extienda su extremidad.
- Una compañera de trabajo, hace algún tiempo, me pidió que consignara en el blog (no sé con cuáles fines, tal vez los de la solidaridad femenina) que trasnochó con un sujeto bien pertrechado y que no le gustó nada. Todavía no supe cómo registrar esto de una manera amena y discreta.
- La extraordinaria autoestima de Zulma Lobato, a pesar de las pruebas evidentes.
- Tengo dos parientes muy especiales: uno/a será asesino serial y, el/la otro/a, esquizo.
- No puedo abrir las bolsas de nylon que dan en el supermercado.
- Trabajé un (1) día con un periodista muuuuy famoso pero asqueroso como pocos y me volví llorando en el tren hacia Lanús. Nunca más volví, nunca más llamé ni avisé de mi ausencia. Por supuesto, no se notó.
sábado, 13 de junio de 2009
Música
Cuando llegás tarde, es viernes y estás cansado/a, a veces no queda otra opción que exponer el hígado en una fonda de Flores, a cambio de un exiguo menú y precios algo discutibles (pero no mucho, dado el remanente de energía con el que se cuenta).
Si bien pensaba que tendría que afrontar:
el aceite con el que se fríen los alimentos,
la insuficiente ventilación del lugar,
la posibilidad de que no hubiera nada de lo pedido por lo avanzado de la noche,
la certeza de que caería a regañadientes sobre una milanesa a pesar de mi pretendida renuncia cárnica,
la tardanza con la que nos iban a servir en virtud de lo tarde que llegamos,
la ensalada mustia que me iba a comer,
lo rápido que nos íbamos a ir
y lo solos que nos íbamos a quedar en la parte menos glam de Av. Rivadavia, no tuve en cuenta la siguiente variable:
—¿Se escucha, se escucha? Uno, dos, tres, probando.
Un grabador en la estantería del bar (grande como cualquier comedor en un departamento de 2 ambientes), tres grupos de personas que, en sendas mesas, esperaban con júbilo y un pseudo cantante vestido con pantalón náutico (bien '90) que probaba un micrófono maula que, pese a mis plegarias, decidió funcionar.
La tiranía del cantante de bodegón o fonda se hizo presente en su versión más cruda. Tuvimos que escuchar una selección de Cacho Castaña, Sandro y Nino Bravo, matizada con estribillos escuchados en el programa de Tinelli (uf), la exhibición del hueco donde debería haber un diente —realizada por el artista, a modo de gracia—, la dramatización de un encuentro hot entre el recién mencionado y una señora en llamas que había decidido raptar al cantor (ojalá se hayan ido lejos), una original sugerencia sexual consistente en ubicar el micrófono en diagonal a la altura de los genitales y un estribillo de murga, entonado por una comensal murguera (ya charlamos sobre esto), con la melodía de Café La Humedad.
Encima, los que pagamos fuimos nosotros.
La tiranía del cantante de bodegón, que amerita transformarse en categoría, es una de las plagas que asolan a Buenos Aires de noche. En cada restaurant que parece ameno, familiar y económico, el tercer tenedorazo hambriento sufre el embate de un acorde de guitarra que anuncia la pesadilla. Después de eso, Naranjo en flor a los gritos en el oído, Si te agarro con otro te mato en clave seductoragresiva o Libre a la hora del flan, son sólo formas de un mismo fenómeno espeluznante.
Si bien pensaba que tendría que afrontar:
el aceite con el que se fríen los alimentos,
la insuficiente ventilación del lugar,
la posibilidad de que no hubiera nada de lo pedido por lo avanzado de la noche,
la certeza de que caería a regañadientes sobre una milanesa a pesar de mi pretendida renuncia cárnica,
la tardanza con la que nos iban a servir en virtud de lo tarde que llegamos,
la ensalada mustia que me iba a comer,
lo rápido que nos íbamos a ir
y lo solos que nos íbamos a quedar en la parte menos glam de Av. Rivadavia, no tuve en cuenta la siguiente variable:
—¿Se escucha, se escucha? Uno, dos, tres, probando.
