lunes, 21 de enero de 2008

Conexión

Mi vecina, la que toma pastillas, no quiere salir de su casa y debe cuidar, todos los días, dos nietos enfervorizados de 6 y 3 años, escucha una canción cuasi religiosa que Maná canta con Juan Luis Guerra, el que se hizo un fanático de Dios después de tener serios problemas con sus ojos.
No sabe casi nada de la letra pero, por una suerte de identificación, entona a los gritos cada vez que el bodriazo recorre los versos de "(bla, bla, bla)... esta soledad de mi destino..." y después se calla o le grita a alguno de sus sufridos niños.

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