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lunes, 4 de enero de 2010

Observación

Y si hay algo que tengo que hacer en el 2010 es analizar cómo formulo mis quejas más estúpidas.
Simples reclamos, que tienen que ver con el pedido de cuidado, con diferencias de estilos o con netos caprichos.
Porque cada vez que sugiero algo del modo en que se reclama —esto es, de un modo poco constructivo pero no todo el tiempo se puede ser polite, qué feo ese término—, parece que el mundo se desmorona y lo que dije siempre fue terrible, inusitado, inexplicable, injusto y boicoteador. Claro, después la bola se agiganta y ya no me enojo por el origen del problema —que, en sí, era bastante idiota—, sino por las contestaciones. En fin, tendré que hacer algún curso para emitir mis observaciones quejosas del mismo modo en que lo hacen los demás, que a cambio se ganan un "está bien, tenés razón" o un "uf, no seas pesado/a, después arreglamos". Y nada más.
Mientras, como no puedo hacer demasiado al respecto, pongo Boys don't cry en la PC , que es un cliché pero me levanta el ánimo, y muevo la cabeza mientras escribo. Lástima que es un tema corto, así que este post finaliza bastante después de los últimos acordes.

sábado, 2 de enero de 2010

Cero

  • No tuve amiguitos de la playa.
  • No tuve vacaciones adolescentes con revolcones en la arena, ni sin éstos.
  • No tuve noches larguísimas de discotecas en lugares como San Bernardo y etc.
  • No trabajé en ningún bar o parador playero.
  • No tengo primos contemporáneos con los que haya disfrutado quincenas gloriosas.
  • No tuve un cuerpo escultural a los 16 —salvo que pensemos en Botero— con los que cosechar amores etéreos.
  • No tuve vacaciones con familias amigas y sus hijos de la misma edad, lo que podría haber generado todos los ítem anteriores.
  • No tuve vacaciones familiares con otros que fueran mis padres (esto es, ni abuelos ni tíos, ni primos grandes, ni otros vínculos que me sumaran a sus estadías veraniegas).
Ergo, no tengo nada de qué acordarme cuándo veo, por la tele, los días al sol de los primeros que llegaron a Mar del Plata.
Eso es bueno y es malo, creo.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Taxi1

Cuando voy a Lanús y se hace muy tarde, mi padre suele traerme en auto hasta mi residencia en Flores. Eso pasa casi siempre, pero el "casi" se refrenda cuando decide que está muy cansado para hacer eso, y opta por dejarme en manos de sus colegas, los taxistas.
Así es que ensaya una performance rara: se detiene en Av. Saénz (Pompeya), más o menos enfrente de la iglesia, para esperar que otro taxi no conducido por él se asome con su cartelito rojo de "libre". En esos momentos hace señas, como si su auto se hubiera roto, y baja raudamente. Corre hasta la ventanilla del conductor para pagarle el viaje, antes de que yo lo ataje e, ilusa de mí, crea que puedo impedir su movimiento (me lleva una cabeza de altura y es ciertamente un corpachón). Una vez que observo las gestiones con un poco de incomodidad, finalmente ingreso al vehículo y, desde adentro, le digo: "chau, pá, mañana hablamos".
Eso mismo fue lo que sucedió ayer, madrugada de jueves, cerca de las 3am. Claro que no consideré que estoy un poco grande y que mi padre es algo joven (50) para tener una hija de 28 años, porque el taxista en funciones me dijo, una vez que los saludé y emprendimos el viaje:

—Mirá, conmigo no hace falta que mientan, ¿eh? Yo conduzco y no pregunto.
—¿No preguntás qué?
—No, digo, que no hace falta que digas "chau, papá". Yo no digo nada. No hacen falta las mentiras.
—¿Qué mentiras? ¿Qué podría estar mintiendo yo en esto?
—No, bueno, qué se yo, uno ve tantas cosas en la calle.
—Sí, te entiendo, pero no era mi amante: era mi padre. La que va al lado, si la ves, es mi mamá. Y la de atrás, mi hermana. Nada que ver.

El silencio posterior lo incomodó de más, porque le daba la pauta de su hablar alpédico. Me sacó el tema de la invasión de cucacarachas que tiene en su casa, y casi en la cuadra de mi casa llegó a comentar que las hormigas también lo estaban acosando. Al bajar, le recomendé la casa del fumigador, pero olvidé avisarle que si abre demasiado la bocota tal vez se termine tragando el veneno.