Un grabador en la estantería del bar (grande como cualquier comedor en un departamento de 2 ambientes), tres grupos de personas que, en sendas mesas, esperaban con júbilo y un pseudo cantante vestido con pantalón náutico (bien '90) que probaba un micrófono maula que, pese a mis plegarias, decidió funcionar.
La tiranía del cantante de bodegón o fonda se hizo presente en su versión más cruda. Tuvimos que escuchar una selección de Cacho Castaña, Sandro y Nino Bravo, matizada con estribillos escuchados en el programa de Tinelli (uf), la exhibición del hueco donde debería haber un diente —realizada por el artista, a modo de gracia—, la dramatización de un encuentro hot entre el recién mencionado y una señora en llamas que había decidido raptar al cantor (ojalá se hayan ido lejos), una original sugerencia sexual consistente en ubicar el micrófono en diagonal a la altura de los genitales y un estribillo de murga, entonado por una comensal murguera (ya charlamos sobre esto), con la melodía de Café La Humedad.
Encima, los que pagamos fuimos nosotros.
La tiranía del cantante de bodegón, que amerita transformarse en categoría, es una de las plagas que asolan a Buenos Aires de noche. En cada restaurant que parece ameno, familiar y económico, el tercer tenedorazo hambriento sufre el embate de un acorde de guitarra que anuncia la pesadilla. Después de eso, Naranjo en flor a los gritos en el oído, Si te agarro con otro te mato en clave seductoragresiva o Libre a la hora del flan, son sólo formas de un mismo fenómeno espeluznante.
jueves, 14 de mayo de 2009
Pasajeras
Recién ahora entiendo que la fineza devaluada de mis últimos posts —especialmente el de la farmacia— era tan sólo una premonición web de lo que vendría. Yo creía que los viajes más caóticos que podía llegar a vivir eran los que realizaba con mi familia hasta Santa Fe, en auto, en los que podían alternarse porciones de tarta de verdura, perros caminando por los asientos, mochilas obstructivas, fastidio circundante después de las 5 hs. y kilómetros que parecían de chicle porque nunca se terminaban.
Pero no.
Con la amiga Magui viajamos en un bus experiencial desde Asunción a Buenos Aires. Días antes, como es obvio, habíamos completado el trayecto inverso, pero lo que nos interesa escribir a las dos —pues ella ya ha realizado la crónica pertinente en Se Acabó lo que se Daba— es el Decálogo del Regreso.
1. La matemática sufrió un cisma en su historia antiquísima al descubrir que 2 asientos no se corresponden con 2 personas, sino con 3, con 4 y, mediando el disimulo, hasta con 5.
2. Mientras tanto, el tualé demostró una justa inflexibilidad al resistir los embates del organismo sólo en la medida de los pasajes vendidos, por lo que el remanente humano nos destrozó el sanitario cuando ni siquiera habíamos pasado Formosa.
3. Los niños volvieron a darnos la razón sobre que hay que esperar a los 18 años no sólo para que voten y manejen autos, sino también para que viajen solos, sin los insoportables de sus padres, y dejen dormir al resto.
4. Un bebé engripado, afiebrado y flemoso nos acompañó con sus gorjeos durante toda la noche.
5. Un museo de pañales devastados surgió del piso para confirmarnos que teníamos el territorio tomado.
6. Las dos películas seleccionadas para nuestra convivencia harto involuntaria se leían mal y duraron 1/2 hora más de lo previsto.
7. La cena (milanesa frita fría con arroz blanco y seco) era una trampa para el sistema gastrointestinal, de la que pudimos salir airosas.
8. El desayuno era de lo más triste que he recibido, y creo haber aclarado alguna vez lo importante que es para mí esa comida del día.
9. El almuerzo improvisado por algunos pasajeros concentraba tanto ajo que creí que me iba a achicharrar como una vampira contra la ventanilla. Creo haber sugerido, también, que detesto el ajo con todas las fuerzas de mi gula culinaria.
10. Las desesperantes migas fueron el denominador común de mi sueño, mi vigilia y mi espera.
Pese a todo, me reí tanto que escribo este post.
(Si quieren seguir leyendo, en Se acabó... estará el reporte-espejo de esta travesía)
Pero no.
