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lunes, 4 de junio de 2012

Amorfos

Las famosas "redes sociales" —que suelen limitarse a sólo una: FBK— sirven para generarte culpas retroactivas por las trayectorias de ciertas personas con las que una ha mantenido una relación en lel pasado. Parientes lejanos que, vaya a saber por qué, se han hecho "amigos" y mandan cadenas horribles de mensajes de superación personal, compañeros de colegio que publican indeclarables orientaciones políticas, contactos que parecían amistosos y se suman a campañas online de lo más apestosas (al estilo de "Yo soy de la mitad que mantiene a la otra mitad", por ejemplo) y, cuándo no, fotos cruzadas de amoríos adolescentes a través de las que se puede observar cómo sobrelleva la adultez aquél que no se animaba a darte un beso a la salida de computación o de gimnasia. Pues bien, ya he referido alguna vez que de aquellos vínculos, uno de mis pretendientes es seguidor de la página de Prat Gay; hoy descubrí que, como si todo eso fuera poco, hay otro que se pinta los labios para salir a la noche. No es travesti: sólo se pinta los labios para salir a la noche. Y yo que creía que habiendo fletado al muchacho que militaba con López Murphy, en el rancio Adrogué, ya estaba salvada de la vergüenza. Cuánta desilusión.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Elegidores

La multiplicación de cultivos que puede observarse en las verdulerías barriales, producto del calor espasmódico y de las huertas más nutridas, hace florecer también un yuyo inmundo de la especie humana: el cliente tocaverduras. No es muy justo aclararlo, pero esta entidad ancla sus sucias costumbres en las personas que superaron los 60 años, aunque es cierto que he visto obsesivas madres de niños pequeños y hippies meticulosos que también apelan a sus yemas dactilares para apretar paltas, presionar los extremos de los melones, sopesar los tomates y hacer girar los limones como si, con esos movimientos estratégicos, no pudieran ya saber si lo que agarran será rico o no, sino directamente adivinar el destino y conocer la contraseña para pasar de pantalla cuando venga el apocalipsis maya.
Así es como los tocaverduras aplacan su ansiedad en la fila de las verdulerías manoteando todo lo que piensan comprar, con gesto de sabiduría y rictus de crítica lapidaria. Van sosteniendo lo que quieren llevar mientras esperan y una, cuando está antes en la espera de atención, piensa por qué tendrá que llevarse lo que este engendro desechó, sólo por tener confianza en las manos del comerciante; es decir, sólo por respetar su trabajo y darle indicaciones teóricas acerca de lo que quiere: "tomates peritas para salsa"; "paltas para hoy"; "bananas para mañana"; "duraznos blanditos, por favor". En lugar de ello, el tocaverduras elige, agarra y, en sus versiones más indignantes, se va acercando a la caja con gesto de "ya hice todo el trabajo, dejame pagar que me voy". Por eso, ayer, cuando una señora se dedicó sesudamente a elegir el peor zucchini que alguna vez haya crecido en la tierra y se lo acercó a la verdulera con cara de "a mí no me vas a estafar", le agradecí al mundo por la posibilidad concretada de la revancha.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Ofertón

Aquí están, éstas son, las 6 cosas obvias que le suceden a una embarazada durante un viaje a Río y que, por ende, le ocurren también a sus compañeras de viaje:
1. La gestante es el peor señuelo del mundo para que sus correligionarias logren alguna conquista amorosa, de ésas que tanto se pregonan cuando una dice "me voy a Brasil". Así es como todas las promesas que le habían formulado a mis amigas, del estilo "uy, todo lo que vas a pescar", "cuidado con la sobredosis de garotos" y demás, se transforma en un mito doloroso de tan falso, gracias a mi presencia en cada excursión diurna o noctámbula.
2. La gestante, a su vez, nunca es objeto de la proverbial piropeada carioca, por la sencilla razón de que los brasileños —que no ahorran energías en lijarte con la mirada de pies a cabeza— detienen su recorrido a la altura de mi diafragma y se dan vuelta con espanto. Claramente, en este momento, soy la peor inversión que un integrante del grupo masculino pueda hacer en su vida, y hay partes ineludibles de mi anatomía que les prometen la bancarrota y la tristeza sem fim.
3. El momento de comprar alcohol en equipo o desbarrancar a puro caipirinhazo se ve interrumpido por una presencia: la mía. Sería inútil cooperar económicamente con el emprendimiento, si el propio espíritu no puede embarcarse en la aventura. Después de todo, no hay nada peor que emborracharse sola y tratar de sintonizar con la pretendida alegría carioca (que NO existe) a fuerza de vasos aislados comprados por propia iniciativa.
4. La pelea divertida pero sin pausa sobre quién debería tener la cama más cómoda en el departamento también se ve dificultada por un llamado a la solidaridad: que yo duerma en el lecho más apropiado para mi condición, y que mis amigas puedan eludir el indeseable instante en el que sienten una panza de 6 meses y medio apretándose contra su espalda sólo porque no tengo noción del espacio cuando estoy dormida.
5. Las compras generales del super tienen una fletera menos: yo. Suelo cargar con el papel higiénico (si el paquete no tiene más de 4 rollos), la cajita chica de fósforos y el ticket para dividir gastos.
6. Los souvenirs de supermercado que tanto nos gusta llevarnos a casa me siguen incluyendo igual que antes, sólo que no considero el factor "peso de valija" a la hora de llevarme 2 botellas de cachaza y 3 paquetes de harina para hacer pan de queso. Como resultado, mis compañeras de viaje exigen llevarme la maleta y, a la vez, se entrenan en nuevos insultos que recorran de punta a punta el aeropuerto, hasta encontrar el mostrador de despacho de equipajes.

