jueves, 9 de septiembre de 2010

Medicada

—Tené cuidado con estos, eh. Mirá que te matan. No te rías, en serio te lo estoy diciendo.

Después de tres noches sin dormir por los ataques de tos, de reducir mi capacidad respiratoria a la de una hormiga —oxigenando todo mi cuerpo— y de tener una garganta con tanta arena como para que todo el distrito de La Matanza pueda veranear en ene-feb-mar, la señora me prevenía de algo realmente inútil en ese momento. Apoyadas, ella y yo, en el mostrador de la farmacia, pensé que se refería a que los medicamentos de ese negocio estaban vencidos, a que "te matan" con el precio, o a que te dan cualquier cosa menos lo que figura en la receta. No obstante, me importó poco: durante días, había tomado ibuprofeno, qura plus, difenhidramina, y nada había surtido su efecto. Y encima, ahora, la mujer me estaba pidiendo que no me ría.

—Ah, pero te dieron ese antimucolítico. Ese es bueno.
—¿Sí? ¡Qué suerte!
—No, "qué suerte", no. ¿Te lo dio un neumonólogo o un médico de guardia?
—Un médico de guardia.
—Entonces no sé si está tan bien. A mi marido, esos tipos lo dejaron internado 15 días.
—¿Sí? ¿En este sanatorio?
—Sí.

Otra información irrelevante. Mi historia clínica, en ese lugar, consta de sólo dos hechos precedentes, a saber: 1) un pie atravesado por un enchufe; 2) un brazo agujereado por la mordida de un perro. Si salí medianamente bien de esos siniestros, el sanatorio merece mi más profunda devoción.

—Ajá, y bueno. Pero si me deja dormir, me tomo el antimucolítico contenta.
—No, no creo que te haga dormir. No sé, eh. Me parece que no.
—Bueno, no importa. Por lo menos voy en el buen camino.
—Si a vos te parece... No te rías, en serio te digo.
—No me estoy riendo. Estoy escuchando.
—Ahora hay un virus que nadie sabe qué es y que nadie quiere tratar. Empieza con diarrea y con un resfrío igual al que tenés vos. Por eso te aviso.

La viejapocalíptica se había mostrado en su mayor esplendor, mientras desplegaba un sinfín de recetas médicas que se traducían en un jenga de cajas de remedios. Me alejé pronto y sin querer escuchar más nada, mientras ella me despedía con un letánico "Que te mejores, eh, que te mejores".

5 comentarios:

efa dijo...

la capacidad respiratoria de una hormiga, la garganta arenosa, y los diálogos me hicieron reír!
me quedo leyendo
efa

demasiadolistas dijo...

Foto de la farmaceutica al freezer shaaaaaaaaaaaa

(M)

Montado de un Huevo dijo...

jajajajajaj diossss pero q viejaaa mala ondaa!!!!!!!Desp decí si te recuperaste o si le diste el gusto de pasar al otro mundo!


Saludos!
El Huevón

Manu Blauab dijo...

jajaja, al final la cura es peor que la enfermedad, o la vieja... o todo, no se.

Laura dijo...

efa: ¡muchas gracias! De la risa a la conmiseración, ése es el camino en este blog. Seguro ya estás en lo último.
DemasiadoListas: era una clienta como sho, eh?
Montado: me quedé en esta dimensión, donde también está la vieja, lo que no es muy alentador.
Manu: sí, eso pasa por querer hacerse el disciplinado con la salud. Con vino caliente esto no pasa.