Con la amiga Magui viajamos en un bus experiencial desde Asunción a Buenos Aires. Días antes, como es obvio, habíamos completado el trayecto inverso, pero lo que nos interesa escribir a las dos —pues ella ya ha realizado la crónica pertinente en Se Acabó lo que se Daba— es el Decálogo del Regreso.
1. La matemática sufrió un cisma en su historia antiquísima al descubrir que 2 asientos no se corresponden con 2 personas, sino con 3, con 4 y, mediando el disimulo, hasta con 5.
2. Mientras tanto, el tualé demostró una justa inflexibilidad al resistir los embates del organismo sólo en la medida de los pasajes vendidos, por lo que el remanente humano nos destrozó el sanitario cuando ni siquiera habíamos pasado Formosa.
3. Los niños volvieron a darnos la razón sobre que hay que esperar a los 18 años no sólo para que voten y manejen autos, sino también para que viajen solos, sin los insoportables de sus padres, y dejen dormir al resto.
4. Un bebé engripado, afiebrado y flemoso nos acompañó con sus gorjeos durante toda la noche.
5. Un museo de pañales devastados surgió del piso para confirmarnos que teníamos el territorio tomado.
6. Las dos películas seleccionadas para nuestra convivencia harto involuntaria se leían mal y duraron 1/2 hora más de lo previsto.
7. La cena (milanesa frita fría con arroz blanco y seco) era una trampa para el sistema gastrointestinal, de la que pudimos salir airosas.
8. El desayuno era de lo más triste que he recibido, y creo haber aclarado alguna vez lo importante que es para mí esa comida del día.
9. El almuerzo improvisado por algunos pasajeros concentraba tanto ajo que creí que me iba a achicharrar como una vampira contra la ventanilla. Creo haber sugerido, también, que detesto el ajo con todas las fuerzas de mi gula culinaria.
10. Las desesperantes migas fueron el denominador común de mi sueño, mi vigilia y mi espera.
Pese a todo, me reí tanto que escribo este post.
(Si quieren seguir leyendo, en Se acabó... estará el reporte-espejo de esta travesía)
domingo, 22 de marzo de 2009
Genitales2
Aviso: con el correr de los días, la pertinencia de este post se hizo más débil, pero una saga es una saga, una promesa es una promesa, y de nada sirve un "Genitales1" sin un "Genitales2" después, así que habrá que sobrellevar las líneas que siguen con glamour y estoicismo.
Cualquier persona que haya ido más de 2 meses a gimnasia, sabe que el horario de la mediatarde es funesto, porque en esa conjunción espaciotemporal se reúne lo peor de lo peor de las amas de casa —que se entremezcla con las estudiantes full time y con las paracaidistas como yo que trabajan a cualquier hora. A pesar de tener ese horario libre algunas veces, lo esquivo todo lo que puedo porque sé que el dolor de los músculos no será nada al lado de las lesiones cerebrales que 55' de convivencia me pueden ocasionar. No obstante, la meta de hacer 3 clases por semana debe cumplirse a toda cosa; por eso, me fui enyoguizada a la cita de las 14 hs. para zarandear mi anatomía flanera.
El umbral de inteligencia de las conversaciones, nunca demasiado alto, se vuelve subterráneo cuando esas fanáticas de Baby Etchecopar —que ven la revolución en las marchas por la inseguridad y hacen step como si tuvieran un problema neurológico-motriz porque "la gorda de adelante no me deja hacer bien el paso"— terminan la rutina aeróbica y toman sus colchonetas/pesas. Esos 2' se vuelven cruciales para la vida humana, pues todo, TODO, depende del silencio que se pueda mantener, como si de un manantial en el desierto se tratara. Si ese velo sutil e imprescindible se descorre, suceden cosas como ésta:
—Chicas, es increíble, pero me salió una cana ahí abajo.
