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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Regalito

Que cuando estoy volviendo a mi casa, en un estado de profunda reflexiodepresión, suene al azar un tema tan viejo pero tan oportuno como "Señal que te he perdido", es un patadón más que me dedica este diciembre espinoso como pocos. A ver si llega el 31, eh.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Entel

Todas las casas tienen un karma con alguno de los servicios típicos de un hogar. Aunque nosotros podríamos decir que el problema es con la electricidad —cortes y más cortes, descensos súbitos de tensión y explosiones en la esquina—, el verdadero misterio se encuentra en la línea teléfonica. Creo que ningún otro abonado de Capital Federal tiene más llamadas equivocadas que esta vieja característica de Flores y, sobre todo, no cuenta con un elenco estable de indeseables que periódicamente tienden a errar el número con el que quieren comunicarse. Así, todos los meses, un día X a eso de las 9 de la mañana, debemos escuchar la intempestiva voz de una mujer que, sin mediar saludo, dice "¿Cristina? ¿Cristina, sos vos?". También hay quien pregunta por "mi tío": "Hola, ¿mi tío?". Por otro lado, somos referencia obligada de las máquinas de medición del ráting, así como blanco inevitable de los encuestadores teléfonicos. Teléfonica no deja de ofrecer promociones tramposas, y parece que figuramos en todas las guías que listan personas bien dispuestas para escuchar a los telemarketers.
Como todo esto se ha vuelto parte del paisaje cotidiano, ya no nos incomoda tanto. Pero el jueves, debo confesar que se nos rompió el corazón: un tartamudo en alerta naranja, con graves problemas de dicción, llamó durante todo el día preguntando por "Ana". No quería convencerse de que había sido víctima de un engaño, de que su Ana no vivía aquí y que, cruel ella, le dio un número de teléfono para que se enfrentara, nervios y limitaciones mediante, con el indómito desafío de hablar. Mientras que las llamadas precedentes habían sido atendidas por mi concubinovio, en las últimas, el desdichado galán oyó mi voz y se ilusionó: "por fin la dejaron atender a Ana", habrá pensado. Por eso, con mi mejor tono le expliqué que estaba marcando el número correcto, pero que "ella" no vivía aquí. Balbuceó un penoso "gracias" y no volvió a llamar; de ambos lados de la línea, él y yo sufrimos la decepción. Sos yegua, Ana.

viernes, 11 de junio de 2010

Adiós

Tenía una torta riquísima que una amiga trajo a casa, pero con tantas calorías que comía microporciones diarias desde hace una semana, con un té edulcorado (la hipocresía de cada noche). Ayer, mi concubinovio decidió que era el último día de ese postre, aunque quedara un poco, y me ayudó a tirarlo. Sí, me ayudó, debo confesarlo. Yo no podía sola. Reproducción:

Yo: no sé si tirar la torta de una vez o terminarla mañana.
Él: ¿me estás cargando? Esa torta se tira hoy mismo.
Yo: ¿te parece? Es tan rica. No habrá otra así por mucho tiempo en esta casa.
Él: no lo puedo creer. Tirala, por favor. Es lo más dulce y empalagoso que comí en mi vida.
Yo: sí, por eso. Está buenísima. ¿No la podés tirar vos? A mí me da pena.
Él: ya me la estoy llevando.
(...)
Yo: ¿ya la tiraste? Mejor dejala, mañana la comemos.
Él: no, la tiré. ¿Ves el taper? Está vacío.
Yo: bueno, pero entonces tapala con algo para que no la vea en el tacho y me dé lástima.

Me la envolvió con un papel de aluminio usado, el mismo que cubría ese banquete. Hoy a la mañana lo toqué para cerciorarme de que adentro estaba ella. Estaba.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Blablablá

Siento presente una neblina mezquina
que se abre paso empujando insolente
contaminando con el seño fruncido
envenenando el aire del ambiente.
Tengo un container de basura en el pecho
que va llenandose lentamente
como un sahumerio que apesta la casa
con el horrible olor de la muerte.

(...)

Sin embargo hace tiempo
derrochabas alegrias por ahi
eras fruta deliciosa
hoy sos manzana arenosa.
Tienes que aprender a controlar tus emociones negativas
andas siempre por la vida protestando
como si la vida te debiera.
Para las arrugas te conviene cambiar esa cara fea
no andes siempre por la vida protestando
como la vida te debiera
más que la magia del momento y del lugar
coordenada espacio temporal
en un mundo material,

lalalalalá
"Emociones negativas", Jorge Serrano, Alamut.
Para dedicar a los viejos amores, a nuestros pasados y a lo que fuimos alguna vez, pero ya no.

jueves, 5 de febrero de 2009

Carne I*

Hay un momento de la vida en el nuevo barrio, cuando se es una vecina flamante o se llega por primera vez al negocio analizado, que causa pena y mucha risa a la vez:

CUANDO UNA LE CUENTA AL CARNICERO QUE ESTÁ DE NOVIA.

—¿Sos nueva en el barrio?
—Sí, hace algunos meses nomás —hace un poco más pero, si digo la verdad, no podría justificar mi llegada con demora a ese emporio.
—Bueno, ¡bienvenida al barrio! ¿De dónde venís?
—De La Paternal.
—Ah, de La Paternal? Entonces, ¿vos sos de los bichitos? —cuchillo empuñado, punta hacia mi humanidad.
—No, yo no, pero mi novio sí es fanático del Bicho. Yo soy de Lanús.
—Ah, tu novio... tu novio es de Argentinos Juniors...

