El decálogo de los indicios de edad avanzada, más allá del número cronológico:
1. Te gustan los medallones de chocolate rellenos con crema de menta.
2. Tomás de las botellas pequeñas utilizando sorbete o pajita.
3. Te maravillan los videos de YouTube o las cadenas de mensajes/poesías/fotos/pavadas que llegan por mail.
4. Copiás y pegás sin descanso párrafos melosos que circulan por facebook sobre los familiares, los amigos, las parejas, el destino, el futuro, los animales, el pasado, las diferencias, la tolerancia, la maternidad, el agradecimiento, la religión, la esperanza y otros tópicos que se convierten en lindos bluffs para el muro.
5. Descubriste cuevana, o algún sitio para mirar películas sin descargarlas, hace menos de 1 año.
6. Te descubrís monotemático/a con alguna cuestión de tu vida cotidiana, que realizar en modo perfecto y sin dilaciones te genera un extraño placer y la inmediata necesidad de comentarios, como lavar la ropa a mano, tomar remedios, buscar turnos para el médico, averiguar procedimientos de trámites, sentirte pleno/a cuando la obra social no te rebota un papel inentendible, u organizar documentos en diferentes bolsas o estuches para encontrarlos sin entrar en pánico.
7. No usás twitter, por el momento.
8. El blackberry es un misterio del demonio.
9. El chat de gmail te parece innecesario.
10. El mecanismo de google docs es críptico y francamente inhóspito.
Yo cumplo con más de la mitad de estos requisitos, sin haber contado el de no soportar estar en un lugar nocturno no casero después de las 4am, de cuando era una mujer no canguro y tomaba alcohol. Ahora, de esa chance de insoportabilidad, mejor ni acordarse.
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martes, 6 de diciembre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
Incógnita
Subte B. Jueves 9 de la noche. No podía ser tan difícil conseguir un asiento a esa hora y con una panza ostensible de 7 meses, pero sucedió: vagón lleno y gente que se hubiera sacado los ojos con una cuchara sólo para no tener que levantarse. Así es como formulo mi mantra urbano para mis adentros: "bueno, muchachos, uno de ustedes va a tener que perder: es cuestión de (poco) tiempo". Una pareja acaramelada frente a mi abdomen: ella focaliza mi mitad de cuerpo y le dice a él, al oído: "Está embarazada, me parece". Él me mira y le dice "nooooo". Ella insiste: "sí, está embarazada, habría que dejarla sentar". Él chista, esquiva la mirada y hace como que no se dio cuenta. Llegamos a la próxima estación y un asiento se libera, justo delante del caballero que tenía oportunidad de sumar puntos para su dama y que ella no evaluara firmemente la posibilidad de llegar siquiera a Est. Lacroze con ese mamarracho. Me siento y me quedo mirándolo fijo hasta llegar a la otra parada. Él me mira; primero interpreta que lo quiero conquistar, luego entorna los ojos y se da cuenta de que es una burla, y trata de mantenerse firme mientras me le sonrío. Finalmente, decide ser el primero en desviar la línea de fuego y le dice a ella, en un rapto de lucidez: "sí, al final estaba embarazada". Una oportunidad menos para ser digno y quedar bien con su cita gracias a algo muy barato.
lunes, 20 de junio de 2011
Culazo
Y sí.
Habemus choque.
De la manera más destructiva para mi autoestima: en marcha atrás, golpeando a una camioneta es-ta-cio-na-da. Me fui en el anonimato más vil, luego de ver que no había ni movido la ceniza volcánica del vehículo víctima. Resultado: un faro trasero roto, chapa abollada y baúl imposible de abrir, que guarda aún una campera mojada del sábado por la tarde, cuando llegué empapada al auto, guardé el abrigo y las zapatillas ensopadas en el baúl y manejé descalza hasta casa.
La campera se pudre en la oscuridad, el auto tiene un bollo que me deprime, y el dinero que iba a destinarse a la cómoda calefacción será enviado directamente al chapista.
Un fin de semana de maravilla.
Habemus choque.
De la manera más destructiva para mi autoestima: en marcha atrás, golpeando a una camioneta es-ta-cio-na-da. Me fui en el anonimato más vil, luego de ver que no había ni movido la ceniza volcánica del vehículo víctima. Resultado: un faro trasero roto, chapa abollada y baúl imposible de abrir, que guarda aún una campera mojada del sábado por la tarde, cuando llegué empapada al auto, guardé el abrigo y las zapatillas ensopadas en el baúl y manejé descalza hasta casa.
La campera se pudre en la oscuridad, el auto tiene un bollo que me deprime, y el dinero que iba a destinarse a la cómoda calefacción será enviado directamente al chapista.
