martes, 20 de julio de 2010

Trasmutación

Hay días en los que me convierto en una vieja cuidagatos.
No son días buenos ni malos, son días de vieja cuidagatos.
Y no tiene que ver exactamente con que tenga una gata, ni con que otro felino histérico insista en ser adoptado sin condiciones (esto es: no se puede tocar, no se puede seguir, sólo quiere estar escondido en la casa y sin interactuar). No. En verdad, estos días se notan en ciertos rituales, a saber:
* Levantarse sola, un poco alelada, y poner música durante la primera hora de vigilia.
* Imponerse la quita de pijama para demostrarse que el día, técnicamente, empezó.
* Sintonizar el programa de cocina y quedarse mirando el devenir de las recetas mientras se enfría el mate.
* Saber que, aunque es día del amigo, no vas a ver a nadie, porque da mucha pereza salir al exterior en una ciudad donde "hay que hacer algo" porque es la fecha de la amistad.
* Recordar que hay cajones y rincones de la casa inescrutables, donde hay papeles que se deberían haber tirado en la anterior mudanza, botellas vacías y frascos de líquidos de limpieza viejos y solidificados. Dejarlos así.
* Quedarte un rato frente al monitor sin acordarte de qué es lo más importante que tenés que hacer en el día: esa tarea que va a justificar tu jornada. No hay, parece.
* Descubrir que lo más relevante que te toca hoy es esperar a la cena para ensayar las croquetas de acelga y puerro que figuran en la parte de atrás de la caja de cubitos de sopa.
* Salir al sol para colgar la ropa; alegrarse de que ya se puede lavar otra vez es otro indicio del cuidagatismo. Evaluar quedarse en la terraza o bajar, debido al frío. Bajar.
* Almorzar los dos tapers pequeños de comidas contradictorias que quedaron en la heladera: fideos con aceite, y arroz con verduras. Uno atrás de otro, previo calentamiento en microondas. Para que no se pongan feos.
* Reconocerse tenedoreando con la vista fija en la tele. Entrada en pavor. Comienzo del trabajo: leer y fichar, leer y fichar, leer y fichar. Pero primero escribo esto en el blog. Así parece más gracioso de lo que es en verdad.

9 comentarios:

c. dijo...

soy, en parte, una vieja cuidagatos!
jamás lo había sospechado. y ahora qué.

ene dijo...

yo tambien soy vieja cuidagatos, pero en iguales situaciones siempre siempre me quedo en piyama!

Azul dijo...

:P genial!! es un gol de media cancha este bloggg

c. dijo...

ay, laura, maldita: no hay dìa ahora que no me vea en situaciones de vieja cuidagatos!!!!

;- )

Daria dijo...

Y está muy bien ser vieja cuidagatos!
De hecho a mi me preocupa mucho más UN VIEJO CUIDAGATOS!
Asssssssssssco!

Beso amigueta y yo tampoco hice nada el martes .... será por eso que nos queremos, vio?

Laura dijo...

C.: amiga, no te compliques. El cuidagatismo nos une y nos hermana. No está tan mal, después de todo.
ene: debo admitir que quedarme en piyama después de levantarme me deprime horrores. De manera obligada, tengo que vestirme de otra manera. Problemitas que tengo.
azul: ¡muchas gracias! golazo son los comentaristas, en realidad. Y esquivaste muy bien la posibilidad de ser un "viejo cuidagatos", pero te estamos vigilando!

Laura dijo...

Daria: mi querida, es verdad, me recluí el día del amigo por miedo a las multitudes de restaurant. De ahí nuestro amor y nuestra fobia. Y por viejo cuidagatos, ojo con "el" Azul, que me parece que se las trae, ja, ja!

c. dijo...

mi mantra: soy una vieja cuidagatos

(casi como el "soy un juntapuchos, de leo masliah).

ADICTA.

Luciano Saracino dijo...

Y en esos días yo dónde estoy?
Porque lo que yo veo día a día es una muchacha llena de glamour.