Esta observación mortal, no sólo era inconmensurable en su valor social por sí misma, sino que desencadenó una catarata de comentarios sobre la necesidad de depilarse en profundidad para evitar esas molestas marcas de la falta de pigmentación, de lo bien que hacen los hombres en acogerse a la moda de la depilación, de cuan cómodas se hacen las gestiones sexuales cuando ellos eligen la versión estética y lampiña de sus cuerpos y muchos otros comentarios al estilo de: "Cuando te depilás toda, como Dios te trajo al mundo, te sentís mucho más limpia. A mí me dijo la ginecóloga que eso hacía que más bacterias pudieran entrar, pero igual yo me depilo toda por higiene", que condensaban contradicción y un cúmulo de información innecesaria que me estaba achicharrando las pocas neuronas que me quedan.
Luego de esos minutos de psicoagonía, sucedieron los abdominales, los ejercicios de glúteos y, durante el estiramiento, cuando creí que nada podía ser peor, alguien dice: "El martes 24 de marzo es feriado, ¿qué se festeja?", para que otra responda "Las Malvinas, se festejan las Malvinas"*.
Chan, chan.
* Debo recordar que esa mujer es la misma que me comentó que le daba vergüenza venir en calzas porque, en la calle, "los bolivianos que están en las obras de construcción te dicen 'quiero hacer el amor con vos'". Notable la propuesta poética de los amigos andinos —yo siempre creí que esas invitaciones utilizaban otro lenguaje metafórico—, sobre todo teniendo en cuenta la destinataria.
Cualquier persona que haya ido más de 2 meses a gimnasia, sabe que el horario de la mediatarde es funesto, porque en esa conjunción espaciotemporal se reúne lo peor de lo peor de las amas de casa —que se entremezcla con las estudiantes full time y con las paracaidistas como yo que trabajan a cualquier hora. A pesar de tener ese horario libre algunas veces, lo esquivo todo lo que puedo porque sé que el dolor de los músculos no será nada al lado de las lesiones cerebrales que 55' de convivencia me pueden ocasionar. No obstante, la meta de hacer 3 clases por semana debe cumplirse a toda cosa; por eso, me fui enyoguizada a la cita de las 14 hs. para zarandear mi anatomía flanera.
El umbral de inteligencia de las conversaciones, nunca demasiado alto, se vuelve subterráneo cuando esas fanáticas de Baby Etchecopar —que ven la revolución en las marchas por la inseguridad y hacen step como si tuvieran un problema neurológico-motriz porque "la gorda de adelante no me deja hacer bien el paso"— terminan la rutina aeróbica y toman sus colchonetas/pesas. Esos 2' se vuelven cruciales para la vida humana, pues todo, TODO, depende del silencio que se pueda mantener, como si de un manantial en el desierto se tratara. Si ese velo sutil e imprescindible se descorre, suceden cosas como ésta:
—Chicas, es increíble, pero me salió una cana ahí abajo.
Esta observación mortal, no sólo era inconmensurable en su valor social por sí misma, sino que desencadenó una catarata de comentarios sobre la necesidad de depilarse en profundidad para evitar esas molestas marcas de la falta de pigmentación, de lo bien que hacen los hombres en acogerse a la moda de la depilación, de cuan cómodas se hacen las gestiones sexuales cuando ellos eligen la versión estética y lampiña de sus cuerpos y muchos otros comentarios al estilo de: "Cuando te depilás toda, como Dios te trajo al mundo, te sentís mucho más limpia. A mí me dijo la ginecóloga que eso hacía que más bacterias pudieran entrar, pero igual yo me depilo toda por higiene", que condensaban contradicción y un cúmulo de información innecesaria que me estaba achicharrando las pocas neuronas que me quedan.
Luego de esos minutos de psicoagonía, sucedieron los abdominales, los ejercicios de glúteos y, durante el estiramiento, cuando creí que nada podía ser peor, alguien dice: "El martes 24 de marzo es feriado, ¿qué se festeja?", para que otra responda "Las Malvinas, se festejan las Malvinas"*.
Chan, chan.
* Debo recordar que esa mujer es la misma que me comentó que le daba vergüenza venir en calzas porque, en la calle, "los bolivianos que están en las obras de construcción te dicen 'quiero hacer el amor con vos'". Notable la propuesta poética de los amigos andinos —yo siempre creí que esas invitaciones utilizaban otro lenguaje metafórico—, sobre todo teniendo en cuenta la destinataria.
viernes, 12 de diciembre de 2008
Mostrador
Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Muchacha con escote prominente y labios rosa caniche que me atiende.
