sábado, 13 de junio de 2009

Música

Cuando llegás tarde, es viernes y estás cansado/a, a veces no queda otra opción que exponer el hígado en una fonda de Flores, a cambio de un exiguo menú y precios algo discutibles (pero no mucho, dado el remanente de energía con el que se cuenta).
Si bien pensaba que tendría que afrontar:
el aceite con el que se fríen los alimentos,
la insuficiente ventilación del lugar,
la posibilidad de que no hubiera nada de lo pedido por lo avanzado de la noche,
la certeza de que caería a regañadientes sobre una milanesa a pesar de mi pretendida renuncia cárnica,
la tardanza con la que nos iban a servir en virtud de lo tarde que llegamos,
la ensalada mustia que me iba a comer,
lo rápido que nos íbamos a ir
y lo solos que nos íbamos a quedar en la parte menos glam de Av. Rivadavia, no tuve en cuenta la siguiente variable:

—¿Se escucha, se escucha? Uno, dos, tres, probando.

Un grabador en la estantería del bar (grande como cualquier comedor en un departamento de 2 ambientes), tres grupos de personas que, en sendas mesas, esperaban con júbilo y un pseudo cantante vestido con pantalón náutico (bien '90) que probaba un micrófono maula que, pese a mis plegarias, decidió funcionar.
La tiranía del cantante de bodegón o fonda se hizo presente en su versión más cruda. Tuvimos que escuchar una selección de Cacho Castaña, Sandro y Nino Bravo, matizada con estribillos escuchados en el programa de Tinelli (uf), la exhibición del hueco donde debería haber un diente —realizada por el artista, a modo de gracia—, la dramatización de un encuentro hot entre el recién mencionado y una señora en llamas que había decidido raptar al cantor (ojalá se hayan ido lejos), una original sugerencia sexual consistente en ubicar el micrófono en diagonal a la altura de los genitales y un estribillo de murga, entonado por una comensal murguera (ya charlamos sobre esto), con la melodía de Café La Humedad.

Encima, los que pagamos fuimos nosotros.
La tiranía del cantante de bodegón, que amerita transformarse en categoría, es una de las plagas que asolan a Buenos Aires de noche. En cada restaurant que parece ameno, familiar y económico, el tercer tenedorazo hambriento sufre el embate de un acorde de guitarra que anuncia la pesadilla. Después de eso, Naranjo en flor a los gritos en el oído, Si te agarro con otro te mato en clave seductoragresiva o Libre a la hora del flan, son sólo formas de un mismo fenómeno espeluznante.

6 comentarios:

Deticher dijo...

Odio con toda mi alma los chous en los restorantes. ¡VINE A COMER Y A CHARLAR!!!! Con la onda Cromañón habían rajado a los chous de buena parte de los restaurantes, pero parece que como todo en este país, al ratito vuelve. Lo siento. Verdaderamente, lo siento.

Fasmid dijo...

LIBRE A LA HORA DEL FLAN! Qué temazo! Bis!

Lil dijo...

Pero, pero... Qué hace con el grabador? Karaoke? No tiene organito electrónico Yamaha??? Y cantaba 'Las olas y el viento'??

Morocha dijo...

Permitime un...jajajaaaaa !!!!

Me muerooooo....

Faltaba que cantara "Vivo por ella" (esa canción que canta Andrea Bocelli+Marta Sánchez) todos estos cantantes pedorros se hacen los tenores y le entran a ese tema.

Daria dijo...

Nunca creas que las cosas salen mal... ILUSA SIEMPRE PUEDEN SALIR PEOR!

quique dijo...

En algunos sitios, terminado el recital, el cantautor opta por pasearse, sombrero en mano, recogiendo la gratitud de los concurrentes traducida en papel moneda. Vaya cuajo. Como si no estuviera uno para fajarse también la guirrata y entonar sentidos (y desafinados)valses y boleros. Como están los tiempos, mejor llevar el cancionero a mano.