martes, 12 de julio de 2011

Causas

En estos días donde llevo la furia en mí, por no poder entender que casi 1 de cada 2 personas en esta ciudad haya votado a Macri, justo me encuentro con esta interacción de la vida cotidiana.
Subte D, con todo lo que ello implica. Señora bián que habla con una madre agobiada, costurera y migrante —según su conversación—, que vive con sus hijos y pasa todo el día trabajando. Encuentro equivalente a 2 horas de paseo al caniche toy versus 18 horas de trabajo textil por encargo y doméstico por obligación. Reproducción del diálogo:

Señora: ay, ¡pero qué cara de cansada que tenés!
Madre: y sí, es que no puedo descansar. Tengo que cuidar a los chicos, arreglar la casa y hacer los trabajos de costura. Soy sola y no tengo a nadie que me ayude.
Señora: ¿a nadie-nadie? ¿Una familiar, nadie?
Madre: no, nadie. Acá vivimos mis hijos y no nada más. No tenemos a nadie.
Señora: ¿y no podés llamar a una mujer para que te ayude con las cosas de la casa?
Madre: no, por mi barrio no hay nadie para llamar. No quieren venir.
Señora: ¿pero nadie, ni por unas horas?
Madre: no, prefieren trabajar con cama adentro.
Señora: y no, con cama adentro después te roban todo.
Madre: ...
Señora: ¿pero vos no vas a la parroquia, entonces?
Madre: no, no tengo tiempo para nada; trabajo todo el día, no puedo ir a la parroquia.
Señora: ah, por eso es.

Díganme después si no es necesario llevar la motosierra en la cartera.

2 comentarios:

Hernán Carreras dijo...

Zennnnnnnnnnnnnnnnnnnnn

demasiadolistas dijo...

Motosierrraaaa sin piedaddddddddddd

(M)