martes, 14 de septiembre de 2010

Proyección

Hay ciertas cosas de mi futuro que ya están claras: mi distracción va a aumentar, posiblemente tenga más gatos de lo aconsejable, le dé un poco al trago en las fiestas sociales y recurra a alguna que otra medicación para limar cables mentales. Pero, eso sí, que el destino me mantenga a salvo de transformarme en alguno de estos dos especímenes femeninos:

1. La corrupta en la verdulería. Hay una fila no muy larga para comprar vegetales, pero un gran-gran obstáculo: una señora de edad avanzada que compra mandarinas de a una, manzanas de a una, y arvejas también de a una. Que estén duritas, que no estén pasadas, que tengan buen color y que no hayan sido muy tocadas. Así, una transacción demora aproximadamente 15 minutos por persona. Y qué se le va a hacer: sólo resta mirar con mala cara a la insufrible que completa su lista e incitarla para que termine de una vez. Pero la corrupta en la verdulería no considera esta opción. Ella ingresa subrepticiamente al local, ubica el precio de lo que quiere pagar y le pide al comerciante, con un guiño de ojos, que le dé "eso" por lo que no puede esperar. Son capaces de soportar la vergüenza de que alguien se queje con tal de no soltar su medio kilo de cebolla. Y a pesar de que son las primeras en querer esconder la edad y en hacerse las inteligentes, están dispuestas a pasar por nonagenarias y por idiotas con tal de irse pronto.

2. La miedosa en el colectivo. Como siempre, en cada viaje, suele haber una persona que se pelea con el colectivero. Puede ser que una moneda se haya perdido en la infernal máquina expendedora, que el pasajero haya tapado el espejito durante toda Av. Rivadavia sin darse cuenta, que el chofer haya arrancado de golpe y casi provoque un desnuque urbano, como otros millones de felices razones que suscitan el insulto rápido y poco talentoso a bordo del transporte público. En esos momentos de catarsis irrumpe ella, la miedosa en el colectivo, dispuesta a reprimir las emociones ajenas y a poner orden en un espacio cuya organización es prácticamente ésa, la del conflicto a toda hora. Con un desesperado "Por favor, señor/a, no ponga nervioso al chofer que tiene que seguir manejando", trata de aplacar la pelea y sólo genera un segundo roce, cuando el pasajero en cuestión le pregunta qué catástrofe tan grande puede suceder si discute un poco con el turbulento conductor. Como si el chofer, a partir de una pelea que ya acaba de olvidar, hubiera decidido cargarse 45 vidas imprescindibles para el mundo sólo porque un aparato rechazó una moneda de 50 centavos. Como si el susodicho, además, considerara que su vida ya no vale nada porque una persona piensa mal de él —algo que sabemos que jamás los agobia—, y hubiera decidido conducir hacia el abismo.

Corruptas y miedosas, búsquense otro mundo lejos de mi barrio, por favor. Lamentablemente, en una ciudad grande como Buenos Aires seguirán habiendo filas en la verdulería, disputas de colectivo y cualquier mala e innecesaria ocasión para esperar o escuchar en vano.

4 comentarios:

Pato dijo...

"desnuque urbano".Grosso.

ene dijo...

Por suerte nunca me crucé con una corrupta en la verduleria, siempre trato de mandar a otra persona porque tengo una teoria en la que los verduleros siempre buscan cagarme con la plata.
Pero lo de las miedosa nunca lo escuché! Yo soy de las que se quejan siempre en el bondi!

MaGui (Sí, sí... la misma) dijo...

Yo finjo a mi edad estar embarazada, claramente en el futuro usaré toda clase de artimañas corruptas para no hacer una fila ni esperar... se viene se viene... ya te lo dije "gorda tránfuga o muerte" ajjaaj

Laura dijo...

Pato: el desnuque urbano es PELIgrosso, tenelo en cuenta.
ene: fijate si, cuando protestás, no tenés al lado a una presuntuosa mujer que te llama a silencio. Y por lo de la verdulería, es verdad, el redondeo es implacable.
MaGui: "yo finjo a mi edad" sonó a tener 12 años u 80, amiga, ja, ja! Y el lema de este año (GT o muerte) es totalmente genial.