—¿Qué libro buscás?
—Nacimiento de la biopolítica.
—¿Quién es el autor?
(Primer indicio de fiasco: sería muy raro que un/a bibliotecario/a pregunte el autor de un título y de un concepto tan difundido)
—¿Lo buscaste en el catálogo?
—Sí en el online pero...
—Ah, entonces si no estaba ahí...
—No, pero como tienen muchos libros de Foucault, quería corroborar si de verdad no lo tenían.
— A ver, esperá... ¿Quién me dijiste que era el autor?
(Segundo fiasco: un/a verdadero/a bibliotecario/a no pregunta dos veces el mismo dato y trata de demostrar cómo él puede superar las indicaciones propias de un registro virtual. Ellos estudiaron varios años, el archivo web no)
—...
—...
—...
—...
(Tercer fiasco: un/a bibliotecario/a con conocimientos del lugar donde trabaja no vuelve a fijarse en el catálogo online que vos revisaste recién. Utiliza su vía exclusiva: ir a las estanterías o fijarse en otro registro interno)
—Mmmmh, acá tengo Nacimiento de la política, pero es de otro autor.
—Chau.
(Cuarto fiasco: el "otro autor" es Moses Finley)
Por favor, que alguien quite el requisito de felación para seleccionar personal para la biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales. Seguramente hay muchos diplomados —y muchos consultantes, como yo— que pueden salir más airosos de esta simple búsqueda bibliográfica.
—¿Qué libro buscás?
—Nacimiento de la biopolítica.
—¿Quién es el autor?
(Primer indicio de fiasco: sería muy raro que un/a bibliotecario/a pregunte el autor de un título y de un concepto tan difundido)
—¿Lo buscaste en el catálogo?
—Sí en el online pero...
—Ah, entonces si no estaba ahí...
—No, pero como tienen muchos libros de Foucault, quería corroborar si de verdad no lo tenían.
— A ver, esperá... ¿Quién me dijiste que era el autor?
(Segundo fiasco: un/a verdadero/a bibliotecario/a no pregunta dos veces el mismo dato y trata de demostrar cómo él puede superar las indicaciones propias de un registro virtual. Ellos estudiaron varios años, el archivo web no)
—...
—...
—...
—...
(Tercer fiasco: un/a bibliotecario/a con conocimientos del lugar donde trabaja no vuelve a fijarse en el catálogo online que vos revisaste recién. Utiliza su vía exclusiva: ir a las estanterías o fijarse en otro registro interno)
—Mmmmh, acá tengo Nacimiento de la política, pero es de otro autor.
—Chau.
(Cuarto fiasco: el "otro autor" es Moses Finley)
Por favor, que alguien quite el requisito de felación para seleccionar personal para la biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales. Seguramente hay muchos diplomados —y muchos consultantes, como yo— que pueden salir más airosos de esta simple búsqueda bibliográfica.
lunes, 1 de septiembre de 2008
Osezno
En estos fines de semana en los que me levanto muy tarde, conciliar el sueño a una hora decente los domingos se vuelve una tarea un tanto ingrata. Por eso, ayer, cuando sabía que me quedaban sólo 5,30 horas de sueño y seguía despierta, las ovejas no vinieron a mí pero sí otro tipo de animal. Más específicamente, me asaltó el siguiente pensamiento:
¿ALGUIEN SABE CÓMO ERA EL FUNCIONAMIENTO INTERACTIVO DEL OSITO TEDDY?
Estoy segura de que era una maravilla tecnológica para que el televisor (o la televisión) nos sorprendiera una vez más, pero no recuerdo de qué se trataba ni cuál era el canal que lo promocionaba. Sé que el HarveyDosCaras Raúl Portal lo promocionaba, y eso no me huele muy bien. Pero si alguien puede aportar información, lo agradecería, así hoy podré dormirme más rápido.
¿ALGUIEN SABE CÓMO ERA EL FUNCIONAMIENTO INTERACTIVO DEL OSITO TEDDY?
