sábado, 9 de julio de 2011

Fotogénico

La insportabilidad no leve de mi ser se combina con la distracción en momentos en los que debo estar atenta. Ocasiones que se han multiplicado desde la noticia de mi gestación. No es el objetivo hacer de éste un blog que cuenta las peripecias de una embarazada, que así anticipa todos los comentarios inútiles sobre cosas que no le interesan a nadie que hará en los próximos 3 años. No. El problema es que el auto sigue en el taller y todavía no me he lanzado de nuevo a la aventura de conducir y fracasar. Entonces, vamos a lo que sigue.
Centro de ecografías. Muchas señoras supra 80 que esperan su momento, que claramente siempre es previo al mío. 20 minutos por turno: es presumible, puesto que sacarse la ropa, subirse a la camilla, encontrar el objetivo interno, limpiarse las 3 toneladas de gel que te adosan a la piel, bajarse de la camilla y ponerse la ropa suele demandar, en ese tipo de pacientes, un tiempo considerable. Yo, la ilusa, pienso: "buenísimo, entonces si yo hago todo eso más rápido, tal vez me dejen ver la pantalla un rato más"*. Craso error: mi estrellato ecográfico dura unos 3 minutos aproximadamente, después de lo que me voy rauda al baño tratando de no hacer un papelón en la sala de espera. Pocos minutos después, llega la tanda de ecografías para las señoras y para mí, que esperamos nuestros pequeños misterios fotografiados.
Salimos, Lucho y yo, a la vereda. Obviamente, abro la carpeta y miro las fotos. Reproducción del diálogo:

Insolada: pero mirá que fotos de merda, no se las vamos a mostrar a nadie. Todas negras salieron.
Lucho: a ver, sí, están raras.
Insolada: ¿dónde está el bebé acá? Claramente, no vamos muy bien si, aún sabiendo que está en mi propio cuerpo, ya empezamos a no encontrarlo.
Lucho: no, debe ser eso que está ahí, ¿ves? Es eso, hoolaaaa, ¡mirá, ahí está!
Insolada: ¿la forma negra de ahí? ¿Eso? ¡Pero así no se veía en la pantalla! ¿Eso deberían ser los pies, entonces?
Lucho: y sí, supongo que sí.
Insolada: esperá un poco, a ver... ¡Castejón, dice "Castejón"! ¡No soy yo!

Lo que siguió fue propio de una sitcom. Lucho apostado en la entrada del ascensor, en la planta baja, jurando que se acordaba de la cara de la octogenaria número 22 a quien le pertenecía la ecografía. Yo, subiendo a las corridas y exclamando en la recepción "disculpen, no sé si soy yo, pero yo no encuentro a ningún bebé en estas fotos", y las recepcionistas pensando "una idiota primeriza más en estado de pánico". La ecógrafa llegó, miró las fotos y corrió a buscar a la abuela prófuga.
Una vesícula. Yo estaba mirándole los pies a una vesícula, y Lucho le estaba diciendo "hola, acá está papá".
Y la señora, a sus años, le estaba llevando una ecografía de 13 semanas de embarazo a su gastroenterólogo.

* No es ternura, sino estupidez.

2 comentarios:

demasiadolistas dijo...

No no..por favor...cómo me tenté con este post...largué carcajada mal...
Una anécdota digna de Insolada!!!

(M)

Ro dijo...

Muy bueno!!! Hacía rato que no me reía así, me los imaginé a los dos hablándole a la vesícula de la vieja!!! Besotes.