miércoles, 20 de mayo de 2009

NS/NC

De todas las especies que pueblan la fauna social de los afectos, el personaje del evasivo es, por lejos, el que más urticaria me causa.
Ése que cree que lo que se dice nunca le está dirigido; el que considera que nada de lo que hace es tan grave como para generar un problema; el que cree que no está metido en el asunto; el que cree que la responsabilidad es del otro; el que cree que el paso del tiempo lo atenúa todo; el que cree que si no te ve por un tiempo te olvidás; el que cree que si cambia de tema se puede barrer el problema debajo de la alfombra; el que cree que si está mal de ánimo se le perdona todo; el que cree que si está bien de ánimo se le perdona todo; el que cree que porque lo querés lo vas a aguantar así, sin autocrítica; el que no sabe nada de vos pero te derrama todas sus noticias como si fueran un bidón de jugo Suin puro; el que no pregunta sobre tu vida para no meterse en terreno desconocido pero te informa a fondo sobre la suya sin que esboces ni un interrogante retórico; el que cree que no tiene que dar explicaciones por nada; el que cree que la forma en la que se dicen las cosas no importa; el que cree que vos siempre podés comprender; el que cree que si es malo de memoria es impune.
Y no es así. Para qué mentirle, aunque es cierto que tampoco le importan mucho las verdades.

jueves, 19 de marzo de 2009

Genitales1

Hace casi un mes, mis padres tuvieron la masiva idea de pasar un fin de semana en Gualeguaychú, con motivo de asistir a los carnavales y pasar dos días de playa fluvial. Como también iba mi hermana —con tres amigos—, me enganché porque hacía mucho que no pasábamos minivacaciones juntas. Camping, río y un poco de comparsas: lo primero y lo tercero podían compensarse con lo segundo, así que armé mis petates y fui. Dio la casualidad de que ése, justo ése, fue el fin de semana de lluvia torrencial que no dejó ni una carpa con cubretecho firme y así fue cómo, luego de dormir profundamente con el ruido de las gotas sobre el plástico carpil, me desperté rodeada de barro, con todos los bolsos mojados y con mi padre que, aunque dormía en otra carpa, estaba parado, todo mojado y con cara de "miren lo que me pasó", frente a nosotras. Reproducción del diálogo:

Papá: no saben lo que pasó afuera, insólito, realmente insólito.
Laura: ¿sí? ¿Y qué merda hacías afuera con esta lluvia? Pa, aprovecha que tu carpa es iglú y se la banca.
Papá: no, es que fui hasta el auto para ver si estaba bien cerrado (?) y, cuando volvía, me pasó algo insólito —mi padre utiliza la palabra "insólito" de manera casi constante.
Marian (hermana): ¿no dejó de llover todavía? ¿Qué te pasó?
Papá: estaba volviendo a la carpa y veo un tipo que viene corriendo en medio de la lluvia y me dice "te tengo que pedir un favor, te pago lo que quieras" y yo le decía "¿qué te pasa, flaco" y él seguía con "es de vida o muerte, te pago lo que me pidas", hasta que le dije "flaco, me estoy mojando, apurate para decirme lo que querés". Él me dice "quiero un forro, ¿tenés?" y yo le digo "no, flaco, yo no uso", así que después de casi ponerse a llorar delante mío, se fue corriendo a pedirle a otros pibes de una carpa de acá cerca.
Marian: ...
Laura: ¿y con esta lluvia tenía ganas de revolcarse? ¿No está todo inundado él también, como nosotros?
Marian: ...
Papá: no, es que él está en un bungalow, por eso.
Marian: ...
Laura: ah, que se joda entonces, encima viene a decir que va a aprovechar la lluvia para fornicar; ¿nos está cargando a los que estamos en carpa?
Marian: ...
Papá: no, el pibe estaba desesperado, pero bueno, yo le dije "no uso forro". Bueno, ahora me voy que mamá debe estar preguntando dónde me metí.
Marian: ...

"no, flaco, yo no uso"
"no, flaco, yo no uso"
"no, flaco, yo no uso"
"no, flaco, yo no uso"
"no, flaco, yo no uso"

Marian: ¡AAAAAAAGHHHHH! ¡PAPÁ NO USA FORRO Y YO VIVO EN ESA CASA!
Laura: no sólo eso, Marian; también te quedás dormida en la cama de papá y de mamá.
Marian: ¡NOOOOOOOOO! ¡Y MIRO TELE ACOSTADA EN ESA CAMAAAAAAA! ¿POR QUÉ TENÍA QUE ENTERARME DE ESO? ¡¿POR QUÉ, EHHHH?!

Chan, chan.

(Atenti, que se viene Genitales2 y con eso pondré a prueba su umbral del asco)

jueves, 4 de septiembre de 2008

Conexión

—Ay, chicas, junten todo porque Rocío ayer se quejó de que dejaban todo desordenado.

Explicación de contexto:
- Las "chicas" somos las asistentes a la clase de gimnasia.
- "Rocío" es la profesora de los lunes, miércoles y viernes, pero lo que importa es que es la jefa y dueña, junto con su marido, del gimnasio.
- La que hablaba es Barbie Divorce, una hipermusculosa que encontró su cuerpo a los 42 años después de una separación matrimonial, pero sale con sus amigas de la iglesia evangélica (ustedes dirán que no tiene nada que ver una cosa con la otra, yo digo que todo aporta).
- La que escuchaba es la profesora de gimnasia empleada de los martes y los jueves, que se sintió aludida en las críticas sobre el desorden pero sabía perfectamente que ensayar una defensa era casi como mandarle un mensaje de agravio a su empleadora, corporizado en una charlatana con calzas imposibles de extirpar.