Estoy segura de que era una maravilla tecnológica para que el televisor (o la televisión) nos sorprendiera una vez más, pero no recuerdo de qué se trataba ni cuál era el canal que lo promocionaba. Sé que el HarveyDosCaras Raúl Portal lo promocionaba, y eso no me huele muy bien. Pero si alguien puede aportar información, lo agradecería, así hoy podré dormirme más rápido.
lunes, 19 de mayo de 2008
Catódico
Ahora que no tengo tanto tiempo consumido en estudiar, puedo dedicarme por microrratos a una afición que debería ser totalmente subterránea: mirar programas bizarros en la tele por cable. El único problema es que mis recomendaciones son retroactivas: como no puedo saber qué es lo que va a salir, mis comentarios siempre son relacionados con temas que ya salieron y que difícilmente puedan los demás ver. Sin embargo, dada la calidad estilística de esas joyas, es de esperar que sigan con su proyecto televisivo en las mismas condiciones, así que nada se pierde con sintonizar a la hora señalada el canal indicado.
1. "Teología para todos", domingos a las 18 hs.
Emisora: Canal de María (o algo así: es el 2 de Telecentro).
Qué es lo que vi: un curso de teología impartido por un sacerdote y un extraño especimen humano femenino al que le habían puesto una mesita de vidrio para que no se despatarre y muestre su ropa interior. El sacerdote dictaba una clase sobre el noviazgo y la tentación (¿de comer facturas, padre?), mientras el cyborg bíblico leía consejos de una presentación de power point. Según lo que aprendí, el novio tiene que ser trabajador, puntual, serio y saber ponerle los límites a la mujer cuando ésta se pone toquetona. Ella, en tanto, debe ser sumisa, femenina, modosita y saber decir "no" a tiempo, o incluso antes.
Lo extraño es que al sacerdote, en un esfuerzo de empatía, siempre se equivocaba y, en lugar de decir: "si él quiere tener relaciones sexuales antes del matrimonio...", explicaba: "si yo quiero, ejem, si él quiere tener relaciones sexuales antes del matrimonio...".
2. "Mujer", de lunes a viernes a las 14 ó 14,30 hs.
Emisora: Canal de las Estrellas (México)
Qué es lo que vi: una historia de la vida misma representada por lloriqueantes actores que, más o menos, era así:
Al volver al piso, la presentadora dice: "Ella ha aprendido el valor de la lección; hay errores que se pagan muy caro".
Como el post se está haciendo muy largo, continuaré con otra perlita a la que le estoy haciendo el seguimiento desde hace un tiempo, pero merece más líneas de las que le podría dedicar ahora, que ya me cansé de mi crítica televisiva.
1. "Teología para todos", domingos a las 18 hs.
Emisora: Canal de María (o algo así: es el 2 de Telecentro).
Qué es lo que vi: un curso de teología impartido por un sacerdote y un extraño especimen humano femenino al que le habían puesto una mesita de vidrio para que no se despatarre y muestre su ropa interior. El sacerdote dictaba una clase sobre el noviazgo y la tentación (¿de comer facturas, padre?), mientras el cyborg bíblico leía consejos de una presentación de power point. Según lo que aprendí, el novio tiene que ser trabajador, puntual, serio y saber ponerle los límites a la mujer cuando ésta se pone toquetona. Ella, en tanto, debe ser sumisa, femenina, modosita y saber decir "no" a tiempo, o incluso antes.
Lo extraño es que al sacerdote, en un esfuerzo de empatía, siempre se equivocaba y, en lugar de decir: "si él quiere tener relaciones sexuales antes del matrimonio...", explicaba: "si yo quiero, ejem, si él quiere tener relaciones sexuales antes del matrimonio...".
2. "Mujer", de lunes a viernes a las 14 ó 14,30 hs.
