martes, 7 de agosto de 2007

Virginia

Cuando estoy muy, muy cansada, los recuerdos se me disparan como películas a las que no les puedo poner pausa.
En estos días, que estuve a destiempo con las tareas, me acosté y no pude evitar hacer la conexión de la palabra "insolada" con mi extravagante abuela, que, cada vez que me veía jugar al sol, en el inmenso patio de su casa, me llamaba a los gritos para que me pusiera a la sombra, diciendo: "Laura, abuela, salí del sol que te vas a recalentar la mollera".
El consejo no funcionó, y me la recalenté igual (en parte, también por ella).
Pero no pasa un sólo día en que no desee que el sol me dé en el centro de la cabeza para que ella me diga "¡ponete a la sombra, querés!".
Ay, Virginia... tan loca y tan linda.
Interminables son mis lágrimas y mi amor hacia vos.

1 comentario:

Daria dijo...

Y sí, las abuelas y los abuelos son seres taaaan lindos!
Hasta hace poco, pensé que eran buenos y malcriadores de nietos casi por definición. Pero se ve que yo tuve suerte, me he encontrado con muchos nietos disconformes!