Esa frase terminó con las fantasías que todo carnicero tiene al ver a una vecina nueva. Todos sueñan con invitarla a una balsa armada con salchichas parrilleras, cantarles haciendo la mímica de una guitarra con una pata de cordero y ofrecerle, como anillo de amor eterno, una rueda de osobuco o de caracú, si el dedo de la dama es fino y pequeño. Pero no. La verdad sea dicha. En ese momento, con los ademanes más varoneros con los que se cuente, una debe responder al comerciante que, más que faenar, se dedica a la pesca: "No, macho, mi novio es del Bicho y yo soy del Grana hasta la muerte".

* Ver Sharpe, T.: Wilt.

domingo, 29 de junio de 2008

Subterráneo

Sábado 28/6, 14,30 hs.
Línea E (Plaza de los Virreyes - Bolívar), Capital Federal, Buenos Aires.

Subió tapándose la cara con las manos y llorando a mares. Se sentó en el piso, junto a la puerta, y dejó a su lado una caja de cartón ablandado con señaladores y otras chucherías. Tendría unos 7 años, los ojos algo demacrados y era flaquito, flaquito.
Fue una mujer la que primero se acercó para preguntarle qué le pasaba. Acostumbrado a lo que viene de parte de los adultos, el chico no le quiso decir nada.
Mientras seguía llorando, se tapaba el rostro con los dedos entreabiertos, como cuando una escena de película de terror parece que va a calar tan hondo en nuestra mente que creemos no poder soportarlo. Curioso, él se tapaba para no ver y nosotros éramos los que observábamos. Traté de seguirle el juego y, empañando el vidrio de mis anteojos, entreabrí los dedos frente a mi pupila para hacerle alguna zonza y efímera gracia.
Un muchacho se le acercó y, en cuclillas, le habló durante un ratito. Se sacó la gorra, se la puso, lo intentó convencer de sentarse en un asiento y contar qué le había pasado, pero nada.
Con la excusa de correrlo porque, en cuanto la puerta abriera, la gente lo iba a pisar, yo también me aproximé al chico y le pregunté si podía ayudarlo en algo. Una vez. Dos veces. Tres.

—¿En qué? —me respondió.
—¿Cómo? —arrimé mi oído a sus palabras, metiéndome así en camisa de once varas.
—¿EN QUÉ?

¿EN QUÉ?
¿EN QUÉ?
¿EN QUÉ?
¿EN QUÉ?
¿EN QUÉ?
¿EN QUÉ?
¿EN QUÉ?
¿EN QUÉ?
—En lo que quieras: recién estabas llorando —respondí, con franca incoherencia, a lo más inteligente que escuché en todos estos días.
...
...
...
Hizo una leve negación con el rostro, se enjugó los mocos con la camiseta y agarró la caja maltrecha. Una vez más, la respuesta que esperaba se esfumó, como una fórmula alquímica que, por otra parte, tal vez dejó de buscar hace mucho.
El subte llegó a Independencia, las puertas se abrieron y yo creí salir primero: hoy, al escribir esto, siento que todavía no me fui de ese vagón.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Circularidad

Que la gente se vaya durante el feriado del 24 de marzo,
no sepa la razón por la que es un día para recordar por siempre
(no para irse a la playa)
y hoy tengamos que ver a los hijos de los estancieros,
vestidos con remeras de Superman y protestando en Libertador y Olleros,
es un continuum argentino asqueroso.

sábado, 22 de marzo de 2008

Triunfalismo

(Publicidad colgada a la altura de los ojos del que se sienta en un inodoro instalado en el baño de un shopping)

AL RITMO DE TU CIUDAD
FM BLA, BLA, BLA
UN ÉXITO CADA TRES MINUTOS

¿En cuál ciudad viven?
Porque en la que yo vivo —que es donde se encontraba también este aviso—, cada tres minutos puedo percibir:
embotellamientos
oleadas de fastidio respirable
insultos y reconvenciones algo fascistoides
niños sin nada que necesitan todo
animales enflaquecidos viviendo los reveses del cariño snob
gente con ganas de huir y preguntándose cuándo viene el próximo fin de semana largo

pero un éxito cada tres minutos, eso sí que no lo he vivido.
Milagros de la música pop sólo para entendidos.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Incasualidad

Ayer, una foto subida en forma espontánea a mi blog.
Ayer, una paloma estrellada al pie de la parada del colectivo.
Ayer, un miedo repentino a haber hecho, por anticipado, un recordatorio doloroso.

Hoy, sentirme mal todo el tiempo.
Hoy, andar a un 40% de mi energía habitual, con la cabeza hecha un bombo.
Hoy, enterarme a la tarde de que Gritón (aunque su nombre era Pompón) había muerto bajo la rueda de un auto.

La gata negra se acuesta en cualquier lado.
Yo tiro una porción de hígado que tenía un destinatario.
Una amiga me dijo, cuando alguna vez lloré por algo parecido, que también los gatos se iban al cielo. Espero que allí le hayan preparado un banquete a Gritón.