Un fin de semana de maravilla.
viernes, 1 de abril de 2011
Tutú
Un nuevo integrante del inventario hogareño ha hecho que me sume a una nueva aventura: un auto en la puerta. Ergo, hay que aprender a manejar cuanto antes, y sacar el registro. ¿Eso implica que se terminan las crónicas de colectivos? De ninguna manera; en principio, porque ni en sueños pretendo acceder al insoportable centro porteño en 4 ruedas —sería agravar la situación irrisoria de 1 persona por cada coche que ocupa mucho lugar en la vía pública. Segundo, porque tardaría mucho tiempo en reducir los inmensos riesgos que ocasiona mi sola presencia frente a un volante que no sea de papel y publicite clases de yoga. No obstante, en mi excursión antropológica por los cursos de manejo, por los comentarios surgidos de la noticia de "tenemos auto", y por las intentonas de conducción automotor por el barrio —con conductores con registro, no quiero multas a través del blog—, pude obtener las siguientes 7 verdades sobre el mundo de los conductores aprendices de autos en la ciudad: 1. El lugar de estacionamiento en la cuadra es sagrado: lo comprobamos cuando, a las 3am, puse en marcha el auto sólo para ver cómo se escuchaba —otra cosa no podía hacer— y de una casa desconocida salió una mujer en piyama para preguntar si nos íbamos, pues así ella podía estacionar su auto ahí mismo. 2. Los tiempos se hacen chicle: aprender, sacar turno para obtener el registro, completar la secuencia de trámites y realizar tu deseado viaje a ¿Brandsen? llevará muchos más meses de lo que pensabas: por lo menos, 9. Un parto. 3. La mayoría de las personas con las que hables aprendieron mediante un curso de manejo: es decir, la opción artesanal de "te enseña un amigo o familiar que sabe" está cada vez más en desuso. 4. La mayoría de las personas que aprendieron mediante un curso de manejo fueron a la prueba sponsoreados y, por eso, aseguran que nadie se fijó demasiado en su performance de examen: ergo, pareciera que la fórmula mágica está en los autos ploteados que dicen "autoacademia". 5. La mayoría de las personas que no aprendieron mediante un curso de manejo te ofrecen la gestión de un "conocido" que, por una módica suma, te otorga un registro sin que vea si conducís un sulky, un karting o el auto de los Picapiedras: ergo, esas personas también tuvieron su fórmula mágica para pasar un examen sin estresarse. Lo que les admiro es la capacidad para salir a la calle sin ese mínimo testeo previo de no-suicidio. 6. Si sumamos los grupos de los puntos 3, 4 y 5, y ese resultado se resta del universo de personas que van a dar una prueba de manejo, lo que queda es la soledad misma: ser la única kamikaze que va con un auto sin publicidad, estudiando desde la casa, y sin un curso comercial de manejo previo. 7. Si tu mundo es la soledad misma, y estás empezando a manejar, mirá por el espejo retrovisor y apartate: lo más seguro es que detrás esté yo, sin curso, sin publicidad en el auto, con amigos y familiares heroicos pidiéndome que preste atención a la maldita loma de burro, distraída/angustiada y con el cambio todavía en primera, todavía preguntándome dónde están los frenos.
martes, 28 de agosto de 2007
Quemazón
Maneras eficaces de manejar la confusión
1. Pensar: ...
Van a llevar a la pobre gente al infierno.
Pero hay más:
Vamos a una fiesta y durante dos horas se cuentan chistes. Al día siguiente no recordamos ni uno. Eso sucede porque mientras alguien cuenta un chiste, estamos ocupados tratando de recordar el próximo chiste que contaremos antes de que alguien nos gane de mano.
Dos observaciones:
1) ¿Alguien resistiría una fiesta en la que los invitados cuenten chistes durante dos horas? Aunque lo intentes, debe ser muy peligroso: podés terminar escribiendo libros de superación personal.
2) Siempre creí que no me acordaba de los chistes porque tanto no me habían hecho reír, o porque había tomado de más. En este último caso, la risa tiene un origen turbio, y no puede atribuirse sólo al cuento humorístico.
1. Pensar: ...
(Para estar siempre bien, otro maldito libro de autoayuda)
Van a llevar a la pobre gente al infierno.
Pero hay más:
Vamos a una fiesta y durante dos horas se cuentan chistes. Al día siguiente no recordamos ni uno. Eso sucede porque mientras alguien cuenta un chiste, estamos ocupados tratando de recordar el próximo chiste que contaremos antes de que alguien nos gane de mano.
Dos observaciones:
1) ¿Alguien resistiría una fiesta en la que los invitados cuenten chistes durante dos horas? Aunque lo intentes, debe ser muy peligroso: podés terminar escribiendo libros de superación personal.