Emisora: Canal de las Estrellas (México)
Qué es lo que vi: una historia de la vida misma representada por lloriqueantes actores que, más o menos, era así:
Viven dos hermanas en un departamento muy chico, muy chico, con el marido de una de ellas;
La hermana soltera seduce al marido ajeno y logra llevarlo hacia su cuarto con el desenlace que todos sabemos;
Queda embarazada;
Llora;
Grita;
Le cuenta a su amante;
El amante decide decirle todo a su mujer;
La mujer llora y grita también, pero tiene un plan, que no se cuenta pero se nota en su mirada;
Deja que su hermana viva su embarazo en la casa;
La acompaña cuando da a luz una nena;
Recibe a la bebé en sus brazos y la trae a su casa, con su marido;
La hermana traidora pide tenerlo en sus brazos y en ese momento se entera de que su hermana ha decidido robarle a su niño y echarla, todo en 5';
La hermana traidora termina trabajando en un prostíbulo, ebria, diciéndole a sus clientes que ha perdido lo único que quería en la vida: su hija.
Como el post se está haciendo muy largo, continuaré con otra perlita a la que le estoy haciendo el seguimiento desde hace un tiempo, pero merece más líneas de las que le podría dedicar ahora, que ya me cansé de mi crítica televisiva.
miércoles, 6 de febrero de 2008
GuiaT
Luego de transcurridos cuatro días en el nuevo barrio, resolví que era hora de hacer una entrada para el blog desde un locutorio, porque el revival de buscar locales de internet por las calles es una constante de las mudanzas. En estos días de transición, hasta que llegue la conexión hogareña, es cuando una se da cuenta cuan dependiente se hizo de varias cosas intrascendentes.
En estas 96 horas de estadía encontré:
- Muchos, pero muchos, negocios que venden inodoros como si fueran piezas de colección, exhibidos en vitrinas gigantes y observados por potenciales compradores que se colocan en posición de ángulo agudo, con la cabeza casi inmersa en la taza sanitaria y sus glúteos en alto, orondos y contentos, de frente a la vidriera. Los comerciantes, que saben, eligen una posición mucho más elegante: se sientan en la bañera o en el bidet que acompaña el juego. Por lo tanto, con sólo un vistazo se puede deducir quién busca y quién ofrece.
- Un gimnasio cercano cuya clase de gimnasia más publicitada se anuncia con una foto en la que salen varios alumnos lidiando con sendos steps. Si contamos sólo las personas que entran en el cuadro fotográfico, suman la edad de la Tierra. Ergo: no me queda otra que inscribirme en el maldito abono con aparatos. Me encanta que todos hagamos gimnasia, pero a este paso no voy a poder bajar nunca los kilos que gano sobre la base de harinas varias, mi perdición alimentaria.
- Un locutorio con internet en el que, apenas entré a la carpeta "Archivos recibidos" para guardar mi archivo, encontré varias fotos de muchachos lookeados como si estuvieran en el Harlem y señalando a cámara como los galanes jóvenes de la cumbia. Al final de esa sesión, una chica en topless, posando para una foto casera. Supongo que una involuntaria exposición de este estilo le habrá pasado a la protagonista de High School Musical, pero con las salvedades que impone estar, en este caso, 8 cuadras al sur de Avenida Rivadavia. En el caso de esta chica, quién sabe, tal vez la encuentre el sátiro que busca modelos para desfiles de TV y nosequemás (sí... el inmortal Hugo Campos). En fin, cuidado con lo que dejan en las carpetas de locales de Internet: me parece que es mentira que borran todo en cuanto suspenden la conexión del cliente.
En estas 96 horas de estadía encontré:
- Muchos, pero muchos, negocios que venden inodoros como si fueran piezas de colección, exhibidos en vitrinas gigantes y observados por potenciales compradores que se colocan en posición de ángulo agudo, con la cabeza casi inmersa en la taza sanitaria y sus glúteos en alto, orondos y contentos, de frente a la vidriera. Los comerciantes, que saben, eligen una posición mucho más elegante: se sientan en la bañera o en el bidet que acompaña el juego. Por lo tanto, con sólo un vistazo se puede deducir quién busca y quién ofrece.
- Un gimnasio cercano cuya clase de gimnasia más publicitada se anuncia con una foto en la que salen varios alumnos lidiando con sendos steps. Si contamos sólo las personas que entran en el cuadro fotográfico, suman la edad de la Tierra. Ergo: no me queda otra que inscribirme en el maldito abono con aparatos. Me encanta que todos hagamos gimnasia, pero a este paso no voy a poder bajar nunca los kilos que gano sobre la base de harinas varias, mi perdición alimentaria.
