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domingo, 11 de diciembre de 2011

Preludios

Hoy subí al estudio, la busqué y la encontré. Venía pensando hace días en que quería escribir sobre ella y estaba esperando al 10 de diciembre, pero bueno, los fines de semana largos también son feriados de blogs muchas veces, y aquí estoy, anotando esto el 11, 5 años y 1 día después de que Virginia se tomó el buque —sí, el mismo que se tomó Pinochet, por lo que estimo que ese nefasto señor empezó su castigo desde el control de arribos; mi abuela era una mujer de temer.
Decía, que busqué y encontré unas fotos pequeñas, en sepia, que la retratan linda y joven en algún fin de semana campestre y fluvial, con galanes a su alrededor, amigas, un muelle con catamarán, y vistiendo un regio conjunto de pantalón y blusa que la hacía ver un poco más voluptuosa, justo para ella que siempre fue delgada y pequeña. La escaneé para publicarla y no me salió: los eternos problemas de extensión de archivos que nunca son compatibles no sólo con lo que uno quiere hacer, sino con esa ansiedad que nos lleva a mostrar lo que siempre debe quedar un poco guardado y escondido. Así que no pude subir la foto —la verdad, a ella no le hubiera gustado ni un poco— pero viéndolas una y otra vez (son tres), me di cuenta de que los diciembres, un mes que siempre hemos catalogado como terrible en la familia, en verdad fueron preludios de veranos lindos para Virginia alguna vez y, para mí, ahora representarán la época de cambio más grande y disfrutable que se pueda tener. Era cuestión de tiempo, y de nuevo (por suerte) las dos volvemos a entendernos.

martes, 7 de septiembre de 2010

Naftalina

Parece bastante sencillo: a qué hora, dónde, y salir. Sin embargo, en una personalidad como la mía, y un estado fuera de estado como el mío, las complicaciones pueden multiplicarse hasta lo insoportable. Salir a un bar bailable, a un boliche-bar, a un bar donde la gente se mueve, como sea que se diga, asume ribetes inexplicables y claramente excluyentes.
Esta situación comienza cuando decidimos, con mi gran amiga Solterita, darnos una noche de dancing. Ella está un poco más integrada a ese tipo de cuestiones —tal como puede evidenciarse en su alias virtual y en su espíritu incorruptible para las salidas—, pero a mí se me van volviendo un tanto ríspidas. Esto fue francamente inocultable en los siguientes 5 momentos de oro que paso a relatar:
1. Elección de ropa: hasta hace algunos años, esta actividad sólo tenía una complicación: qué, de todo lo que tenía, tenía ganas de usar o me ocultaba la panza y/o la cadera inadecuada. Ahora, este interrogante pasó a descubrir en qué lugar del guardarropa hay algo que simule ser nocturno y bolichero. Nada. ¿Lo regalé todo? ¿Nunca lo tuve en verdad? ¿Lo perdí? Solución: ponerse la infalible remera negra que me regaló mi madre y un jean "sentador" que suspenda la exploración infructuosa. Lo mismo que te podés poner a la mañana para ir a una entrevista de trabajo, a la tarde para tomar mate con una amiga, o a la noche a un cumpleaños familiar.
2. Tratamiento de la miopía: calculando que desde los 10 años uso anteojos, llevarlos de fiesta no es un problema para mí. Sin embargo, he de asumir que la cercanía de los 30 hace que los anteojos no me queden interesantes, sino más bien aburridos. Después de todo, para algo tengo los lentes de contacto. Intenté ponérmelos durante 1/2 hora, perdí uno, lo busqué durante 20 minutos y lo encontré adherido al frasco de solución salina, duro como un ojo de vidrio. "La vida te ha hecho miope, terminá de asumirlo", le dije a mi cara, y los anteojos supieron que tenían otra vez trabajo.
3. Llenado de la cartera: teniendo en cuenta que cualquier viaje de más de 1/2 hora demanda una lectura para pasar el rato, es obvio que tengo que llevarme un libro para soportar la llegada al dichoso lugar. Así es que, mientras las ladies de todo el colectivo sólo tenían un regio bolsillo para guardar el gloss, yo me llevé un lindo bolsito que contenía libro (ya mencionado), estuche para los anteojos, alcohol en gel, caramelos, celular, billetera, monedero y una polera que sabe doblarse bien, lo que constituye el siguiente punto de mi derrota.
4. Abrigo: si bien nunca he podido soportar el frío de la madrugada —me fastidia, me da sueño y me desespera—, debo confesar que he aumentando mi reticencia a enfriarme el cuerpecito por no llevar ropa de más. Entonces, visto con la camiseta de mi madre, un pulóver y la campera pero, por las dudas, también llevo la referida polera en la inmensa cartera que elegí para la ocasión. Se podrán imaginar la pirámide textil de Keops que formé cuando decidí empezar a desabrigarme al son de Madonna.
5. Horario: las 4 am es el momento en que la cabeza se me vuelve calabaza. Es así. Intenté flexibilizarme, hacer como que no me doy cuenta de la hora, pero siempre que miro el reloj asumiendo que el ciclo se ha cumplido, son las 3:30. Eso indica que, para mi organismo, lo ideal es ir abrigándose y partiendo hacia la próxima parada de colectivos o hacia el taxi más oportuno. Eso es claramente contraproducente con las teorías que afirman que a esa hora comienza la fiesta. Si es así, yo suelo irme cuando recién están sirviendo las fetas de queso. Y si se pasa el gong, cada minuto le agrega 5 kilos de mala onda a mi apariencia y a mi carácter.

