miércoles, 24 de febrero de 2010

Distinciones

Si las pizzas de todo el mundo se dividen entre las que se hornean con las aceitunas, y las que tienen el agregado de aceitunas frías al final —prefiero la primera variedad—, las personas se pueden distribuir en dos clases fundamentales: las que se quedan a ver los créditos de las películas en el cine y las que, apenas escuchan los acordes del final, se levantan como si llegara un tornado. Yo pertenezco al primer grupo y, cada vez que somos 5 en la sala que se va encendiendo paulatinamente, me creo que formamos una especie de hermandad paciente que disfruta la película hasta el final, aunque entre esos 5 se cuente una pareja que aprovecha los últimos manotones antes de salir a la calle (ya aprenderán). Supongo que en esta hermandad debemos estar los mismos que comemos el cono de barquillo del helado, y no los que lo tiran, dado que esa es otra división fundacional de la naturaleza humana que distingue aguas y estilos.

4 comentarios:

ene dijo...

Tengo un amigo que me acostumbró a quedarme hasta el final, aunque debo decir que no estoy convencida de la utilidad de quedarse.
sin embargo si soy de las que comen el barquillo del helado (aunque esto no se si es por gula)

Ari dijo...

Si querés ser realmente grosa te tenés que comer el vasito de plástico del helado.

demasiadolistas dijo...

Totalmente...estan quienes tiran y quienes comern el barquillos...pero lo groso grosssso es comerse el vasito de plastico...diferencia que marca diferencia...
(M)

Insolada dijo...

Ene: pensá en todas las pelis que guardan una sorpresa para después de los títulos. El club de la pelea es un buen ejemplo.
Ari y DL: miren que yo probé hasta la comida del gato, para ver por qué le gustaba tanto. Pero comerme la taza de plástico me suena a contaminación interior. Igual, por ahí sienta bien.