A todos los amigos de Insolada que me han dado fuerzas para iniciar mi dieta, les cuento que he pasado 15 días sin pisar una panadería y que eso está lesionando mi cerebro cascoteado, puesto que ayer he soñado con napolitanos*.
Sin embargo, mi canalización onírica de la gula no me impide recordar con cariño las indicaciones de Caro (C., en sus firmas) y del amigo Quique, que tan bien me ha metaforizado el proceso de estar "a régimen", como decían las abuelas, con la dieta del lagarto: comer poco y tirar harto. Una verdadera genialidad.
A continuación, un breve informe de avance sobre mis logros nutricionales:
1. Días sin consumir pan en las comidas: 15.
2. Cantidad de rebanadas de pan por día: 2 (light), sólo en desayuno.
3. Número de días sin comer carne: 15.
4. Cantidad de clases de gimnasia: 5.
5. Bebida más consumida en las últimas semanas: agua.
6. ¿Azúcar o edulcorante? Siempre edulcorante.
7. La vieja amiga a la que no se la llamó en las 2 semanas: la miel.
8. Malajunta evadida en este periodo: las melbas, el chocolate después de comer, la manteca por las mañanas, el arroz con leche tregar, las barras de crocante de maní, la cerveza a mitad de semana, la chocolatada, las melitas ultramojadas en el té, las cremonas rellenas de membrillo y siguen las firmas.
9. Peso reducido en este tiempo: ignorado (me dan terror las balanzas).
10. Proyección estimada de mantenimiento de la dieta: impredecible.
Como verán, me estoy orientando al fracaso y hoy, un día después de haber escrito esto en borrador, decirle No a las facturas del domingo a la tarde y a las facturas sobrantes del lunes a la mañana me ha provocado un dolor punzante en la región cerebral del vicio. Otra semana para remar cual gondolieri en aguas de helado cremoso derretido. Allí voy.
* Los napolitanos son las facturas hechas con sobrantes de las demás facturas, que parecen porciones de torta y siempre son oscuros, porque tienen algo de chocolate o de algún ingrediente inexplorado. Hay panaderías que los hacen detestables y otras que los preparan adictivos. Puedo dar direcciones.
Mostrando entradas con la etiqueta budín de pan. Mostrar todas las entradas
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domingo, 15 de marzo de 2009
viernes, 17 de agosto de 2007
Paciencia
—Mmmh, seguís con esos anteojos, eh?
—Sí, claro.
—Ahora se usan más finitos, más chiquitos.
—Alguna vez me renovaré, por supuesto.
—Y sí, habría que cambiarse el armazón, ¿no?
El dueño y cajero de la panadería sigue juntando números para la rifa de la trompada.
Y todo este dialoguito por unas tentadoras porciones de budín de pan que me hacían ojitos desde la vidriera. Mi carne es débil (y no sólo mi vista).
(La primera parte de esta relación tormentosa se encuentra en "Miopía")
—Sí, claro.
—Ahora se usan más finitos, más chiquitos.
—Alguna vez me renovaré, por supuesto.
—Y sí, habría que cambiarse el armazón, ¿no?
El dueño y cajero de la panadería sigue juntando números para la rifa de la trompada.
Y todo este dialoguito por unas tentadoras porciones de budín de pan que me hacían ojitos desde la vidriera. Mi carne es débil (y no sólo mi vista).
(La primera parte de esta relación tormentosa se encuentra en "Miopía")
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