- Un locutorio con internet en el que, apenas entré a la carpeta "Archivos recibidos" para guardar mi archivo, encontré varias fotos de muchachos lookeados como si estuvieran en el Harlem y señalando a cámara como los galanes jóvenes de la cumbia. Al final de esa sesión, una chica en topless, posando para una foto casera. Supongo que una involuntaria exposición de este estilo le habrá pasado a la protagonista de High School Musical, pero con las salvedades que impone estar, en este caso, 8 cuadras al sur de Avenida Rivadavia. En el caso de esta chica, quién sabe, tal vez la encuentre el sátiro que busca modelos para desfiles de TV y nosequemás (sí... el inmortal Hugo Campos). En fin, cuidado con lo que dejan en las carpetas de locales de Internet: me parece que es mentira que borran todo en cuanto suspenden la conexión del cliente.
lunes, 23 de julio de 2007
Jámle
"Listo pero con errores en la página"... ¿por qué? ¿Eh?
Difundir el blog, o no difundirlo... that is the question.
Si lo dejo para escribir(me), tarde o temprano me voy a aburrir de que no haya intercambio, sólo una voz unidireccional (encima, la mía), y tal vez no vuelva a realizar ninguna entrada.
Si, en cambio, lo difundo, entonces tendré que cuidar el tenor de mis comentarios, pues cualquiera podría ingresar, leer y malinterpretar mis soporíferas reflexiones. Por ejemplo, cuando escribí sobre parecerme a mi madre, enseguida pensé que ella se sentiría mal si lo lee, consideraría que yo la esquivo como imagen, y demás. Explicarle de manera personal, en una conversación, lo que quise expresar, sería sumar una exposición más a la larga serie de disertaciones defensivas que tuve y tengo que realizar frente al tribunal genealógico.
Sin embargo, si no escribo sobre las interacciones de mi vida cotidiana, ¿sobre qué voy a escribir? Mis meditaciones nunca son demasiado interesantes ni profundas y, a decir verdad, siempre odié a la gente que quiere aparentar ser más interesante de lo que es. En esa intención se le escurren los miligramos de encanto con los que contaban hace pocos segundos.
Así que, si alguien se siente aludido con alguna de estas cosas, considere que siempre es mejor que las escriba sin nombre, a que las comente justo frente a su hermano, su novia, su enemigo... Porque —y eso será tema de otra entrada—, me especializo en cometer errores bizarros frente a las personas menos indicadas.
Difundir el blog, o no difundirlo... that is the question.
Si lo dejo para escribir(me), tarde o temprano me voy a aburrir de que no haya intercambio, sólo una voz unidireccional (encima, la mía), y tal vez no vuelva a realizar ninguna entrada.
Si, en cambio, lo difundo, entonces tendré que cuidar el tenor de mis comentarios, pues cualquiera podría ingresar, leer y malinterpretar mis soporíferas reflexiones. Por ejemplo, cuando escribí sobre parecerme a mi madre, enseguida pensé que ella se sentiría mal si lo lee, consideraría que yo la esquivo como imagen, y demás. Explicarle de manera personal, en una conversación, lo que quise expresar, sería sumar una exposición más a la larga serie de disertaciones defensivas que tuve y tengo que realizar frente al tribunal genealógico.
Sin embargo, si no escribo sobre las interacciones de mi vida cotidiana, ¿sobre qué voy a escribir? Mis meditaciones nunca son demasiado interesantes ni profundas y, a decir verdad, siempre odié a la gente que quiere aparentar ser más interesante de lo que es. En esa intención se le escurren los miligramos de encanto con los que contaban hace pocos segundos.
Así que, si alguien se siente aludido con alguna de estas cosas, considere que siempre es mejor que las escriba sin nombre, a que las comente justo frente a su hermano, su novia, su enemigo... Porque —y eso será tema de otra entrada—, me especializo en cometer errores bizarros frente a las personas menos indicadas.
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