jueves, 18 de febrero de 2010

Bolufla

Hoy, por fin, tuve lentes de contacto en mis ojos. Cuesta ponérselas, cuesta sacárselas, pero más cuesta darse cuenta de que este elemento terapéutico me da más posibilidades todavía de quedar como una idiota. Testimonio de la vida real:

La contactóloga me enseña a sacarme las lentes que ella me puso con fórceps y, después, me indica cómo autocolocármelas sin quedar tuerta. Al final, el celofán óptico se adhiere a mi retina y me levanto del sillón. Ella, mientras tanto, me prepara el clásico estuche de doble círculo para guardarlas cuando me las saque, en 4 hs. aprox. Diálogo:
—Aquí te traigo solución salina, para que dejes a las lentes en este agua, dentro del estuche. Acordate de poner el derecho en el derecho y el izquierdo en el izquierdo. Ya te llené los compartimientos con la solución, ¿ves?
—Uy, ¡que finitas son! ¿Las lentes están ahí dentro?
—No, las tenés puestas.

Chan, chan.

1 comentario:

Homero Thompson dijo...

NO es fácil el temita de los lentes de contacto...te lo digo por experiencia. Pero después pasa a ser cotidiano!