2) Siempre creí que no me acordaba de los chistes porque tanto no me habían hecho reír, o porque había tomado de más. En este último caso, la risa tiene un origen turbio, y no puede atribuirse sólo al cuento humorístico.
lunes, 6 de agosto de 2007
Des-Autoayuda
Y sí, también escribo libros de autoayuda.
Ejemplo:
"Muchas personas, en el presente, enfrentan crisis de tipo social, y no es para menos. La extensión de la jornada laboral, el repliegue hacia el hogar, la pérdida de centros de socialización —como lo fueron el club, el barrio, o el sentido de comunidad que unía a gran parte de los vecinos—, hicieron que cada vez sea más difícil hallar amigos y pareja fuera del lugar de trabajo, de las salidas nocturnas y del chat. Si no encontró personas afines en esos ámbitos, casi no le quedan opciones. Por esa razón se han implementado las reuniones de after office (que significa “después de la oficina”), que se organizan en bares y discotecas a partir del atardecer, cuando la mayoría de los empleados terminan su horario de tareas. Esos encuentros, motivados por la carencia de focos de vida social verdaderamente ricos y satisfactorios, no dejan de tener algo de ficticios, de artificiales, y parecen soluciones de emergencia ante la disgregación de los grupos a los que se pertenecía en el pasado más cercano".
Y los redacto en momentos como éste, los lunes a las dos de la madrugada, en los que no encuentro ningún tipo de autoayuda eficiente para terminar el subcapítulo, y sólo deseo irme a dormir.
Contradictorio.
De todos modos, pegué este párrafo porque me parece el más "militante" de todos, con perdón de la militancia. Los after office son absolutamente decadentes, y están escondiendo que a los solteros oficinistas les están absorbiendo la vida.
Aparte, me imagino: él, algo beodo, con traje y corbata, a las nueve de la noche, contando que trabaja en "pago a proveedores de bla,bla,bla", y tratando de levantarse a ella, trajecito gris oscuro que oculta musculosa promisoria, rímel de las ocho am un poco vaqueteado, uñas a la francesa, y garras a la siciliana, que trabaja en "recursos humanos de plin,plin,plin". Llegan a un acuerdo, se intercambian comisiones y vuelven a casa para poner el msn y contarle a su compañera de sector que, tal vez, esta vez sí, mañana se intercambien un mensaje de texto.
Eso, todas las semanas del año laborable, hasta que puedan irse a Villa Gesell en la segunda quincena de enero, y hagan como que son hippies cool.
Contradictorio, no; muy bien armado.
Ejemplo:
"Muchas personas, en el presente, enfrentan crisis de tipo social, y no es para menos. La extensión de la jornada laboral, el repliegue hacia el hogar, la pérdida de centros de socialización —como lo fueron el club, el barrio, o el sentido de comunidad que unía a gran parte de los vecinos—, hicieron que cada vez sea más difícil hallar amigos y pareja fuera del lugar de trabajo, de las salidas nocturnas y del chat. Si no encontró personas afines en esos ámbitos, casi no le quedan opciones. Por esa razón se han implementado las reuniones de after office (que significa “después de la oficina”), que se organizan en bares y discotecas a partir del atardecer, cuando la mayoría de los empleados terminan su horario de tareas. Esos encuentros, motivados por la carencia de focos de vida social verdaderamente ricos y satisfactorios, no dejan de tener algo de ficticios, de artificiales, y parecen soluciones de emergencia ante la disgregación de los grupos a los que se pertenecía en el pasado más cercano".
Y los redacto en momentos como éste, los lunes a las dos de la madrugada, en los que no encuentro ningún tipo de autoayuda eficiente para terminar el subcapítulo, y sólo deseo irme a dormir.
Contradictorio.
De todos modos, pegué este párrafo porque me parece el más "militante" de todos, con perdón de la militancia. Los after office son absolutamente decadentes, y están escondiendo que a los solteros oficinistas les están absorbiendo la vida.
Aparte, me imagino: él, algo beodo, con traje y corbata, a las nueve de la noche, contando que trabaja en "pago a proveedores de bla,bla,bla", y tratando de levantarse a ella, trajecito gris oscuro que oculta musculosa promisoria, rímel de las ocho am un poco vaqueteado, uñas a la francesa, y garras a la siciliana, que trabaja en "recursos humanos de plin,plin,plin". Llegan a un acuerdo, se intercambian comisiones y vuelven a casa para poner el msn y contarle a su compañera de sector que, tal vez, esta vez sí, mañana se intercambien un mensaje de texto.
Eso, todas las semanas del año laborable, hasta que puedan irse a Villa Gesell en la segunda quincena de enero, y hagan como que son hippies cool.
Contradictorio, no; muy bien armado.
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