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domingo, 30 de noviembre de 2008

Inserción

Podría decir que soy un desastre porque me puse zapatos nuevos para una salida en la que había que caminar un poco/bastante.
Pero no.
Podría decir que soy un desastre porque después de caminar 4 cuadras empecé a sentir las ampollas y evalué la posibilidad de volver a casa y cambiarme los pepés.
Pero no.
Podría decir que soy un desastre porque llegué a la parada de colectivo y, luego de ponerme 300 curitas en los pies para aguantar, decidí que tenía que cambiar de calzado.
Pero no.
Podría decir que soy un desastre porque me saqué las sandalias y volví descalza a mi casa para ponerme algo más cómodo y menos agresivo.
Pero no.
Podría decir que soy un desastre porque llegué corriendo, me lavé los pies y empecé a buscar las ojotas "de salir" que, como siempre, no estaban donde debería haberlas dejado.
Pero no.

Diré que soy un desastre porque al salir corriendo de la pieza para buscarlas por el patio, me clavé hasta el fondo un enchufe de dos patas y, ahora sí, ni sandalia, ni ojota ni escarpín: reposo y muletas por unos días, y caminar como entre nubes por dos semanas.

"No podés ser tan freak", me dijo mi concubinovio, Luciano, luego de hacerme las curaciones, recuperar el nivel normal de su presión luego de ver el maremagnum sanguíneo y trasladarme en frazada por el pasillo del ph. Dado su lugar de testigo ¿privilegiado? de los hechos, considero que es una apreciación acertada.
En un próximo post, la serie fotográfica de mi mortecina planta del pie.

lunes, 29 de octubre de 2007

Fama

Como no había nada aceptable para merendar en casa, recurrí a unas facturas del jueves que, mediante un suave tostado, se hicieron comestibles nuevamente.
Dado que no puedo sobrepasarme con la comida, sólo elegí dos mitades, correspondientes a dos facturas chiquitas, para evitar el atraco.
Cuando comencé a degustar la segunda mitad (la más apetitosa, porque siempre hay que dejar lo más rico para el final), me recordé que no podía comer esa clase de cosas y, con toda celeridad, envolví mi manjar en una servilleta y lo tiré al tacho de basura, procurando que se inserte entre la yerba usada y las cáscaras de zanahorias, para no intentar un rescate.

Posiblemente no llegue a adelgazar demasiado con estas actitudes espasmódicas, pero tal vez, con mis renuncias tortuosas, llegue a escribir un libro post-blog, de esos que ahora son furor pero en 6 meses se venderán en las librerías de saldos de Corrientes (Capital Federal, Buenos Aires, Argentina) a 8 pesos. Títulos posibles:
  • Gordah
  • No comas, gordah
  • Ya basta, gordah
  • Otra vez te tentaste, gordah
  • Te pescamos in fraganti, gordah
  • No podés con tu genio, gordah
entre otras opciones. Se aceptan propuestas, siempre y cuando no me conduzcan a lo más hondo y oscuro de mi autoestima.