No podría decirles que viajar con una embarazada sea un negoción, realmente. Lo que sí puedo decirles es que es un negoción viajar con mis compañeras de itinerario carioca cuando una está embarazada. Sólo espero que tengan una frágil memoria y un debilitado sentido del odio.

sábado, 17 de enero de 2009

Honestidad

Previendo mi retorno a esos espacios urbanos, a mi esquiva y frívola memoria ha llegado la imagen de un cómodo y moderno salón de descanso que, en la Terminal de Retiro (Bs. As.) tiene una empresa de micros muy conocida. Sillones cool, un barman/empleado con aires de modelo, rugbier u oficinista de San Isidro —estereotipos con diferencias sólo de matices— LSD (la pantalla, eh) para ver el mismo partido de siempre y computadoras con Internet 24 hs. Divino, extraño y ajeno con respecto a los escasos beneficios que mi inserción en el capitalismo me da habitualmente. El único problema es su sentido de la cortesía, un tanto particular para mi gusto.
Si no entienden de qué les hablo,
como muestra está el cartel del baño.




martes, 2 de diciembre de 2008

Garantías

Yo creo que antes de impulsar el voto femenino, se tendría que haber educado a los hombres para que permitan a la mujer disfrutar y abusarse de sus nanas en el espacio doméstico.
Los derechos electorales están bien. Pero que me traigan el desayuno y limpien la casa cuando yo estoy de licencia, eso está mucho mejor.
Lo primero es lo primero.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Ahhhhh...?

Nobleza obliga, dado que ocupo tantos posts con postales de la actividad ajena (y criticando la propia, no me vengan a decir ahora que me hago la diva), es hora de reconocer lo que parece ser una injusta crítica de incoherencia. Sino, después vienen los fanáticos religiosos y/o proejército a quejarse de mis pretensiones aguafuertinas.
De acuerdo con mi concubinovio, Luciano, pensador contemporáneo, la razón por la que un camerunés acepta levantar el gesto en señal de "está todo bien, man" es porque el soldado fornido que lo carga sobre sus hombros es miembro de los Cascos Azules. Por lo tanto, mi crítica no sólo carecería de fundamento: además, demostraría falta de conocimiento teórico y atención televisiva. Por lo tanto, ante la equivocación y en un acto de admitida necedad, repregunto:

¿SIEMPRE TIENEN QUE SER NIÑOS CAMERUNESES?

domingo, 25 de mayo de 2008

Desazón

Ayer terminé, no sin algún nudillo en la garganta, el libro Amor y anarquía (Martín Caparrós). La protagonista, Soledad Rosas, que se suicidó en Italia, con 24 años, por su amado y por su causa (en ese orden o a la inversa, qué más da), tuvo como texto guía para su final a El Manual del Guerrero de la Luz, del milesdeepítetos Pablo Coelho. Lo que me hace pensar dos cosas:
1. Adónde ha ido a parar el anarquismo (especialmente en su cuna italiana) que los luchadores toman como referente a este autor: ningún Bakunin, ningún texto libertario de esos que exudan energía; ¡en la cárcel se prestan y se recomiendan El Manual del Guerrero de la Luz! ¿Qué está sucediendo?
2. Este episodio, que data de 10 años ya, demuestra una afirmación que sostengo sin pausa: Coelho hace mal, muy mal, mucho peor que lo que parece a simple vista. Y escribe horrible.

sábado, 27 de octubre de 2007

Peuser

Una calle que se llama "Mundial '78", como si no se hubiera hablado bastante sobre el tema.
"Sobremonte" (el virrey del desfalco) se transformó en una arteria paralela a "Igualdad".
"Meloncito de olor" es una senda romántica en uno de los extremos de la ciudad, y el tanguero "Siglo XX" designa otro camino en el borde opuesto.

Como si todo esto fuera poco, un conjunto bien nutrido de calles hace honor a la afición, creencia y cosmología del actual gobernador y candidado a Presidente de la Nación: Marte, Neptuno, Júpiter, Mercurio, Saturno, Avenida La Luna, Venus, Urano y Las 3 Marías, a las que se añade el signo zodiacal de Sagitario.
Todo hace pensar que las denominaciones Roswell, Alf y ET sean el próximo paso si gana las elecciones.

Todo esto y mucho más, en Merlo que, a pesar de los nombres de su croquis, curiosamente es el único (o casi único, no sabría aclararlo) reducto no rodriguezsaaísta de San Luis, por lo menos hasta mañana.