Organismo desoído, mis más sinceras disculpas. Ambos sabemos de nuestro peculiar carácter. Sin embargo, la amistad y el revival lo pueden todo, a veces.

domingo, 23 de mayo de 2010

Opinionismo

—Lo que pasa es que en esa época había movilidad social, en cambio ahora...
—Sí.
—No, bueno: no es nuestro caso, no es nuestro caso.
—Ajá.
—No, porque nuestros hijos están becados, son muy estudiosos, ellos sí.
—Mmmh.
—Pero no digo movilidad de dinero, eso no. Digo ascenso del otro.

—Qué terrible, me encontré con un montón de defensores del gobierno. Tampoco me daba para ponerme tan en contra.
—Lo que pasa es que ella no invitó a Cobos a la ceremonia, y es cualquier cosa. Es el vicepresidente: no precisa ni invitación, tiene que ir sí o sí.
—Claro, es un papelón. Bueno, el libro de Redrado te da una idea del lío que es eso. ¿Lo leíste?
—No, ¿está bueno?
—No, yo no, pero mi papá sí, que le gusta leer. Yo leí el libro de Duhalde, y ahí te dice bastante.

—¡Cuánta gente! Y eso que es sábado.
—Parece que fuera lunes a la mañana.
—No, creo que no hay tanta gente para trabajar como para ir a festejar a la 9 de julio.

Conversaciones sobre el Bicentenario, en camino hacia los festejos del susodicho.

domingo, 28 de marzo de 2010

Tarascón

Tal vez sea mi 2012 maya anticipado, un cambio de era sólo para mí, pero lo cierto es que se terminó la filantropía canina que me acompaña por las calles.
El viernes me mordió un perro callejero grandote y me dejó un hueco divino, apto para lapicero o para papel enrollado que se puede leer en 50 años —conmigo viva o muerta—, en la parte de atrás del brazo.
7 días de vacunas, 2 días de refuerzos, antibióticos y antiinflamatorios. Sin embargo, estaba convencida de que la rabia igual me había llegado cuando vi en la TV:

