viernes, 11 de diciembre de 2009

Taxi1

Cuando voy a Lanús y se hace muy tarde, mi padre suele traerme en auto hasta mi residencia en Flores. Eso pasa casi siempre, pero el "casi" se refrenda cuando decide que está muy cansado para hacer eso, y opta por dejarme en manos de sus colegas, los taxistas.
Así es que ensaya una performance rara: se detiene en Av. Saénz (Pompeya), más o menos enfrente de la iglesia, para esperar que otro taxi no conducido por él se asome con su cartelito rojo de "libre". En esos momentos hace señas, como si su auto se hubiera roto, y baja raudamente. Corre hasta la ventanilla del conductor para pagarle el viaje, antes de que yo lo ataje e, ilusa de mí, crea que puedo impedir su movimiento (me lleva una cabeza de altura y es ciertamente un corpachón). Una vez que observo las gestiones con un poco de incomodidad, finalmente ingreso al vehículo y, desde adentro, le digo: "chau, pá, mañana hablamos".
Eso mismo fue lo que sucedió ayer, madrugada de jueves, cerca de las 3am. Claro que no consideré que estoy un poco grande y que mi padre es algo joven (50) para tener una hija de 28 años, porque el taxista en funciones me dijo, una vez que los saludé y emprendimos el viaje:

—Mirá, conmigo no hace falta que mientan, ¿eh? Yo conduzco y no pregunto.
—¿No preguntás qué?
—No, digo, que no hace falta que digas "chau, papá". Yo no digo nada. No hacen falta las mentiras.
—¿Qué mentiras? ¿Qué podría estar mintiendo yo en esto?
—No, bueno, qué se yo, uno ve tantas cosas en la calle.
—Sí, te entiendo, pero no era mi amante: era mi padre. La que va al lado, si la ves, es mi mamá. Y la de atrás, mi hermana. Nada que ver.

El silencio posterior lo incomodó de más, porque le daba la pauta de su hablar alpédico. Me sacó el tema de la invasión de cucacarachas que tiene en su casa, y casi en la cuadra de mi casa llegó a comentar que las hormigas también lo estaban acosando. Al bajar, le recomendé la casa del fumigador, pero olvidé avisarle que si abre demasiado la bocota tal vez se termine tragando el veneno.

2 comentarios:

demasiadolistas dijo...

Uno se toma taxi solo en contadisimas excepciones con lo que uno espera un viaje placentero...eso arranca con el taxista callado!!! y mas si va a decir pelotudeces!!!!!

Andre, la Solterita dijo...

Glorioso... igual no le gana al psiquiatra viejo y loco...