Después de escuchar eso, me di cuenta por qué Barbie Divorce me cae tan mal:


PORQUE ES IGUAL A MI ABUELA ELBA PASIÓN
(LA QUE ESTÁ VIVA)

De hecho, si E.P. tuviera 30 años menos, sería su doble urbano, con esos comentarios innecesarios y esa indiferencia total para percibir que lo que dice no le importa a nadie.
Eso me pasa por haber dejado que pase tanto tiempo para ver a la versión original: se me aparecen los covers por todas partes.

domingo, 20 de julio de 2008

Fragmentos

En virtud del bloqueo mental que me caracteriza en estos días —dado que mi escasa energía cerebral está subsumida en terminar mi tesina y hasta me olvidé de cortarme las uñas, que se volvieron aspas y me dificultan tipear en el teclado— les dedico los dos incordios que siguen.

a. Pensamiento frágil del fin de semana: cuando una mujer es tremendamente igual a su madre, hay un verdadero problema y un eslabón de la evolución femenina se ha perdido en ese árbol genealógico.
b. Respetar las señales salva vidas.















Cementerio de San Justo,
provincia de Entre Ríos (Argentina)

martes, 1 de enero de 2008

Frutas

— Claro, todo el mundo escucha a Charly García pero nadie se da cuenta que, cuando dice "Estás buscando un viejo camisón", eso es dadaísmo puro...
— ¿Qué es "dadaísmo", tía?
— Bueno, son artistas, vos sos chiquita, ya lo vas a aprender...

Este fragmento de conversación entre mi tía y mi mamá (hermanas, ellas) me quedó grabado, creo que por lo enigmático de la palabra que yo no conocía y que mi madrina, en un alarde de intelectualismo, prefirió seguir manteniendo en la incógnita. Mi madre, abogada, no podía tener un conocimiento muy profundo de vanguardias artísticas sólo porque sí y, de este modo, asintió a la explicación de mi tía sin dudar, como si se tratara de una cuestión irrefutable.
Yo tendría 6 años y las miraba hablar (o monologar) desde abajo, sentada en el piso de la cocina. La negación del conocimiento se me antojó muy fastidiosa y juré acordarme de esa frase y de la maldita palabra hasta que pudiera encontrar una explicación yo solita.
Varios años después, recordé la letra y estudié algunos conceptos básicos del movimiento dadaísta. Y no le encontré ningún sentido fuerte a la aserción culturosa de mi tía, pero me di cuenta de lo fácil que es "mandar fruta"* a la familia cuando uno quiere demostrar que a la Universidad no fue a fumar marihuana (solamente)**.

* Dícese de la actividad de habla continua, algo agobiante y sin demasiado fundamento, pero con una sólida actitud de sapiencia y de argumentos consistentes sobre lo que se dice. Con frecuencia, los mensajes emitidos son falsos, erróneos o ficticios.
** Aunque me hubiera encantado que así fuera, dudo mucho que mi tía haya fumado pasto durante sus años en Letras. Eso lo digo por ustedes que están leyendo (vamos, no espanten el humo).

lunes, 23 de julio de 2007

Jámle

"Listo pero con errores en la página"... ¿por qué? ¿Eh?

Difundir el blog, o no difundirlo... that is the question.

Si lo dejo para escribir(me), tarde o temprano me voy a aburrir de que no haya intercambio, sólo una voz unidireccional (encima, la mía), y tal vez no vuelva a realizar ninguna entrada.
Si, en cambio, lo difundo, entonces tendré que cuidar el tenor de mis comentarios, pues cualquiera podría ingresar, leer y malinterpretar mis soporíferas reflexiones. Por ejemplo, cuando escribí sobre parecerme a mi madre, enseguida pensé que ella se sentiría mal si lo lee, consideraría que yo la esquivo como imagen, y demás. Explicarle de manera personal, en una conversación, lo que quise expresar, sería sumar una exposición más a la larga serie de disertaciones defensivas que tuve y tengo que realizar frente al tribunal genealógico.

Sin embargo, si no escribo sobre las interacciones de mi vida cotidiana, ¿sobre qué voy a escribir? Mis meditaciones nunca son demasiado interesantes ni profundas y, a decir verdad, siempre odié a la gente que quiere aparentar ser más interesante de lo que es. En esa intención se le escurren los miligramos de encanto con los que contaban hace pocos segundos.
Así que, si alguien se siente aludido con alguna de estas cosas, considere que siempre es mejor que las escriba sin nombre, a que las comente justo frente a su hermano, su novia, su enemigo... Porque —y eso será tema de otra entrada—, me especializo en cometer errores bizarros frente a las personas menos indicadas.