  • Standaperos por Telemax (gracias M. por el dato de su existencia).
  • La producción de Wojtyla, el musical, hecha por unos scouts católicos que cumplieron 40 y no saben qué hacer con su inutilidad.
  • La presentación de Breeders, el negocio de unos grasas de Patio Bullrich que matan animales hermosos para hacer tapados horribles, presentado por Leticia "Muñeca" Carosella en Chic (hagan como que escriben en el aire, que ése es el código de la gente bián que actúa pásimo).
  • Una entrevista de Anabela Ascar a Alejandra, una pintoresca meretriz vestida como Madonna en los 80 que pasó por "todo", pero que conoció la superación espiritual cuando, a mediados de los 90, un cliente le dijo que venía de una dimensión extraterrestre y quería salvarla. Me quedé esperando que le preguntaran si le cobró el servicio o no.
Como en el evento del enchufe, me accidenté un viernes a la noche y el fin de semana, en consecuencia, resultó un fiestón. Pero teniendo TV bizarra, todo puede superarse.

lunes, 3 de agosto de 2009

Pachanga

El sábado, mi padre tuvo una super fiesta sorpresa en honor a sus 50 años.
Aquí, dos postales de esa noche genial que cierran la serie de posts cumpleañeros, en la que se ve cómo Aníbal se deja llevar por el ritmo.



jueves, 12 de marzo de 2009

Cumbia

Los amigos de este ph conocen la leyenda que nos trajo a esta linda casa. Laura noviadeLuis, miembro de este drimtim, nos hizo la mejor recomendación para concretar la mudanza: nos dio una estampita de Gilda (sí, la cantante) y nos dijo que le pidiéramos sin reparos por el nuevo hogar de Flores. Nos relató historias de embarazos imposibles concretados por la influencia cumbiera del más allá, pero con saber que también se dedicaba a otros ramos de los pedidos, nos alcanzó: no fuera a ser que un inocente traspaso de casa sumara un integrante más a la troupe que componemos la Negra, mi concubinovio Luciano y la que suscribe.
Así fue como unas velas a Gilda obraron el milagro inmobiliario y aquí estamos, en una casa mucho más grande que la anterior, que nos obligaba a trabajar en el dormitorio (Lucho) y en el comedor (yo). La promesa realizada era hacer un altar kitsch en algún sector del patio, deuda que cancelamos al año de vivir, pero que mientras tanto postergamos con decoro poniendo Entre el cielo y la tierra cada sábado que nos disponíamos a limpiar.
Complacidos y confiados por ese pedido hecho realidad, creímos que prenderle unas velas para que saliera mi beca de conicet iba a tener un buen resultado. No obstante, en el transcurso de las cumbiaplegarias deduje que, para Gilda, dedicarme a la investigación no sería un buen futuro (no pocos compartirían esa idea); en consecuencia, solicitarle "lo mejor para mí" me llevaría a ser denegada en mi petición y me estimularía a salir a cantar en minifalda por ahí.
Me rechazaron.
¿Alguien tiene una combi, botas largas y una pollera metalizada para prestarme?

martes, 16 de diciembre de 2008

Súplica

¿CUÁNDO SE TERMINA DICIEMBRE?

Odio el calor, los saludos de fin de año, las cenas de Navidad, las planificaciones de las cenas para Navidad, la espera de las cosas que se resuelven para fin de año y siempre quedan pendientes, las miles de reuniones de salutación porque todos adscribimos al calendario romano, los culos del verano, las tetas del verano, el teatro de revistas del verano, la movida de Carlos Paz y de Mar del Plata, el colectivo al mediodía, el subte todo el día, la gente por la calle buscando regalos, yo misma en la calle buscando regalos, las ojotitas para caminar que me terminan castigando los pies, los trámites que ya no se hacen porque decidieron que "su" año finalizaba antes, los adelantos de trabajo con pagos que se atrasan igual que siempre, el arbolito navideño, las guirnaldas, las luces que pinchan las manos cuando las ponés, el pesebre, la ensalada waldorf, el lechón asado, el fin de semana largo, la tristeza del 1° de enero, el "estalló el verano" de Crónica, la playa por TV, la playa en verano, la playa llena de gente, el cemento de Buenos Aires durante enero, las fiestas demasiado seguidas, buscar ropa especialmente para esas fiestas, irme a dormir después de esas fiestas, levantarme después de esas fiestas y seguir soportándome en un país que cada vez es más tropical y nunca templadito.

jueves, 16 de octubre de 2008

Incógnita

—Y ahora que te recibiste, ¿de qué vas a trabajar mañana?

