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sábado, 30 de octubre de 2010

Panificado

Yo: es un muchacho contundente, de ésos que no son ni gordos ni flacos, sino como tubulares, macizos.
Mi hermana: ah, como un scon. ¡Un hombre-scon!

domingo, 15 de marzo de 2009

Balanza

A todos los amigos de Insolada que me han dado fuerzas para iniciar mi dieta, les cuento que he pasado 15 días sin pisar una panadería y que eso está lesionando mi cerebro cascoteado, puesto que ayer he soñado con napolitanos*.
Sin embargo, mi canalización onírica de la gula no me impide recordar con cariño las indicaciones de Caro (C., en sus firmas) y del amigo Quique, que tan bien me ha metaforizado el proceso de estar "a régimen", como decían las abuelas, con la dieta del lagarto: comer poco y tirar harto. Una verdadera genialidad.
A continuación, un breve informe de avance sobre mis logros nutricionales:
1. Días sin consumir pan en las comidas: 15.
2. Cantidad de rebanadas de pan por día: 2 (light), sólo en desayuno.
3. Número de días sin comer carne: 15.
4. Cantidad de clases de gimnasia: 5.
5. Bebida más consumida en las últimas semanas: agua.
6. ¿Azúcar o edulcorante? Siempre edulcorante.
7. La vieja amiga a la que no se la llamó en las 2 semanas: la miel.
8. Malajunta evadida en este periodo: las melbas, el chocolate después de comer, la manteca por las mañanas, el arroz con leche tregar, las barras de crocante de maní, la cerveza a mitad de semana, la chocolatada, las melitas ultramojadas en el té, las cremonas rellenas de membrillo y siguen las firmas.
9. Peso reducido en este tiempo: ignorado (me dan terror las balanzas).
10. Proyección estimada de mantenimiento de la dieta: impredecible.

Como verán, me estoy orientando al fracaso y hoy, un día después de haber escrito esto en borrador, decirle No a las facturas del domingo a la tarde y a las facturas sobrantes del lunes a la mañana me ha provocado un dolor punzante en la región cerebral del vicio. Otra semana para remar cual gondolieri en aguas de helado cremoso derretido. Allí voy.


* Los napolitanos son las facturas hechas con sobrantes de las demás facturas, que parecen porciones de torta y siempre son oscuros, porque tienen algo de chocolate o de algún ingrediente inexplorado. Hay panaderías que los hacen detestables y otras que los preparan adictivos. Puedo dar direcciones.

sábado, 28 de febrero de 2009

Laigt

SÍ A:
cebolla, zanahoria, manzanas, peras, berenjenas, tomates, zapallitos, limones, cebollas de verdeo, duraznos, galletas de arroz, queso y leche descremados.

NO A:
todo el pan que llena mis días en sus diferentes versiones.

Hacía mucho que no me preparaba espiritual y supermercadísticamente para una dieta. Pero aquí estoy, sintiendo el clásico apetito que no surge tanto de comer menos, sino de saber que no se puede comer más. No obstante, prometí que nunca más iba a seguir un plan "de fotocopia" o las grillas ésas insoportables, así que mi esquema es autodidacta. Como la disciplina no es lo mío, creo que voy frita (sí, frita, no al horno).
No se crucen conmigo en los próximos días, porque cuando estoy a dieta el canibalismo no deja de ser una opción. El problema es que también dejé de comer carne, así que tal vez me vean aferrada con los dientes a un arbusto de Flores. Qué vida de merda.

miércoles, 21 de mayo de 2008

GenteComoUno

Que una señora, en la fila de la panadería, en menos de 2', diga "en un viaje al exterior que hice" y "Automóvil Club Argentino", es algo que sólo ocurre en las inmediaciones del Alto Palermo. Y encima me lo comenta a mí, como si me importara o como si pudiera seguir una conversación con esos tópicos. I am from Lanús, Mrs. ApellidouCompuestou.

viernes, 10 de agosto de 2007

Miopía

—Ah, ahora sí estás linda... ¡Hoy viniste sin anteojos!
—Sí, hoy sí. El problema es que, cuando pido algún pan que me gusta, y lo señalo, no sé si es lo que estoy viendo, u otra cosa que no quiero comer.
—Ah, bueno... Pero, ¿nunca averiguaste para operarte la vista? Eso sería muy bueno...
—Me dan miedo las operaciones, eso es lo que pasa.
—Bueno, pero por lo menos, ¿no probaste con usar lentes de contacto?
—Eh... no, seguro que los perdería.
—¿Vos conocés este instituto, de Ballester? Mi mujer fue, tenía una alergia en la vista, y se la curaron fenómeno. Te voy a traer una receta, tengo muchas en casa.

(El señor mayor, dueño y cajero de la panadería que está cerca de mi casa, que todos los días me ve usando anteojos, menos las tardes que salgo de gimnasia sin largavistas de rigor, y decido arruinar mis esfuerzos comprándole mignones a él).

¿Estoy en mi legítimo derecho para golpearlo?
Ya le dije muchas veces —este diálogo se repite cada semana— que mis dioptrías no justifican el quirófano, que me faltan algunos meses para tener la edad en la que la miopía se paraliza, y que mis anteojos me acompañan desde los diez años, así que ya no son tan graves en mi vida. Pero mis explicaciones no lo conformaron.
El señorpequeñoempresario tal vez tenga algún proyectito con el negocio de la oftalmología.