jueves, 3 de junio de 2010

Basurera

Lo recuerdo como si fuera ayer, porque en realidad sucede todos los días.
Me parece estar viéndola: pijama ochentoso, pantuflas peludas, parada en el borde de su umbral. Algo torpe, algo desabrida, se dispone a cumplir con su actividad física espontánea del día (posiblemente, la única): con el brazo derecho tieso y una leve inclinación hacia adelante, arroja su bolsa de basura en diagonal, hacia el cantero que compartimos y que, en el borde que da al empedrado, oficia de depósito de residuos con los siguientes requisitos:
a. Sólo el borde del cantero, no todo;
b. Sólo a partir de las 20 hs., no antes.
No obstante, estas dos condiciones parecen no importarle a ella, que fuera de hora y sin tener en cuenta mis esfuerzos botánicos por cultivar plantas en la mitad no contaminada, tira sus porquerías sin culpa. Eso ocasiona, por ejemplo, que los pañales de su nena queden esparcidos por la calle, que tengamos que ver bolsas desde el sábado a la tarde hasta el domingo a la noche, o que yo me vea obligada a sugerir a los gritos, en su puerta, quién fue la maleducada que instaló su basura sobre las plantas.
Detesto a la gente sucia full time, pero mucho, mucho más, odio a la que es limpia de la puerta para adentro. Condensan lo peor de la convivencia urbana.

2 comentarios:

demasiadolistas dijo...

Sinceramente...merece que le dejes una bolsa de caca esparcida por su puerta...irrespestuosa...tal cual: lo peor de la convivencia urbana!
(M)

carlos dijo...

laura pienso lo mismo que vos besos