Con esta sencilla e inteligente pregunta, mi primahijada cubrió mi flamante título universitario con un velo de inutilidad.
Pero me emborraché igual, festejé y me reí. Y creo que sí haré algo con ese papelucho, aunque todo parezca medio desdibujado y pendiente, en esa carrera de postas que fue todo este año y que, como conejo buscando zanahoria, me tiene todavía a los trotes.
Igual, aún no sé si mi deseo hecho presunción es resultado del optimismo o de la resaca.

viernes, 10 de octubre de 2008

Coloquial

Hola Laura: El profesor A.... fijó fecha de coloquio para el Miércoles 15 de octubre. Te puede dar a elegir entre dos horarios: 13hs o 19hs. Avisanos si confirmás y qué horario preferís.
El coloquio es en la Dirección de la Carrera, 2º piso.
Saludos.


Parece que finalmente sucederá (!!!).

martes, 16 de septiembre de 2008

Promoción

— 8 por 2, vendido entonces al señor. ¿De dónde es, me dice?
— De la estancia blablabla, de Quitilipi, Chaco.
—Muy bien, los toros Braford se van para Chaco a hacernos competencia fuerte en Palermo el año que viene.

Los pequeños productores —ésos que se agolpaban en las rutas litoraleñas y pampeanas, con sombreros gamuzados de varios cientos de pesos, arguyendo pasar hambre a pesar de su espíritu laborioso— habían llegado en sendas camionetas japonesas, alemanas y de otras nacionalidades, al remate anual realizado por la gran estancia La Pelada (provincia de Santa Fe), deseosos de obtener buenos ejemplares y disfrutar de un asado con gente como uno.
Sólo que, por la módica suma de $30, se habían visto obligados a convivir con crotos como uno, que habíamos pagado la entrada pero no teníamos dinero ni para comprar el pasto apisonado por los animales nerviosos al entrar al predio de exhibición.
Vale aclarar que el "8 por 2" equivalía a "2 toros comprados por 8000 pesos cada uno", lo que redondeaba una suma de 16 mil pesos en una sola oferta de subasta. Muchas más promociones habrían de aceptar o ganar ese día. Mientras tanto, sus peones continuaban con las labores en negro del tambo y la faena en sus lugares de residencia, las verdaderas carencias de todo el país continuaban como siempre y el look rural-top contrastaba con el terror del ganado al darse cuenta de que esos cientos de hombres de bien estaban dispuestos a transformarlos en un excelente negocio con futuro de semental o de asado con cuero.

martes, 13 de noviembre de 2007

Máxima

1. Si tu festejo de cumpleaños del año anterior fue muy concurrido, no lo repitas al año siguiente.
2. Si no querés terminar tu platónica fiesta de natalicio a las 4 am ebrio/a y consultándote a los gritos si la gente ha dejado de estimarte en forma súbita, cumplí, sin dudas ni desvíos, con la máxima número 1.

martes, 28 de agosto de 2007

Quemazón

Maneras eficaces de manejar la confusión

1. Pensar: ...



(Para estar siempre bien, otro maldito libro de autoayuda)



Van a llevar a la pobre gente al infierno.

Pero hay más:



Vamos a una fiesta y durante dos horas se cuentan chistes. Al día siguiente no recordamos ni uno. Eso sucede porque mientras alguien cuenta un chiste, estamos ocupados tratando de recordar el próximo chiste que contaremos antes de que alguien nos gane de mano.



Dos observaciones:

1) ¿Alguien resistiría una fiesta en la que los invitados cuenten chistes durante dos horas? Aunque lo intentes, debe ser muy peligroso: podés terminar escribiendo libros de superación personal.

2) Siempre creí que no me acordaba de los chistes porque tanto no me habían hecho reír, o porque había tomado de más. En este último caso, la risa tiene un origen turbio, y no puede atribuirse sólo al cuento humorístico.