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domingo, 9 de enero de 2011

Ideón

Esquivar a los hippies palermitanos que dicen todo el tiempo "parchear" y "acampemos libre que es mejor" nos ha conducido a la recóndita Abra Pampa (Jujuy). Tal vez cayendo en la trampa del viajero que se pretende original, nos hemos sumido en la contemplación de un pueblo que, en domingo, le pelea calma al Cementerio de la Chacarita. Por eso, para conjurar la inmovilidad, caímos en una nueva emboscada: ir mañana a una célebre laguna que queda a 7 km (sí, 7) del preciso lugar donde el único micro deposita a sus pasajeros. No hay remis, ambulancia, teletransportador, tobogán inflable ni cañón de circo que lleve del punto de inicio a la orilla del agua. La deidad nos lleve a upa hasta la tierra prometida, y que también nos traiga de vuelta, si no es mucha molestia.

sábado, 16 de octubre de 2010

Teléforro

1 hora ininterrumpida durante la que una persona llamó y llamó a mi casa, en forma ininterrumpida, a los dos teléfonos y al celular de mi concubinovio —por lo que se dedujo que el insoportable lo buscaba a él—, me hizo reflexionar en el clímax del mal humor sobre un perfil humano que detesto: el que no maneja la ansiedad en relación con las comunicaciones teléfonicas. Yo también tengo un pésimo manejo de ese aparato, pero porque odio atenderlo, odio hablar mucho tiempo y odio que que me sucedan más de dos llamados en la misma hora. Pero el ansioso telefónico tiene un mal manejo que me desespera, dado que utiliza la vía del acoso y no la de la evasión. Por eso, luego de haber atendido y haber maltratado a otra persona que llamaba por primera vez, pensando que era él, al ansioso que me molestó hoy le dedico dos regalos: 1) el peor fin de semana posible; 2) 5 máximas para que se las tatúe en los glúteos, así por lo menos tiene una actividad para pasar el tiempo entre llamado y llamado: torcerse por completo frente al espejo para leer estos lemas de vida.

Estimado ansioso telefónico: a manera de tarea hogareña, te envío estas meditaciones sobre el modo en que usás tu aparato preferido. Estudialas y recordalas cada vez que marques el número correspondiente a mi línea.

1. Las probabilidades de que alguien que no se encuentra disponible al teléfono, lo esté en los próximos 5 minutos, son bajísimas. Asumilo.
2. La persecución por todos los números posibles sólo genera, en el otro, un pensamiento: "No voy a atender, y reventá con el tubo en la mano". La pena es que ese happy end es tan poco probable como el lema N° 1.
3. El acoso telefónico genera, en los que acompañan al destinatario de este ansioso, un estado de mal humor que se derramará completo sobre su objeto de deseo, al estilo de "¡A ver si atendés a este pelotudo, por favor! ¿Por qué no le das sólo tu número de celular, y no el de casa?"*. Ergo, esta persona no va a querer hablarte por mucho tiempo, debido al mal momento que tuvo que aguantar sin demasiada culpa.
4. Es probable que quien acompaña a tu objeto de deseo atine, en el timbre 178, a atender el teléfono, con las consecuencias previstas: el ansioso, esa única vez, no era el que está del otro lado, y un voluntarioso inocente soporta un ataque de furia que lo remonta a niveles subterráneos de autoestima.
5. Tu actitud, posiblemente, sea uno de los factores por los que tanta gente te tiene en tan baja consideración**. Sumale dignidad a tus comunicaciones, por favor.

Ya sabés: tinta indeleble en las pompis, y que otro se ponga a escribir estas frases salvadoras para tu vida. De nada.

* Testimonio de la vida real.
** Acá surgió la autoayuda de tupperware que tantas frustraciones me causó en el pasado. Todo, por este tipo de sujetos, grrrrr.

jueves, 15 de abril de 2010

Oiga!

Llamé por teléfono a un centro médico porque necesito un turno con un otorrinolaringólogo.
Los depósitos de mis orejas podrían participar en la restauración de todo el Museo de Cera de Londres.
Puaj, sí, ya lo sé. Pero pertenezco a la parte de la humanidad que requiere una limpieza de oídos cada un par de años. Es así, debo asumirlo. Pero yo no soy la única que estoy escuchando mal, pues el recepcionista me jugó una extraña competencia de sordera.

—Centro médico, buenas tardes.
—Hola, qué tal, quisiera pedir un turno de otorrinolaringología.
—Muy bien. ¿En qué horario le gustaría?
—Eh, bueno, creo que por la mañana estaría muy bien, porque también tengo que ir al laboratorio a hacerme análisis.
—Ah, entonces, si es a la mañana, tengo para el 6 de abril.
—Unas tres semanas. Y si no te pido a la mañana, ¿tenés un turno más pronto?
—A ver, si no es a la mañana... Lo único que tengo es el 30 de abril, viernes.
—Bueno, dale. ¿Qué horarios tenés libres?
—10,45, 11,15 y 11,45 de la mañana.

jueves, 18 de marzo de 2010

Condescendencia

—Y no, van a tener que empujar a los demás, si no no van a poder salir.
—Empujen si quieren salir, acá no se va a mover nadie.
—Apúrense y sigan empujando, si no va a arrancar el tren con ustedes arriba.

Estación Floresta del FF. CC. Sarmiento, martes a las 18,30 hs.

Tenía entendido que los concesionarios de los ferrocarriles eran unos corruptos increíbles y unos inhábiles completos para brindar un servicio de transporte medianamente pasable. Pero no pensé que los usuarios iban a interiorizar tanto la mediocridad del mecanismo como para establecer que, si lo que se quiere es salir del vagón —una actividad tan obvia como entrar en éste—, hay que maltratar a todos los que están adelante.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Socialista

Perdoná Laura. Por favor.
No me considero fascista. Estuve trabajando durísimo en una pastelería luego de una internación psiquiátrica post-divorcio.

Mucho de lo que llamás mi fascismo se debe a que tengo un padrastro muy duro conmigo, que fue amigo del Che y estuve en Cuba en los sesenta. Conversando con él voy recuperando sensibilidad social. Me considero un seguidor de Bernard Shaw y los fabianos, los socialistas pacíficos que creen que que el socialismo llegará gradualmente lo que actualmente está ocurriendo, entre cosas, gracias al rock.
Soy un paciente bipolar.
En ningún momento quise herirte, y tal vez tengas razón y mis escritos son bodrios, pero deseo continuar escribiendo.
Mil disculpas.
Creí que percibías que yo tenía transtornos psiquiátricos, pero estoy bien controlado.


No puedo negar que me sentí un poco mal cuando recibí esta contestación, pero también es cierto que no la entendí por completo.
Una amiga me dijo que sólo quería victimizarse, y que lo dejara tal como está.
En verdad, no me arrepiento para nada de mi mensaje original, salvo por el calificativo de "bodrio". Aunque sus textos conformaron lo más parecido a una bazofia para leer (o para abandonar la lectura para siempre), mi autoridad sobre el tema es dudosa.
Pero bueno, el placer de "cantar las 40" sucede pocas veces en el año, y celebro mi estallido, que representa y compensa muchas otras explosiones que se quedaron en el camino.
¿El socialismo de la mano del rock? Ya me parecía que Fito Paéz, Cerati y Spinetta estaban cada vez más cerca del pueblo. Eso es lo malo de mandarle a los locos una bomba por mail: que después llegan las perturbadoras respuestas.